Congelar óvulos: la desigualdad en la búsqueda de la igualdad

La sociedad lleva décadas diciendo que las mujeres existimos para ser mamás y que, por ende, las labores del cuidado recaen en nosotras porque es un “instinto”. Sólo desde hace algunos años hemos venido hablando públicamente de que la maternidad es una decisión y de que cada mujer tiene la autonomía y la libertad absoluta de decidir si quiere o no serlo, independientemente de lo que ha definido la sociedad que debe ser y de lo que opinen las personas a su alrededor.

Hace poco estuve en el matrimonio de una amiga y me sorprendió la cantidad de veces que los invitados la cuestionaron sobre cuándo sería mamá. No entiendo por qué me sorprende, pues es el rol que ha sido establecido para la mujer dentro de la sociedad patriarcal en la que vivimos. Muchos me dirán que ya no es así, pero la realidad es otra.

De hecho, es una pregunta que deberíamos dejar de hacer, sobre todo cuando desconocemos las luchas internas que pueda estar teniendo la persona interrogada; no sabemos si quiere ser mamá, si lo ha estado intentando y no ha podido, si ha tenido alguna pérdida, si tiene alguna enfermedad que le impide hacerlo, si es estéril, si tienen algún trauma, etc. Son tantos los escenarios posibles, que aprovecho esta columna para hacerles la invitación a dejar de hacer esta pregunta, así ese no sea el tema principal del que escribo hoy.

¿Qué pasa cuando una mujer no está segura de ser o no mamá, o cree que el momento actual de su vida no es el adecuado pero lo contemplaría en un momento futuro? Tenemos posibilidades y hoy quiero hablarles sobre algo que me ha estado rondando la cabeza y que las mujeres deberíamos conocer más en detalle.

¿De qué hablamos cuándo hablamos de congelar óvulos?

El congelamiento de óvulos -también denominado criopreservación- es un proceso mediante el cual se preservan óvulos no fecundados (aquellos no fertilizados por espermatozoides) para su uso futuro, como estrategia para preservar la fertilidad. Así, en el momento en que quiera realizarse la fecundación in vitro, los óvulos son descongelados y fecundados en el laboratorio para producir embriones, los cuales posteriormente serían introducidos en el útero de la mujer.

Una vez los análisis médicos confirmen la elegibilidad de la paciente, el proceso comienza con un tratamiento de estimulación hormonal para recuperar los óvulos en grupos o ‘cohortes’. Con un tratamiento bueno se pueden recuperar entre 15 y 20 óvulos (un ciclo menstrual natural destina entre 20 y 50 para la ovulación); este número depende de la edad y de la reserva ovárica de la mujer. En mujeres de más de 35 años, el tratamiento suele resultar en 6 y 10 óvulos preservados. Afortunadamente, la técnica de congelamiento de óvulos aplicada en la actualidad, denominada vitrificación, tiene una tasa de supervivencia de óvulos de aproximadamente 90%. Una vez congelados, los óvulos se preservan de manera indefinida, sin alterar su calidad.

Suena maravilloso pensar que las mujeres tenemos opciones para decidir cómo y en qué momento ser mamás. En mí caso, desde hace mucho tengo claro que quiero ser mamá y que no quería serlo antes de los 35 años. Hoy mi prioridad es mi crecimiento personal y espiritual y mi carrera profesional. Por más egoísta que suena, siento que estoy en un momento donde yo soy mi prioridad. Pero esta no es la realidad para la mayoría de las mujeres en el mundo, si bien este procedimiento ha tomado fuerza en los últimos años, sigue siendo un procedimiento al que sólo pueden acceder mujeres privilegiadas con recursos económicos. Es decir, un porcentaje mínimo.  

Para que se hagan una idea de qué les hablo, en Estados Unidos el costo promedio por procedimiento para congelar los óvulos está alrededor de los $10,000 dólares. En México está alrededor de los $100,000 a 150,000 pesos y en Colombia, sólo el procedimiento de extracción puede oscilar entre los 10 y 20 millones de pesos. Es decir, esto equivaldría a 11 y 22 veces el ingreso total por hogar del 50% de la población más pobre del país.

Suena paradójico pensar que un procedimiento que nos está permitiendo decidir a las mujeres por nosotras mismas cuándo y cómo queremos ser madres, sea también una demostración clara de la desigualdad tan profunda que vivimos en nuestra sociedad. Tenemos que seguir trabajando para concientizar esta problemática y buscar soluciones en pro de la equidad de una forma más asequible para todas en esta lucha de reconocimiento hacia nuestras libertades.

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