Llamarse feminista no es suficiente para ser un aliado

Creo que uno de los errores más grandes que cometemos las feministas es limitarnos al círculo feminista y pensar que esto es suficiente para generar cambios. Estoy convencida que es absolutamente necesario incluir a los hombres en las conversaciones y, más importante, en las soluciones. De hecho, creo que las mujeres tenemos mucho que decir sobre la ayuda que necesitamos de los hombres en romper los obstáculos del patriarcado. 

Hay algunas cosas que me han pasado recientemente que me han demostrado el valor de tener hombres que nos ayuden a llevar el mensaje. Por ejemplo, para el día de la mujer, en un chat de 80% hombres y 20% mujeres, los primeros mensajes llegaron llenos de flores y felicitaciones a las guerreras del grupo. Solo fue cuando un hombre del chat mencionó que tomaran la oportunidad para reconocer a las mujeres de ese grupo y no necesariamente felicitarlas, fue cuando el chat tomó otro rumbo. 

¿Cuál es el rollo de TENER que involucrar a los hombres si al final esto es feminismo? Siendo bien honestas, cuando una mujer es la que hace visibiliza/hace caer en cuenta de un micromachismo, comportamiento sexista o un comportamiento inadecuado, esta mujer automáticamente se vuelve la loca feminista – “ya volvió con su tema”, “donde no las ve se las imagina”, “ya no se puede decir nada”. Para las personas que somos bien acérrimas no pararemos de decirlo, pero esto también puede tener implicaciones sociales y laborales. 

Sin embargo cuando un hombre – con por lo menos una mínima apariencia de interés en equidad – confronta un bias o sexismo, los hombres que están observando son más propensos a ser influenciados por su comportamiento. Sobre todo, si ese hombre es alguien que admiran o respetan. Los mensajes no son sólo del contenido sino de la persona que lo está transmitiendo. Además las personas temen ser las únicas que piensan diferente de un grupo. Ser el único hombre que confronta a otros no es muy común. Pero si logramos que más hombres hablen, el mensaje se va a reproducir más rápido. 

Así mismo, no podemos ignorar que el patriarcado también afecta a los hombres. Si ellos no son conscientes de esa realidad, tampoco van a ver los beneficios de generar un cambio. 

El tema es que solo con menos del 50% de la población – teniendo en cuenta que no todas las mujeres son feministas – a bordo del discurso, no va a ser suficiente para poder desmantelar el patriarcado. Necesitamos de los hombres que no se han dado cuenta de sus comportamientos, así como de los hombres que consideran ser aliados. Y así como crezca el número, debemos poder encaminar los esfuerzos de esos aliados para que sus acciones hagan la diferencia. A nuestros amigos aliados les decimos gracias pero no es suficiente llamarse feministas para generar un cambio.

Hoy en día muchos hombres apoyan la equidad de género, y gran parte considera que está contribuyendo a la causa. Mientras el 77% de los hombres cree que están haciendo todo lo que pueden, solo el 41% de las mujeres está de acuerdo con la afirmación. Mucho bla bla bla, y nada de paleta.

Ahora, ¿en qué nos pueden ayudar?

El primer paso es ser consciente de sus privilegios y convertirse en un aliado interpersonal; y con esto me refiero a apoyar a las mujeres en el ámbito de una relación personal. Por ejemplo, creerle cuando habla de acoso, violencia sexual, tratos diferenciales en su trabajo. También en dar consejos sabios, en oír y aceptar el machismo que cada persona lleva consigo, en educarse sobre feminismo. Y siempre pregunta y cuestiónate lo que es útil para las mujeres, no asumas a partir de lo que es útil para ti. 

Pero los aliados reales no son héroes por llamarse feministas. Ellos trabajan por un cambio sistémico. Por esto, también deben ser aliados públicos – deben ser vocales sobre el sexismo y machismo de sus pares. La confrontación activa de otros hombres sobre el sexismo, sesgos, y acoso es probablemente la parte más difícil de ser un aliado del feminismo. Y no por esto están excusados de no hacerlo. 

Tenemos que dejar de disfrazar las prácticas machistas como opiniones. Los comentarios en los chats, las fotos de mujeres en bola, son solo la punta del iceberg. Una práctica muy común son los chistes sexistas, que muchos dicen “inofensivos” y otros hombres se sienten bien diciendo “no lo digas porque marianita está aquí”. No censures un chiste o comentario machista bajo la razón de que hay una mujer en la sala. El mensaje que están enviando es que el problema no es el chiste, sino que haya mujeres presentes. 

Si bien nuestra responsabilidad como feministas no es educar a todos los hombres, tener hombres que guíen a otros hombres en el discurso feminista y en las acciones que toman, nos puede ayudar a que la causa puede tomar más fuerza para atacar el patriarcado. 

Para terminar, quisiera darles a los hombres aliados dos consejos finales para apoyar el feminismo: Asegúrense que las mujeres a su alrededor son oídas, especialmente en reuniones. Darles la posibilidad de hablar, de compartir sus opiniones y devolver el espacio cuando alguien las interrumpe. Entiendan donde tienen influencia para ayudar a las mujeres. Sobretodo, asegúrense también de respaldar sus mensajes con acciones y no volverse ‘feministas impostores’.

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