#8M 2021: ¡Primero las mujeres, luego las paredes!

El año pasado escribí una columna sobre la falta de sensibilidad, la mínima empatía y la casi nula acción del gobierno mexicano, en cabeza de AMLO, frente a la situación de las mujeres en México. Así como el poco optimismo que tenía frente a las medidas que podían tomar para proteger a las mujeres durante la pandemia y alivianar el impacto de esta crisis. Hoy creo que fui muy laxa con lo que escribí en ese momento.

Hace 2 días, fue el #8M, donde se conmemoró el Día Internacional de la Mujer pero un muro, con todo lo negativo que éste puede simbolizar, alrededor del Palacio Nacional se apoderó de las conversaciones desde finales de la semana pasada. Esta vez el gobierno quería “proteger y evitar provocaciones”, sin mencionar el despliegue de policías que hubo en el Centro Histórico. Ojalá hubiese una respuesta tan rápida y efectiva del gobierno ante la situación desgarradora que vivimos las mujeres en México.

¿Pero qué simboliza esto? Un muro excluye, nos divide, no nos permite ver más allá, nos aleja de la realidad que sucede justo detrás del muro. Y pareciera que eso es justamente lo que ha hecho AMLO y su gobierno con la violencia contra las mujeres en el país. De hecho, una vez más, repitió el mismo argumento cuando recibe críticas sobre este tema y es que se trata de una campaña política de desprestigio y que él no es machista. Aquí apartes de sus declaraciones: “Con motivo del nuevo aniversario del día de las mujeres, se ha desatado toda una campaña de desprestigio en contra del Gobierno y de mi persona”, o que la derecha está muy ofuscada y se vuelven feministas con el propósito de atacar al gobierno.

Es imposible creer en esto cuando las mujeres vemos a diario el poco interés que hay desde el gobierno en escuchar a las mujeres y/o sus propuestas para eliminar la violencia desde lo estatal y desde la social, en generar políticas públicas, en tomar medidas efectivas, en capacitar a funcionarios públicos, entre otros, para mostrar intenciones reales de que la situación cambie. Es imposible creer en esto cuando la mayoría de los feminicidios se pasan como “homicidios dolosos”. Es difícil creer en esto cuando se recorta el presupuesto de los programas públicos con foco en la mujer.  Es difícil creer en esto cuando el presidente ha defendido públicamente y busca a toda costa colocar a Félix Salgado Macedonio, de su partido Morena, en la gobernación de Guerrero, aunque tiene varias denuncias por violación. Es difícil creer esto cuando el presidente al hablar de feminismo menciona a tres dictadores y hace alusión al nazismo o al fascismo en un mismo discurso. Es difícil creer esto cuando el presidente aprovecha cada una de sus intervenciones sobre la situación de las mujeres en el país para hacer política y atacar a sus contradictores. En otras palabras, hoy en día es difícil no creer que AMLO es la representación del típico machito que dice apoyar el feminismo, de dientes para afuera.

Pero como siempre, llegan las feministas mexicanas a resignificar y a mostrarnos el poder de la protesta social y del trabajo colectivo. Desde el domingo el muro que levantó el gobierno fue intervenido con los nombres de las víctimas de feminicidios en México y con mensajes feministas. Muchas lo llamaron “Muro de la memoria” y lo acompañaron con la proyección sobre el Palacio Nacional de frases como “México feminicida, “Un violador no será gobernador” y “Aborto legal ya”. Un símbolo poderosísimo para un país donde las cifras muestran que los feminicidios ascienden a 10 por día, de acuerdo con cifras oficiales, y donde la impunidad en casos de violencia sexual es casi del 100%.

Foto: Andrea Murcia, Cuarto Seguro

Y es en esta lucha donde nos encontramos con un grupo, el bloque negro, quienes se encargan de hacer acción directa e intervenir el espacio público. Normalmente lo hacen a través de pinturas, posters en las paredes, intervenciones en monumentos y/o rompiendo vidrios de mobiliario público y privado. Señalan que la intervención a los monumentos busca crear un nuevo significado para estos que esté enfocado en la emergencia nacional que viven las mujeres y que tanto gobierno como población civil ignora.  

Y justamente el daño a mobiliarios públicos, edificios gubernamentales y, en algunos casos, propiedad privada, busca reclamar la falta de atención y de visibilización que tiene dicha situación. “Por un lado, es reclamarles a los gobiernos que no se nos olvida que no están haciendo su trabajo y que nos deben mucho, nos deben la vida de muchas”. Dijo en una entrevista una mujer que hace parte del bloque negro. Para ellas, “Aunque después limpien, no importa, porque alguien le tomará una foto, alguien lo mirará y todo eso circulará por las redes, en los medios de comunicación de todo el mundo. Y ese es el punto, hacer mucho ruido, pintar todo lo que se pueda pintar con tal de que la gente dimensione la gravedad de la situación”. Estas acciones son el producto de la tristeza, la rabia y la indignación acumulada ante un gobierno que no escucha e ignora y que ha llevado a las mujeres a buscar otro tipo de formas para exigir justicia, hacerse escuchar y, pedir lo mínimo, y es que pare la violencia contra las mujeres mientras las cifras siguen aumentando.

A muchos, desde el privilegio, les incomoda este tipo de manifestación y aseguran que “no es la forma” o que son “actos violentos”. Sin embargo, vale la pena cuestionarse cómo nos puede parecer gravísimo, digno de alocuciones presidenciales, de primeras planas en periódicos, primera noticia en los noticieros de televisión y en los programas de radio, de críticas en algunos círculos sociales la afectación a algunos edificios y algunos vidrios y cómo nos puede parecer normal vivir con la muerte de 10 mujeres al día, la violación constante a los derechos de las mujeres o la impunidad casi absoluta con las denuncias de violencia sexual. Nos dice mucho cómo sociedad sobre cuáles son nuestras prioridades y nos muestra el poco contexto que tenemos de la magnitud de la situación de las mujeres en un país como México.

Las mujeres estamos cansadas de la normalización de la violencia hacia nosotras, de los oídos sordos de los gobernantes, de la falta de políticas públicas con perspectiva de género, de la revictimización de las víctimas, de las miradas esquivas de la sociedad. El movimiento feminista en México me ha enseñado muchísimo del espíritu y el ímpetu que hay detrás. La pandemia en vez de debitarlo, lo ha fortalecido. Ha hecho más visible que nunca la legitimidad de sus causas. Le ha permitido ser más creativo. Encontrar las formas. Este es un país donde la diversidad en el activismo, la vivencia del feminismo y las formas de lucha son evidentes. Edades, clases sociales, identidades de género, razas, contextos. Todo confluye allí, en el feminismo.

Un movimiento transgresor, crítico y sin jerarquías que ha permitido que miles de mujeres en el país puedan unirse, desde donde mejor encuentren su lugar de lucha. Las que salen a protestar con pañuelos morados y verdes y sus carteles, las que salen vestidas de negro a rayar paredes y romper vidrios, las mujeres rurales que protestan por la desaparición y asesinato de alguna niña o mujer de su comunidad, las madres de víctimas de feminicidios que luchan por encontrar justicia, la mujer que resiste a diario desde casa y en su trabajo, entre muchas otras formas. Todas son muestra de ello. Más que nunca deberíamos entender que ¡primero las mujeres, luego las paredes!

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