¿Las organizaciones se toman en serio los casos de abuso y acoso sexual?

¿Las organizaciones están realmente preparadas para manejar los casos de acoso y abuso sexual que ocurren en sus equipos? Esta pregunta me surgió genuinamente después de que tuve que enfrentarme a uno de estos casos. Me di cuenta de que yo, mujer, feminista y con una consciencia de género evidente no tenía las herramientas necesarias para manejarlo dentro de las organizaciones que lidero. Tuve que investigar bastante para descifrar cuál era la mejor forma para estructurar unas políticas para el manejo de acoso y abuso sexual, a nivel organizacional, que fueran garantía para la víctima y que entregaran un debido proceso al victimario.

Quiero reflexionar sobre esto porque al comienzo me sentí pésimo conociendo de primera mano que las situaciones de abuso y acoso se presentan en los diferentes ámbitos de la vida y de no haber previsto que algo así podría pasarme a mí o a alguna persona de mi equipo. Me sentí pésimo al olvidar, desde una posición de liderazgo organizacional, que vivimos en una sociedad donde la cultura de la violación es pan de cada día, donde ponemos en duda la voz de las víctimas, donde las revictimizamos y donde hacemos todo más fácil para el victimario. 

Cuando la denuncia llegó a mí, lo primero que hice fue escuchar a la víctima e intentar garantizar que se sintiera segura y confiada que contaba con todo nuestro apoyo como organización, además, de mi apoyo personal, y busqué la forma de brindarle herramientas que la ayudaran a vivir este proceso tan doloroso y traumático, pero en el siguiente paso me surgieron varias preguntas: ¿cuál iba a ser el conducto y la forma de manejarlo internamente desde el ámbito organizacional? ¿cómo podía garantizar un acompañamiento adecuado para la víctima? ¿cómo podía garantizar un espacio seguro para ella mientras construía las políticas y se realizaba el proceso? ¿cómo debía garantizar el debido proceso al victimario? ¿cómo se debía comunicar su salida al resto del equipo? No tenía la respuesta para ninguna de las anteriores.

Indagué con diversas fuentes para entender cómo debería ser el proceso y qué deberían incluir las políticas de manejo de casos de acoso y/o abuso sexual que quería hacer e implementar desde esta situación. Dentro de esas fuentes no solo estuvieron conocidas feministas, indagué con otras organizaciones para entender qué protocolos tenían y cómo manejaban estos casos. Mi sorpresa fue mayor cuando me encontré que muchísimas organizaciones no cuentan con una política real para el manejo de este tipo de casos. Cuando hablo de real, me refiere a que en muchos casos le ponen el título de acoso o abuso sexual a los mismos protocolos que tienen para manejar otros casos internos o simplemente crearon una política, pero nunca la han utilizado ni se han preocupado por saber si ha sucedido alguno de estos casos internamente. Para algunas organizaciones, esta fue una simple respuesta a las regulaciones que empezó a exigir el Estado y no un deseo genuino de que no se presentaran estos casos. 

No es secreto para nadie que los casos de acoso y/o abuso sexual en el ámbito laboral son más comunes de lo que podríamos imaginar. Estoy segura de que muchas de las mujeres que leerán esta columna podrán identificar que alguna vez han sido víctimas. Desde al lado organizacional tenemos una deuda grandísima pues llevamos años mirando para otra parte, protegiendo a los acosadores y abusadores y promoviendo espacios donde las víctimas no pueden hablar ni denunciar. Ha importado más cuidar la reputación que tomar acciones reales de prevención, de reparación y de justicia. La permanente negación y ocultación han llevado a que mantengamos un entorno que le facilita la vida a los victimarios y que deja completamente desprotegidas a las víctimas. 

La invitación que quiero hacer hoy es a que averigüemos si las organizaciones de las que hacemos parte cuentan con políticas claras de prevención y de manejo de casos de acoso y/o abuso sexual, preguntemos cómo elaboraron esas políticas, quién los asesoró, cuántos casos se han presentado, si han disminuido y, lo más importante, qué están haciendo para prevenirlos. Si usted está en una posición de liderazgo, hágalo pero no solo indague, asegúrese que las políticas de prevención y manejo existen, son las adecuadas y se aplican correctamente. Una de nuestras responsabilidades como líderes es garantizar que nuestros equipos estén bien y cuenten con un ambiente y entorno seguro para desarrollarse profesional y personalmente. ¡Jamás la reputación de la organización o de x persona será más importante!

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