#DomingoDeInvitadas – Del racismo en Colombia y por qué solo vemos la punta del iceberg

Por Carolina Rodriguez Mayo

Ilustración de Las 2 Orillas

Estamos en un momento coyuntural de la historia negra, algunos han comparado las protestas y manifestaciones actuales a los tumultuosos tiempos que tuvieron lugar después del asesinato de Martin Luther King, y no es para menos. Las personas negras, afrodescendientes y racializadas que viven en Estados Unidos se sienten abandonadas y asustadas después de ver cómo el abuso de fuerza de un policía en Minesota terminó en la muerte de  George Floyd. Las personas negras y afro-estadounidenses consideran inaceptable el trato que reciben de la policía de su país, puesto que ha terminado en el asesinato y el maltrato de centenares de personas negras, afrodecendientes y racializadas. Sus gritos los hemos escuchado, hemos visto sus edificios en llamas e incluso hemos usado su famoso hashtag #Blacklivesmatter. No obstante, la pregunta por el racismo en Colombia está lejos de formularse, menos de encararse, lo cual me inspiro a escribir esta columna para abrir la caja de Pandora del racismo colombiano que muchos siguen categorizando de inexistente. 

El problema con el racismo en nuestro país inicia porque lo entendemos en términos antiquísimos, lo señalamos únicamente como algún fenómeno de la época de la segregación y nuestro imaginario ahí se queda; es decir, se insiste en una idea de racismo que rechaza al otro por su color de piel y que es violentado por esta razón. Cuando pensamos en racismo nos remitimos a situaciones extremas como las que tuvo que pasar Rosa Parks o Mandela y ya está. Sin embargo, cuando se trata de racismo y sus manifestaciones el paisaje no es tan simple. Desde el lenguaje, pasando por la invisibilización, la falta de representatividad, hasta llegar a la violencia institucional son factores que fortalecen el racismo y lo matizan, estos persisten en el territorio nacional. 

El asesinato de George Floyd resultó ser el catalizador de preguntas que son necesarias. Es cierto que la relación con la raza y la etnicidad funcionan de manera distinta en Colombia, incluso me atrevería a afirmar que de forma más compleja también, pues el mestizaje trajo consigo dinámicas más diversas que parten desde nuestros fenotipos hasta nuestros productos culturales. Somos, como latinos, sincretistas por excelencia; no obstante, ese pensar que somos un sancocho de todos con todos y todos somos los mismos, ha impedido que hablamos sobre negritud con todas las letras y ha terminado por crear una honda negación sobre el racismo y la discriminación que sufren millares de colombianos. 

Es esencial remitirnos a un caso como el de Segundo Martín Girón Zambrano líder social de Tumaco, asesinado este año. El caso de Segundo llama la atención, porque mientras él es tipificado como un líder social por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, las noticias que reportaron su muerte lo tipifican como un campesino, un expresidiario que murió en un disturbio con la policía. Las fuentes locales, en cambio, dibujan un panorama más amplio y aseguran que hubo procesos que no se siguieron a cabalidad por parte de la fuerza pública lo que resultó en su muerte e implican un posible abuso de poder. ¿Cómo podríamos clarificar las circunstancias que llevaron a su muerte?

La situación en Estados Unidos nos permite admitir una cosa: ellos conocen el monstruo al que se enfrentan, en cambio nosotros solo hemos visto la punta del iceberg. Mediáticos como somos nos alteramos al ver que alguien dijo que Chocó era un desperdicio, que allá no valía la pena invertir, pero ¿hemos seguido el caso?, ¿quién invierte en el Pacífico colombiano? 

Mediáticos como somos condenamos los inapropiados tweets de la campeona colombiana de apnea Sofía Gómez y criticamos con fervor el desatino por el que pasó la revista Fucsia con su portada del Petronio Álvarez y sí, todos los anteriores ejemplos son notorios casos de racismo. No obstante, no reaccionamos como deberíamos ante la muerte de los cinco líderes sociales afrodescendientes que llevamos solo en el año 2020. Tampoco reaccionamos frente a relaciones más sencillas como, por ejemplo, preguntarnos si nuestro lugar de trabajo tiene cuota de minorías étnicas, o bien, si el colegio o universidad a la que asisten nuestros familiares cuenta con estudiantes negros o afrodescendientes. En Bogotá, desde mi experiencia personal, el racismo es ese elefante en la habitación del que nadie quiere hablar, en especial cuando hay una persona negra cerca. 

El objetivo principal de esta columna es que convivamos con la idea de que el racismo camina también en nuestras ciudades, remitirnos al mapa ya nos dice mucho, pues Chocó es la región con mayor desigualdad del país y el mayor índice de pobreza monetaria 62,8 según la Defensoría del Pueblo y es también una de las regiones con mayor población negra y afrodescendiente, ¿siguen pensando que esto no está ligado a la raza y la identidad étnica? 

Podemos, para empezar, admitir que hemos estado viendo solo una parte del problema.  Reconocer que hay un iceberg a la vista salvará a este Titanic. Tomemos el ejemplo de Estados Unidos, ya que una porción significativa de su población está reconociendo que el racismo está ahí y que tienen que atacarlo desde la raíz. Empieza por escuchar e informarte, antes de saltar a conclusiones sobre discusiones raciales o étnicas, escucha a las personas hacen parte de comunidades racializadas; de manera que amplíes tu perspectiva y entiendas sus posiciones. Expande tu programa cultural, ¿cuándo fue la última vez que leíste un libro escrito por un afrodescendiente?, o mejor aún ¿cuándo fue la última vez que leíste un libro escrito por una afrocolombiana? No olvidemos que las mujeres racializadas son víctimas de violencia por partida doble, pues son violentadas tanto por su condición de género como su etnicidad. 

¡Exige! Si ves que en tus espacios laborales, académicos o sociales no hay personas negras o afro, primero pregúntate por qué y luego habla sobre esos indicadores con tus amigos, familiares, jefes, o compañeros, porque seguro algo está pasando en tu entorno para que ese sea el caso.      No olvidemos que Colombia es uno de los países con mayor cantidad de comunidades negras y afrodescendientes de Latinoamérica, así que si no están ni en tu feed ni en las calles que recorres debes indagar qué está pasando.  

La cuarentena puede ser la oportunidad perfecta para conocer proyectos como Azabache, Afrofeminas, Cimarrón Producciones, RadioAbsurda o Colectivo Wiwas y abrir nuestro espectro de consumo cultural, también pueden apoyar a través de estas redes humanas a personas negras y afrocolombianas en situación de vulnerabilidad como consecuencia de la contingencia sanitaria. 

Para terminar quiero que traigamos a nuestra memoria el caso de George Floyd esta vez no como catalizador, sino más bien como combustible para entender mejor lo que significa la negritud y sobre lo relevante que es iniciar conversaciones alrededor de quienes somos desde nuestra identidad étnica. 

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