Las damas del Ajedrez

Por Sergio Alejandro Gómez.

El ajedrez es mucho más que un juego de mesa. Su práctica pensada inicialmente como entrenamiento estratégico y militar para ganar las batallas entre pueblos ancestrales ha ido evolucionado hasta convertirse hoy en día en una de las disciplinas más practicadas en el mundo. Los millones de jugadores anónimos originarios de todos los continentes han hecho que un tablero de 64 casillas con 32 piezas sea un lenguaje universal que, si bien no distingue culturas, edades, razas o nacionalidades, aún continúa forjando entornos discriminatorios hacia las mujeres.

Ha sido evidente la presencia del machismo en los círculos profesionales y amateurs del “deporte ciencia”. Las mujeres han sido objeto de rechazo, palabras ofensivas y discriminación alimentada por los comportamientos reprobables de grandes campeones nacionales y mundiales. No solo en medio de la paranoia del mítico Bobby Fisher (1972-1975) se denigró a la mujer, el excampeón mundial soviético Gary Kasparov (1985-1993) alardeaba que podía vencer a cualquier mujer con un caballo de menos. Así mismo, mostraba su aparente imbatibilidad describiendo a Judith Polgár, la -por ahora- mejor jugadora de todos los tiempos, con estas palabras: “tiene un fantástico talento, pero, después de todo, es una mujer”.

En la batalla en la que dos bandos se enfrentan por la captura del rey contrario, es innegable que el buen cálculo, la anticipación, la resistencia física y mental –muchas veces afectada por varias partidas consecutivas o el nivel de presión que se maneja-, la capacidad intelectual, la concentración, “el talento” y el esfuerzo en el estudio de la teoría son claves para ganar las partidas; pero, ¿acaso todos estos factores están más desarrollados por los hombres?, ¿el sexo femenino realmente puede considerarse inferior en este juego?

Resulta innegable que los únicos 20 campeones mundiales absolutos de ajedrez han sido hombres. Así mismo, las mujeres no han llegado a disputar finales del mundo y tampoco han tenido figuración consecutiva en el top 10, siendo Judith Polgár la única mujer en la historia en entrar a este selecto listado. Pero, a pesar de la contundencia de estos datos, estos por si solos no hablan de una superioridad intelectual de hombres sobre mujeres. Mucho menos justifica los comentarios machistas de muchos campeones o personalidades del ajedrez contra ellas y no son consecuencia de defectos físicos y psicológicos. La distancia entre cada género en el rendimiento del deporte está influenciada en gran parte por las condiciones exógenas del tablero. Un estudio hecho por la profesora de la Universidad de Barcelona, María Cubel, determinó que las probabilidades de éxito en una partida para las mujeres disminuyen en la medida en que estas saben que están jugando contra oponentes masculinos. Tanto es así que cuando un hombre y una mujer con las mismas habilidades o puntaje ELO se enfrentan entre sí, la mujer solo tiene una probabilidad de ganar del 46%. En cambio, como pasa en torneos y partidas relámpagos y virtuales en que no se conoce el sexo del contrincante, los porcentajes se igualan en un 50% entre géneros dando en muchos casos el saldo favorable hacia las mujeres.

En un juego en el que por cada 14 practicantes hombres hay una jugadora, la presión y estigmatización resulta ser avasalladora. Es así como en el ajedrez tiene cabida la teoría del stereotype threat. Esta plantea que cuando un colectivo sufre un estereotipo negativo, la ansiedad experimentada para evitarlo o simplemente el hecho de saber que existe ese estereotipo reduce las capacidades intelectuales y aumenta las posibilidades de revalidar el mismo. Mirándolo en términos prácticos, cuando una mujer con unas capacidades destacadas en el deporte ciencia llega a una sala abarrotada de hombres, instantáneamente se convierte en el centro de atención.

Con estos y más factores en su contra, la historia del ajedrez ha tenido varios capítulos dorados y oscuros protagonizados por mujeres excepcionales. El caso más conocido es el de las hermanas Polgár: Susan, Sofía y Judith. Desde muy temprana edad, su padre, el pedagogo y profesor de ajedrez húngaro László Polgár, organizó para ellas un programa educativo innovador en casa donde el aprendizaje de idiomas y el ajedrez eran los focos centrales de su proceso de enseñanza.

Susan Polgár (1996-1999) fue Gran Maestra Internacional (GM) a los 23 años y ganadora del título mundial femenino en 1996. Ella al igual que sus dos hermanas menores rechazaban la idea de jugar exclusivamente torneos femeninos, pero, por representar a su país de origen o por presiones políticas tuvieron que competir –o hasta no competir- representando a Hungría. En 1985, la Federación Húngara de Ajedrez no le permitió viajar a jugar torneos en el extranjero por su negativa a jugar exclusivamente torneos femeninos. Este hecho fue crucial para su carrera ya que la privó de la posibilidad de participar en el Campeonato Mundial Absoluto de Ajedrez al que había logrado clasificarse meses antes.

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Foto de El Mundo

Por su parte, Judit Polgár obtuvo victorias sobre casi todos los campeones mundiales de finales de siglo. No solo fue el renombrado éxito contra Kasparov en el 2002, también derrotó al soviético Anatoli Kárpov (1975-1985) y a Boris Spassky (1969-1972) en un duelo a 10 partidas hecho en Hastings (Inglaterra) durante 1992. Al igual que a sus dos hermanas, el gobierno comunista de Hungría la obligó a participar en la Olimpiada de Ajedrez de 1988 en Salónica (Grecia). Allí fue la vencedora absoluta con 12 triunfos y un solo empate.

Tal como las hermanas Polgár, otras campeonas mundiales femeninas como Vera Menchik (1927-1941) o la georgiana Maia Chiburdanidze (1962-1978) se rehusaron a jugar solamente campeonatos femeninos. Su talento y trabajo les permitió competir en los torneos absolutos, crear escuelas de formación en ajedrez y fomentar el ejercicio profesional y aficionado de este deporte en sus países de origen.

Por su parte, la ajedrecista ucraniana Anna Muzychuk, además de su destacada carrera, ha sido una acérrima activista por la igualdad de la mujer en este deporte. Tanto así que prefirió perder sus dos títulos consecutivos de Campeona del Mundo de Ajedrez Rápido y Relámpago por negarse a jugar un campeonato en Arabia Saudita en el 2017. Según el comunicado público hecho en su Facebook, ella aduce que no quiere ser considerada una “criatura de segunda”. Esto lo expresa en referencia al trato denigrante que reciben las mujeres en ese país y las reglas impuestas en el torneo, tales como exigir a todas las competidoras vestir el yihab sin importar la religión o país de procedencia y el acompañamiento obligatorio de hombres cada vez que alguna de ellas vaya a salir a la calle.

Estos hacen parte de los constantes episodios de machismo y discriminación que sufre el ajedrez femenino hoy en día. Los torneos masculinos tienen premios 10 veces mayores que los torneos exclusivamente femeninos. Así mismo, la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) otorga los títulos de Gran Maestro Absoluto (GM) a los jugadores que alcanzan cierto nivel de excelencia, mientras que a las mujeres se les otorga el título de Gran Maestra Femenina (WGM), una antesala y mención significativamente menor al título de Gran Maestro Absoluto otorgado a los hombres y que, en términos prácticos, ha sido esquivo para las mujeres.

Ese machismo ha estado aún más influenciado por las altas esferas políticas y las presiones gubernamentales hacia las jugadoras de Ajedrez, las cuales además de ser obligadas a participar en los torneos, han recibido tratos denigrantes. Durante una sesión del parlamento de la Unión Europea en marzo de 2017, el eurodiputado polaco de extrema derecha Janusz Korwin, declaró en plena sesión “¿Sabe usted cuántas mujeres hay en los primeros cien jugadores de ajedrez? Se lo diré: ninguna. Por supuesto que las mujeres deben ganar menos que los hombres porque son más débiles, más pequeñas, menos inteligentes”.

En la actualidad, la china Hou Yifan, es considerada la mejor jugadora de ajedrez femenino. Campeona cuatro veces del mundial femenino, con 14 años y 7 meses ostenta la marca de ser la mujer más joven en la historia en ganar el título de Gran Maestro (GM). Ella, reiteradamente ha señalado que: “aunque ahora hay más participantes femeninas que hace décadas, todavía hay margen para animar a más chicas a que empiecen a jugar al ajedrez y competir”. Así mismo, para Hou resulta fundamental que se habrán más oportunidades para que compitan jugadoras profesionales y que más niñas desde temprana edad sean animadas a jugar los torneos mixtos. Es evidente que ha aumentado la participación femenina en esta área deportiva, pero hoy en día no se han condenado disciplinaria o socialmente las conductas y afirmaciones machistas hechas por personajes como estos, que invisibilizan la dedicación, entrenamiento, talento, pasión y resistencia de las mujeres que practican el deporte ciencia.

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Foto de Chess24

Nada justifica los maltratos y las discriminaciones hacia las mujeres en el ajedrez, aquel símbolo milenario de sabiduría y nobleza que ha trascendido lo deportivo y territorial. La valentía y habilidad de muchas de ellas sobre los imperantes entornos machistas han registrado capítulos destacables en la historia no solo de este deporte, sino todos los ámbitos sociales que nos siguen demostrando su valentía e inteligencia. Ellas se han constituido en el recorrido de los siglos en las reinas del tablero y del campo de batalla. Reinas como Isabel de Castilla (1461- 1504), Isabel I de Inglaterra (1533-1603) y Catalina la Grande de Rusia (1729 – 1796) jugaban este arte. Estas fueron las sucesoras occidentales de emperatrices árabes que en tiempos milenarios conocían grandes secretos del juego más enigmático del mundo. Su legado está presente e invito a todos los incrédulos que se resisten a creer en el poder que tienen las mujeres a que observen su tablero y vociferen a los cuatro vientos cual es la pieza más poderosa de todo el “reino”.

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