Cómo ser un hombre en el Día de la Mujer (y siempre)

Lo hemos dicho en años pasados y cada vez lo decimos con más fuerza: no queremos flores y chocolates. Al decirlo no estamos siendo ingratas, de hecho, hay momentos en los que estos detalles nos vienen muy bien hasta a las más fervorosas feministas (yo por ejemplo tengo un florero que se la pasa vacío y guardado). Pero el Día de la Mujer no es uno de estos momentos. Este día queremos algo transcendental y duradero, sí, algo que dure más que un chocolate derritiéndose en la boca. Y las recomendaciones que encontrarán en esta columna son un buen punto de partida para esto. También son una oportunidad para superar el imaginario de la mujer enigmática e incomprensible (hasta para ella misma). Soy yo, mujer, diciéndoles lo que quiero, dándoles el secreto, evitándoles la especulación.

La primera y la mejor recomendación es también la más sencilla: tómense unos minutos para aprender sobre el feminismo. El tiempo que usualmente les toma buscar la cajita de chocolates ahora lo pueden invertir en este ejercicio, en leer un artículo o ver un video o detallar una infografía. Y sepan que no basta con leer o ver o detallar: el reto está en hacerlo con genuino interés y disposición. En adoptar eso que llaman la “mente de principiante” y en evitar, a toda costa, moldear o tergiversar un contenido para reforzar un prejuicio. Alguna vez leí una frase que seguramente es una frase de cajón pero que tiene mucho, mucho poder: “no escuchamos para entender, escuchamos para responder”. Como antropóloga me cautiva enormemente esta frase. Es como si explicara todos los problemas de las relaciones contemporáneas— y sí que explica muy bien la posición que los hombres deben adoptar cuando aprendan sobre feminismo.

No les estoy pidiendo que lean un libro entero o que se conviertan en conocedores del movimiento feminista y su historia y sus expresiones. Pero sí les pido que aprendan hasta que sean capaces de responder una pregunta que nos tiene un poco cansadas a las feministas: “si el feminismo es la lucha por la igualdad y no por la superioridad de las mujeres, ¿por qué no le cambian ese confuso nombre al movimiento?” Permítanme acudir a Sócrates y responderles con otra pregunta: ¿por qué somos tan ágiles para buscar información cuando algo nos confunde pero tan lentos e incapaces para hacerlo cuando lo que nos confunde es el feminismo?   

Para mi segunda recomendación hablemos de flores. Hablemos de lo bueno que sería, queridos hombres, si decidieran convertirse en polinizadores de lo aprendido. ¡Conversen con sus amigos sobre el feminismo tal y como es! Mucho más valiente (¡y mucho más necesario!) cuestionar y hacer un llamado de atención sobre el comportamiento machista de otro hombre que ganar una gran batalla. Si salen con sus amigos, se necesita más coraje para poner temas como la violencia de género sobre la mesa que para tomarse todo aquello que hay sobre la mesa. En nuestra sociedad patriarcal, ser hombre y no ser macho es un acto de resistencia. ¡Bienvenidos a esta gran aventura!  

Aquí les va otro gran consejo: El Día de la Mujer no es para celebrar a las mujeres como lo haría Ricardo Arjona en una de sus canciones. No queremos ser puestas en un pedestal y adoradas. Qué peligrosa es esa idolatría, esa obsesión que se disfraza de amor. Sepan que amor sin consentimiento no es amor. Sepan que es precisamente esa obsesión y ese culto a la mujer (como objeto y no como sujeto) lo que aun nos tiene hablando de crímenes pasionales y no de feminicidios. Sepan que nada nos seduce como un hombre que nos respeta, que nada más sexy que un hombre que no es machito.

El Día de la Mujer tampoco es un solo día (¡menos mal ya no les toca comprar chocolates!). Es el principio de una gran aventura, de un proceso de reflexión permanente. Les confieso que las feministas también somos susceptibles a los prejuicios. No somos perfectas, pero la diferencia es que estamos muy conscientes de nuestra imperfección y buscamos cambiar un poco todos los días. En otras palabras, lo feminista es, quizás, esa capacidad de cuestionarse y de empezar a ver las verdades absolutas con las que crecimos como todo menos verdades. Entonces no se vale prender y volver a apagar esta disposición y esta apertura al feminismo. Eso sería como “ayudar” un día en la casa, como confesarse para seguir pecando. Para esto, una excelente idea es pedir ayuda. Estoy segura de que más de una mujer en su entorno se considera feminista o es cercana al movimiento. Pregunten y discutan desde el interés genuino. Conversar con propósito no les confisca su masculinidad.

Ya saben, entonces, que más vale seguir alguna de estas recomendaciones que desearle un feliz día a cualquier mujer. Y recuerden que detrás de una caja llena de chocolates (pero no de reflexiones) se esconde algo verdaderamente perverso: un hombre incapaz de admitir y dispuesto a ignorar todas las situaciones de violencia de género que ocurren a lo largo del año.

2 comentarios sobre “Cómo ser un hombre en el Día de la Mujer (y siempre)

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  1. Genial. Excelente. Muchos hombres seguimos aprendiendo poco a poco y vamos derribando muchos parámetros con los que hemos crecido. Es definitivamente necesario seguir leyendo artículos como este.

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