Domingo de Invitadas
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#DomingoDeInvitadas: Sujetar al animal

Autora invitada: Daniela Moreno

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Sujetar al animal es un resultado, –uno de muchos-, de un proyecto emprendido para entender el cuerpo femenino materno en nuestro contexto histórico que ha determinado una idea fija y limitada de mujer, y que la hace desaparecer como sujeto en función de la maternidad; ¿suena exagerado?, sí, pero aún es un lugar común en el cotidiano, en la medida en que vivimos en un sistema patriarcal.

Esta obra nació desde el lenguaje del dibujo y de dos poesías de la española Berta García Faet[1], con el tiempo se ha trasformado en un collage unimaterial que contiene numerosas imágenes que se contraponen y se transparentan entre sí, con esto hablo de historia, de capas, fondos de experiencia y horizontes de expectativa, contiene un conjunto de representaciones de lo femenino –que como símbolos han expropiado a las mujeres de ellas mismas-, histerizando su mente y su cuerpo, pero también contiene imágenes de las nuevas herramientas como nuevos símbolos de acceso a los circuitos del placer y del poder que se nos han negado.

Sobre un material frágil (papel cosmético), puntos, el gesto de aglomeración y mucha paciencia, comencé a reproducir imágenes de mujeres contenidas en cuadros famosos de la historia del arte, imágenes que en su mayoría constituían una escena o una imagen moralizante (una virgen, una nodriza, una esposa) o todo lo contrario, emulaciones de mujeres ficticias como Venus.  Con este panorama empezaron a aparecer otras categorías de dibujos, como la botánica o los “secretos de mujeres”: recetas, ritos, y prácticas que hacían que éstas se apropiaran lentamente de un cuerpo que no les pertenecía.  Pócimas de miel con sanguinaria, perejil con miel de abejorro y baños caliente de altamisa y manzanilla, eran las terapias empíricas y remedios tradicionales, analogías por el color y por el efecto de los contrarios para controlar el animal, como lo nombró Hipócrates[2], mejor conocido como útero, estas plantas están presentes en la obra.

Otras categorías concurrentes son los instrumentos quirúrgicos de la ginecología del siglo XIX; la píldora, y muchos otros métodos anticonceptivos como esas nuevas herramientas mencionadas anteriormente; lo biológico y fisionómico; diferentes figuras de la madre, desde la antigüedad hasta nuestros días.

Me gusta pensar este dibujo como documento, pues necesita ser observado, y realizar conexiones propias entre las imágenes que más llamen la atención, sin duda la intención expresiva y clarificadora es reconstruir a través de imágenes la condición de lo femenino, y desintegrarlo de la “esencia” de lo materno.  O al menos eso me gusta pensar cada que me siento a llenar de puntos el papel.

Para consultar los poemas de Berta García Faet en los que se inspiró la autora, puedes hacer click acá

[1] Berta García Faet nació en Valencia (España) en 1988. Ha vivido en Nueva York, Barcelona, Madrid, Nantes y Boston. Es licenciada en Ciencias Políticas (2011) y Humanidades (2013), Tiene un máster en Political Philosophy (2012) (Universitat Pompeu Fabra de Barcelona) y otro en Literatura Española y Latinoamericana (2015) (The City College of New York, CUNY). Estudio un doctorado en Hispanic Studies, en Brown University.  Ha recibido las becas Sydney and Hellen Jacoff Scholarship en mayo del 2015, e Isaías Lerner Memorial Scholarship en diciembre del 2014, así como la beca CCNY / Stanford Summer Research Program para estudiar en Stanford University durante el verano de 2014 y la beca de la Obra Social “la Caixa” para estudiar en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona el máster en Political Philosophy (curso 2011/2012).  Es autora de los poemarios: Manojo de abominaciones (2008), Night club para alumnas aplicadas (2009), Fresa y herida (2011), Introducción a todo (2011) y La edad de merecer (2015).

[2] Por herencia de la antigüedad y de la filosofía aristotélica que afirma que todo aquello que por sí sólo se mueve es animal, y lo que no, planta; El útero fue catalogado como animal, reconociendo en él movimientos de “sofocación, de precipitación, de coarrugación, de indignación”, etc. (Restrepo, 2006, pág. 16)
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Camila Pérez es una mujer independiente, con carácter, polifacética y feminista. Estudió ingeniería química y administración, sabiendo que podía dedicarse a cualquier cosa. Cuando se propone algo no descansa hasta conseguirlo. Bogotana pero con gran influencia paisa. Y es de ahí, con las mujeres de su familia, empezando por su mamá, que se dio cuenta del poder que tiene la sororidad. Siempre está cuestionando no solo el mundo a su alrededor sino a ella misma. Esos cuestionamientos y decir siempre lo que piensa han hecho que algunos se sientan incómodos con su presencia. Pero también le han permitido conocerse mejor y entender que, contrario a lo que dice la sociedad, no hay límites para las mujeres y que cada una debe ser y hacer lo que quiera. Por eso, ella siempre es, no importa dónde o con quién esté. Así que en un mundo en el que nos educaron para envidiar a las demás, desde muy pequeña aprendió a ser más fuerte y más grande que eso. No se compara con nadie porque ha entendido que cada uno tiene su propio camino. Por esto, no anda disculpándose por no ser lo que los demás esperan y tampoco lo hará cuando cuestione los micromachismos que nos afectan en el día a día de formas sutiles y silenciosas pero aceptadas.

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