Tu candidatx estas elecciones debe tener por lo menos estas tres cosas

¡Llegó octubre con su alegría y su recocha electoral! Estamos oficialmente a 26 días de una nueva jornada de elecciones y es hora de prepararnos para votar. Estamos en plena racha de debates, propuestas, agarrones y encuestas que para nada facilitan tomar una decisión. Mucho peor la tenemos las feministas que vemos poquísimas candidaturas con la agenda feminista como bandera. 

Pero que no cunda el pánico. A pesar de haber pocos bastiones feministas a la vista, aún debemos permanecer en la búsqueda de candidaturas potencialmente aliadas a la causa. Eso significa que, así el feminismo o la justicia de género no figuren dentro de los temas principales de la agenda de un candidato o candidata, podemos aún mirar ciertos aspectos de su trayectoria, su discurso y sus propuestas para hacernos una idea de qué tan abierta está dicha candidatura a los temas que nos interesan a las feministas. Inclusive, mirar más allá de la inclusión del feminismo como lema de campaña sirve para asegurarnos de no estar votando por alguien que pueda significar un retroceso para las mujeres en los próximos 4 años. 

Así que aquí les traigo una guía sucinta pero sustanciosa para votar estas elecciones. Mi recomendación es que se aseguren de que su candidato o candidata tenga por lo menos estos tres asuntos resueltos:

 

Respeto por el Estado laico

 

Deben haber leído esto ya, pero por estos días no sobra repetirlo: Colombia es un estado laico. Eso quiere decir que el Estado no tiene ninguna religión oficial (a diferencia de, por ejemplo, Italia que sí se adscribe oficialmente a la religión católica). Sus principios, valores y normas no son las de ninguna religión sino las que acuerdan las personas en el pacto social que es la Constitución del 91 (que de por sí dice que Colombia es un Estado plural y diverso). Entonces, no le corresponde al Estado ni a quienes lo dirigen hacer que todas las personas se comporten como dictan los libros sagrados. Su misión es garantizar a todas las personas la libertad de vivir su vida como cada quien la quiera vivir, dentro de los límites que imponen los derechos de los demás y el interés general.

Esto no significa que nuestros dirigentes deban ser ateos. Simplemente significa que deben ser capaces de separar el ejercicio público de la religión. Deben poder entender que se gobierna con la Constitución y no con la Biblia ni el Corán, y que la política pública debe velar por proteger y mejorar el bienestar de todos y todas, incluyendo a quienes tienen creencias diferentes y hasta opuestas. 

Así, por ejemplo, por más católico que sea su candidato o candidata, asegúrese de que entienda que el rechazo de la Iglesia Católica a las relaciones homosexuales, a las identidades no binarias y a las familias no tradicionales no tienen cabida en un Estado plural y democrático. Asegúrese también de que, por más que un aborto se le parezca a un asesinato, su candidato o candidata entiende que la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho fundamental y que de su garantía depende la salud y la vida de miles de mujeres.

 

Propuestas y discursos libres de roles y prejuicios de género

 

Durante las elecciones presidenciales se puso de moda la propuesta de hacer un Ministerio de la Familia que se encargara de los temas de mujeres. Por la misma época el hoy Presidente Iván Duque dijo sin pena ni gloria que para prevenir el embarazo adolescente había que poner a trabajar a las niñas y jóvenes “para que el tiempo ocioso no las afecte”

Estas propuestas tienen un común denominador: los roles o prejuicios de género. La primera porque concibe el valor de las mujeres en tanto madres (rol de género), y la segunda porque sugiere que el problema del embarazo adolescente es que las mujeres son unas ociosas que no trabajan y que para ocupar su tiempo se ponen a tirar y a parir (prejuicio de género). Asegúrese de que su candidato o candidata no utilice como fundamento de ninguna de sus propuestas asunciones o expectativas sociales de lo que debe ser o hacer una mujer, ni que con ellas promueva o reproduzca tales estereotipos. 

Así como hay propuestas machistas, también hay machismo en el discurso y en el comportamiento de candidatos y candidatas. Aléjese de quien le pide a una mujer que habla con firmeza que “se calme” o que sonría, de quien diga abiertamente o insinúe que las víctimas de violencia sexual tienen la culpa de que las violen y las maten, de quien utilice el número de parejas de una mujer para deslegitimarla en la contienda política o de quien diga en público o en privado que las mujeres no son tan buenas gobernando. Todo eso mándelo para la basura de inmediato.

 

Sensibilidad por lxs más vulnerables

 

No todas las personas vivimos la vida con las mismas posibilidades y restricciones. De hecho, suele pasar que quienes pertenecen a cierta raza o etnia, quienes están en un nivel socioeconómico bajo, quienes son de otro país o quienes tienen identidades o sexualidades no binarias la tienen más jodida. Este es el caso de personas racializadas, de mujeres y hombres trans y de migrantes empobrecidos, entre otros. Sin embargo, esta parece ser una realidad difícil de aceptar y nos encontramos con líderes cuyo discurso suele reforzar la posición privilegiada de unos frente a otros. Con frecuencia escuchamos opiniones estigmatizantes contra migrantes venezolanos, trabajadoras sexuales, habitantes de calle, campesinos y campesinas o comunidades étnicas.

Al feminismo no solo le interesa la emancipación de algunas mujeres, sino la de todas. Le interesa con especial interés llegarle a las mujeres más vulnerables a la pobreza, a la discriminación y a la violencia. Así que no podemos conformarnos con un candidato o candidata que aplauda el “empoderamiento femenino” pero se atreva a negarle servicios básicos a una mujer migrante, pobre y embarazada o que perpetúe la exclusión de las voces rurales. Exijámosle a nuestros representantes un compromiso serio con la justicia social.

Ahora sí, ¡que se vengan las Elecciones 2019!

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