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La Revista Fucsia, la modelo de piel blanca y la representación de lo que no somos

La revista Fucsia quiso hacerle un homenaje a una de las fiestas más representativas y de mayor relevancia para la cultura afro en el país, el Festival Petronio Álvarez, con una portada que deja muchísimo que desear por su irresponsabilidad y su evidente racismo y que generó gran polémica en redes sociales. En su portada aparece una reconocida modelo colombiana de piel blanca vistiendo prendas de la cultura africana. Para compartir esta publicación con sus lectores, la revista señala: “Un homenaje a nuestro pacífico y a sus mujeres templadas y guerreras a través de la moda, y como siempre, todo lo mejor en belleza y estilo de vida”.

Es tan solo lógico preguntarse por qué si la revista quería hacer un homenaje a las mujeres del pacífico no escogió una mujer afro que representara la región y prefirió escoger a una modelo de piel blanca que poco o nada tiene que ver con el pacífico. Las voces de rechazo a este hecho no se hicieron esperar.

Al revisar el interior de la revista, se encuentran fotografías de varias mujeres afro que sobresalen en sus campos pero que la revista no consideró para estar en la portada, así como una foto adicional de la modelo blanca siendo el centro de atención rodeada de varios hombres afro que lucen más como accesorio.

La polémica continúa cuando Julieta Piñeres, la modelo que había sido escogida, se refirió al tema en sus redes. De allí, vale la pena resaltar la siguiente frase: “Lamento profundamente que algunos crean que lo afro solo le pertenece a un grupo de personas. Me cuesta creer que cualquiera que quiera enaltecer esta cultura desde un lugar que no es obvio sea atacado”. Mensaje que siguió contribuyendo a la polémica, puesto que muchas personas pensaban que se trataba de una decisión editorial y no tenía mucho que ver con el criterio de la modelo al aceptar esta portada.

Esta situación evidencia algo que muchas veces me negué porque me daba pena y una profunda tristeza aceptarlo, y es que en un país donde el 11% de la población es afro, somos abiertamente racistas. Somos un país donde una de las principales revistas de moda busca hacer un “homenaje” a las mujeres del pacífico y en vez de escoger a una de las tantas mujeres negras exitosas que hay en el país, prefieren escoger, una vez más, a una mujer blanca.  Somos un país que no es consciente de las diversas formas de invisibilización que han tenido que vivir las personas afro a lo largo de la historia y ahora seguimos perpetuándolas a través de los medios de comunicación que nos han demostrado en varias oportunidades lo racistas y discriminatorios que pueden llegar a ser. ¿Recuerdan la portada de la revista Caras hace unos años? Aquí les dejo semejante acto violento.

Lo grave de esto es la responsabilidad que tiene un medio de comunicación masivo con sus lectores, sus seguidores y con el país. La revista Fucsia, claramente un medio hegemónico, olvidó completamente el poder que tienen para influenciar a las personas, para establecer normas, para normalizar situaciones y para crear significados sociales. ¿En realidad siguen sin ser conscientes del error?

Por otro lado, afirmar que “lo afro nos pertenece a todos” es bastante ingenuo y alejado de la realidad. Ninguna persona que no tenga piel negra puede decir que le pertenece, pues no ha tenido que vivir en carne propia las discriminaciones históricas y permanentes, el rechazo por su color de piel, los estereotipos alrededor de lo que una persona negra puede llegar a ser y lograr, el rechazo a sus facciones y rasgos característicos, la violencia racista, la lucha por el reconocimiento, la lucha por la libertad, entre muchos otros. No podemos apropiarnos de estas historias porque no las hemos vivido y no nos pertenecen.  Y puede que ir a un Festival como el Petronio Álvarez, visitar el Chocó en temporada de ballenas o usar los turbantes nos acerquen un poco más a esta cultura, pero jamás nos permitirán entender a cabalidad lo que realmente significa ser afro en un país como Colombia.

La descripción de la foto de Julieta Piñeres suena muy “linda” pero hace parte de un mundo completamente alejado de la realidad. Afirmar que deberíamos dejar de pensar en colores o regiones es desconocer la situación histórica y actual de opresión y discriminación sistémica que viven las personas afro. Esto solo lo podríamos afirmar desde el privilegio, el privilegio que da ser una persona blanca y de clase alta. Y aquí vale la pena aclarar que es este tipo de pensamiento el que ayuda a agravar la situación de racismo y desigualdad porque nos hace pensar que el problema no existe y que las personas que no somos afro y que no padecemos sino que ejercemos racismo, no tenemos absolutamente nada por lo cual examinarnos y responsabilizarnos, ni históricamente ni en la actualidad. Algo que sabemos es completamente falso.

La invitación que les hago hoy, es que aprovechemos nuestro privilegio para hacer que esta población que ha sido históricamente oprimida tenga cada vez más espacios, que su voz sea escuchada, que puedan compartir sus luchas, que los medios de comunicación cambien sus narrativas y realmente ayuden a mostrar la diversidad cultural y étnica de Colombia, que dejemos de consumir contenido racista. Exijámonos a nosotros mismos para conocer lo que tienen que sufrir a diario las personas afro por su color de piel. Cuestionémonos sobre los actos que realizamos que están contribuyendo a la invisibilización y la trivialización de las luchas afro. Revisemos cómo cada uno de nosotros nos hemos apoderado y nos hemos dado un protagonismo innecesario por un cultura que no nos pertenece.

Como leí por ahí, este intento de homenaje que buscaba resaltar lo más profundo del Festival Petronio Álvarez que es la etnia negra, terminó eliminándola por completo y dándole todo el protagonismo a la etnia blanca. No seamos cómplices de esto. Celebremos la cultura afro pero no la usemos para elevarnos moralmente.

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Camila Pérez es una mujer independiente, con carácter, polifacética y feminista. Estudió ingeniería química y administración, sabiendo que podía dedicarse a cualquier cosa. Cuando se propone algo no descansa hasta conseguirlo. Bogotana pero con gran influencia paisa. Y es de ahí, con las mujeres de su familia, empezando por su mamá, que se dio cuenta del poder que tiene la sororidad. Siempre está cuestionando no solo el mundo a su alrededor sino a ella misma. Esos cuestionamientos y decir siempre lo que piensa han hecho que algunos se sientan incómodos con su presencia. Pero también le han permitido conocerse mejor y entender que, contrario a lo que dice la sociedad, no hay límites para las mujeres y que cada una debe ser y hacer lo que quiera. Por eso, ella siempre es, no importa dónde o con quién esté. Así que en un mundo en el que nos educaron para envidiar a las demás, desde muy pequeña aprendió a ser más fuerte y más grande que eso. No se compara con nadie porque ha entendido que cada uno tiene su propio camino. Por esto, no anda disculpándose por no ser lo que los demás esperan y tampoco lo hará cuando cuestione los micromachismos que nos afectan en el día a día de formas sutiles y silenciosas pero aceptadas.

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