Fracasé

La columna de hoy me la debía hace mucho tiempo. Como muchas de las columnas que he escrito, son una catarsis de mi vida, una herramienta que me ha ayudado a poner cosas en perspectiva y a seguir adelante. Como lo hace el feminismo.

Fracasé. Fracasé en grande. Fracasé hace mucho tiempo y hay partes de mí que no lo han olvidado. Hace un par de años era una niña con muchos sueños, una niña que se quería comer al mundo. Pero ahora que lo veo en retrospectiva, no sabía cómo hacerlo.

Era una niña imparable: me metía en cuanto proyecto me interesaba, sin importar la carga o el tiempo que necesitara. Me metía de ‘espíritu, alma y cuerpo’ – sí, esta es la expresión para decir que me comprometía con todo mi ser al desarrollo de mis proyectos o trabajo. Y en este proceso me perdí a mi misma. 

Todo empezó en la universidad cuando no fue suficiente hacer un segundo semestre de práctica. Decidí, además, que debía avanzar con un semestre completo y realizar dos proyectos adicionales. Era muy ñoña y muy competitiva al mismo tiempo. Más de la mitad del semestre dormí menos de 6 horas al día, y terminaba confundiendo los nombres de las personas en los trabajos que hacía. A la vez logré abrir un nuevo call center en la oficina y me volví indispensable para mi equipo de trabajo. No perdí ninguna materia y mis dos proyectos salieron adelante. Me sentía imparable.

Un poco más de un año luego de esta experiencia, fui seleccionada como Trainee de Gerencia para una de las multinacionales de consumo masivo más grandes que hay en el mundo. Fuimos 7 de 8.000 personas las que quedamos seleccionadas para el programa (el 0.08% de los aplicantes), mi salario era más alto de lo que gano hoy en día y era apadrinada por el Vice-Presidente Ejecutivo para la región. Yo era parte del 1% de las personas más competitivas, me sentía bañada en oro. Yo era una Trainee. 

El primer año de este trabajo vino con un proyecto personal en el que lideraba a mis compañeros, todos hombres, en la creación de un nuevo canal de ventas diseñado para mujeres – empoderamiento femenino desde el trabajo, nada mejor para empezar con pie derecho. Y nuevamente brillé. El proyecto salió adelante – sigue andando – y sobrecumplimos las metas. Pero esto fue a costas de que me cargué el proyecto encima, y empezaron mis lágrimas y peleas con los miembros del equipo – algunas veces fundadas y otras no – las cuales muchas veces no las podía explicar. Pero mi trabajo sobresalía  por encima de cualquier cosa que pasara internamente. 

Por esto, en mi segundo año, me encargaron un proyecto muy cool: empezar el área de e-commerce para la compañía. Mi labor era estar en contacto con todas las apps de mercado para vender y hacer estrategias de marketing, (Rappi, Mercadoni, Merqueo y Mercado Libre) . Mi jefe era el gerente nacional de ventas, un nivel más arriba que el del resto de mis compañeros – éramos competitivos hasta en esto -, y tenía visibilidad ante toda la empresa. Cualquier persona podía pensar que estaba pisando fuerte para convertirme rápidamente en la ejecutiva que quería ser. 

Todo esto vino con una carga laboral y una presión que la niña que era no supo manejar. Muchas fueron las veces que mis ojos se llenaron de lágrimas en la oficina, que respondía de manera agresiva ante la  rabia que tenía, que aceptaba cargas y responsabilidades en contra de mi paz mental. Pasó sólo un año antes de que me sacaran del programa y de la empresa. Me despidieron de mi trabajo, no porque no lo supiera hacer, sino porque yo no era indicada para el lugar donde estaba. Me despidieron y, junto a ello, sacaron de mí misma mi autoestima y mi identidad. 

Les cuento todo esto con detalles porque esto se convirtió en mi identidad y mi carga. Yo creía que ser la estrella prometida me definía. La que aguantaba todas las cargas que le pusieran, la que no fallaba. Y esto era un gran peso para una niña de 25 años. 

Con mi primer despido sentía que mis sueños y mi futuro se habían ido a la caneca ¿Cómo iba a presentarme a una maestría? ¿Quién iba a contratar a una persona que no podía manejar la presión? ¿Realmente era buena? ¿Qué decía esto de mí? En el momento, pensé que había fracasado porque no había sido lo suficientemente fuerte, porque no había sido lo suficientemente inteligente para manejar mis emociones, porque no era la persona que ellos querían que yo fuera. 

Dicen que a las mujeres nos da más duro el fracaso y, en parte, estoy de acuerdo. Nos da más duro porque cuando fracasamos lo relacionamos  con nuestras habilidades. Nos enseñaron a ser princesas perfectas desde la manera como pensamos, nos vestimos, sentimos y nos comportamos. Desde chiquitas, nos incentivan  más a sacar buenas notas, que a experimentar nuevas cosas. A mí me enseñaron que mi única responsabilidad era sacar buenas notas y ser la mejor en el colegio. No le voy a echar la culpa a los valores que me dieron. Creo que también partía de mi personalidad: prefería quedarme en lo seguro que arriesgarme  y hacer el ridículo en el intento. Lo académico se me facilitaba y sabía que iba a ser alabada por ello. Esto se extrapoló a mis resultados laborales.

En esta empresa yo no era una persona feliz, pero las expectativas de lo que creía que era el éxito me mantenían ahí ¿Por qué iba a dejar MI oportunidad laboral? ¿Quién me iba a pagar tanto como ellos me pagaban? ¿Dónde quedaba mi reputación? Cuando fracasé laboralmente, mi vida había fracasado. Para los que venían pensándolo, la respuesta es sí, era bien diva del drama. 

El feminismo entró en mi proceso de reconstrucción. Luego de sucumbir a mi deseo más millennial de irme a viajar por el mundo para encontrarme a mí misma, descubrí que el proceso de autoconocimiento, construcción y deconstrucción no es algo lineal ni ocurre en un solo momento. Es como todo, un proceso que va acompañado de contextos, situaciones y personalidades. Es un proceso continuo de estar confrontándose y afirmándose al mismo tiempo.

Fue luego de este viaje que entendí que mi vida e identidad no podían estar basados en mi trabajo ni en la empresa en la que estoy. Debía encontrar lo que me motivaba y tener una vida por fuera de la oficina. En esto entraron el feminismo y SietePolas a mi vida. Mis amigas de la universidad que no me veían por el “fracaso” que acababa de tener, sino por el potencial de las cosas que podíamos construir. Mis amigas que me enseñaron que ser vulnerable me hace fuerte y que las lágrimas no son malas. Mis amigas que me enseñaron que mi valor no estaba en lo que yo hacía, sino en quién realmente era. 

Mi caída me obligó a reconstruirme; con una identidad hecha pedazos, me obligó a pensar quién realmente quería ser ¿La persona que no dormía ni tenía tiempo para su familia o buscar equilibrio? También entendí que había estado viviendo bajo expectativas ajenas, siguiendo un modelo tóxico de competencia y liderazgo para el cual yo no estaba preparada. Creo que hay mucho que hacer dentro de las organizaciones, como incluir más liderazgos femeninos e inculcar culturas de cooperación. Pero esto no lo sabía en el momento. 

Mi caída me hizo cuestionarme qué peleas quería tener en la vida y a qué le daba valor. Para mí, trabajar por una sociedad más justa e incluyente es el resultado de mi fracaso. El pelear por que cada persona se sienta más cómoda consigo misma, y entender que hay diferencias sistemáticas en cómo se tratan a las mujeres y los hombres, fue el resultado de este fracaso.

Por eso la lección más grande que me pudo dejar esa compañía fue echarme, pues me enseñó a fracasar. El feminismo me enseñó cómo interpretar este fracaso. Fracasé porque no me puse a mí misma primero. Fracasé porque no me conocía lo suficiente para saber cuándo parar. Fracasé porque me tomaba las cosas personales. Entendí que en la vida no puedo aspirar a ser perfecta, ni a complacer a todo el mundo. Aprendí que el auto-cuidado va primero que las presiones del patriarcado. Aprendí que puedo perseguir mis sueños, pero la forma como llego a ellos es también importante. Aprendí que mi fuerza está en saber manejar mi vulnerabilidad y no esconderla. Pero sobre todo, me ayudó a crecer, a ser más imperfecta, más feliz y más feminista.

 

5 comentarios sobre “Fracasé

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  1. Excelente reflexión, me sentí cien por ciento identificada, está columna en específico me ayudó a comprender muchas cosas y espero en el futuro poder resolverlas de la mejor forma posible.

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  2. Me ha encantado tu reflexión, aunque vivir enagenado por una empresa no unicamte femenino. Se por experiencias muy cercanas a mi de hombres que han hecho el mismo recorrido que describes. Yo comparto en primera persona eso de haber cometido el error de auto definirse por un puesto de trabajo, un desempeño que miden otros. Perderlo fue una experiencia dura pero necesaria de la que no están excentos ni hombres ni mujeres. El modelo de trabajo y el concepto de liderazgo deben cambiar eso está claro.

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