“Las mujeres en la guerra demostramos ser muy valientes”: Juana Ruíz, una tejedora de la reconciliación

Empecé a hablar con Juana a través de whatsapp. Ella en los Montes de María en un pueblo que se llama Mampujan, yo estaba en Madrid. Cuando le conté que me gustaría entrevistarla, aprender de ella y darle visibilidad a su historia y a su trabajo, lo primero que hizo fue agradecerme. Cuando le empecé a hacer preguntas acerca de su vida, cada respuesta me sorprendía y, a la vez, me intrigaba más. No podía creer que una mujer que había pasado por todo lo que ella ha vivido tuviese una visión tan sensata, un corazón tan grande y una entrega desmedida a su comunidad y a su país. Juana tocó mi corazón y me hizo pensar que este país está lleno de héroes y heroínas que desconocemos. Estas son las historias que deberíamos conocer.

Quiero que se tomen el tiempo para conocerla a ella y para conocer su historia. Quiero que, a partir de ella, nos cuestionemos acerca de lo que entendemos por justicia. Quiero que recapacitemos frente a lo que realmente significa la reconciliación. Quiero que nos cuestionemos sobre nuestro papel en un país que necesita de mucha empatía y que necesita ser reconstruido en muchos aspectos.

Tejedoras de Mampuján:

¿Juana, cuéntame cómo nacen las Tejedoras de Mampujan?

Las tejedoras de Mampujan nacemos después del desplazamiento masivo de la comunidad de Mampujan como una necesidad que teníamos las mujeres de sentarnos a hablar sobre los dolores y sobre los temas asociado a mujeres para fortalecernos y para querernos entre nosotras mismas, para hacernos resilientes y para ayudarnos unas con otras.

Han recibido varios reconocimientos a nivel mundial con su trabajo, ¿qué crees que las hace tan atractivas? ¿cómo se podría replicar su trabajo en otras regiones?

Yo creo que los reconocimientos que nosotros hemos recibido de otros países son porque creo que miran la sencillez de donde nacen las iniciativas porque nosotras pues trabajamos sin ningún tipo de ayuda o dinero. Trabajamos con materiales del medio, con las cosas que tenenmos a la mano, y con el deseo de agruparnos para auto ayudarnos. Creo que eso es lo que más valoran.

A veces los proyectos o las iniciativas que más tienen dinero en vez de unir lo que hacen es que dividen. Cuando comienzan a mover dinero, en vez de que haya una unión más fuerte lo que hace es que el tejido social tenga una ruptura más fuerte. Entonces crea que a nosotros nos hizo fuertes el hecho de no tener mucho dinero sino de tener las ganas de superarnos y de ayudar a otras a superarse. Y eso se ha reconocido.

¿Qué impacto ha generado el trabajo de las Tejedoras de Mampujan?

 Creo que el impacto ha sido que muchas mujeres dejaron de ser mujeres pasivas, de quedarse esperando a que el hombre les traiga alimentos o a que las maltrate a ser mujeres tan empoderadas que además de sentirse capaces y de quererse a sí mismas y de querer su familia, también han buscado los medios de enseñar a otras mujeres a levantarse, a estar empoderadas y no solo sobre sus derechos, sino también sobre su bienestar y el de su familia.  

Y el impacto que hemos generado no solo ha sido en Mampuján sino en las regiones, porque pues las mujeres al vernos a nosotras reunidas para auto sanarnos, para hacer catarsis, para narrar y conectar, para no callar, pues les sirvió de inspiración para también poder narrar y contar lo que estaba pasando. En la medida en que nosotras narramos y contamos lo que ha pasado, hay menos impunidad, menos posibilidad de que los hechos violentos se repitan, un poco de garantía de no repetición de los hechos y un poquito de justicia, que las entidades nacionales e internacionales pongan los ojos sobre lo que están pasando en esta comunidad. El tema de poder hablar, de poder expresar desde el arte y desde el sentimiento, sin violencia.

Motivaciones:

¿Qué te motivó a dedicarte a la educación?

Yo no estudié para ser docente, estudié para ser nutricionista y dietista. Y, sin embargo, al quedarme aquí en mi comunidad exactamente en el año 2000 en el marco de una guerra muy cruda, vi la necesidad que estaba viviendo mi gente y eso me obligó a convertirme en educadora, en poder transmitir algunos conocimientos que había adquirido en mi paso por la universidad. Me sentía culpable si me iba a buscar un nuevo rumbo. Entonces decido quedarme y enseñar lo que sabía, inicialmente sin ningún pago, y ahí pues me conocen, enseñando a hacer procesamiento de alimentos para poder mitigar un poco la pobreza que había y me contrataron como maestra en el 2002 hasta hoy.

¿Ves en la educación una herramienta para transformar? ¿Qué experiencias de transformación podrías compartirnos?

Yo creo que la educación es una herramienta para transformar, ya que cuando nosotros nos educamos, cuando nosotros nos instruimos, dejamos de estar ciegos, dejamos de ser ignorantes y cuando uno es ignorante, pues cualquier persona lo engaña o con cualquier corriente se va. Pero cuando la persona se educa, sabe quién es y qué quiere hacer y hacia dónde va, las cosas salen bien porque hay un rumbo y se pueden hacen organizadamente, porque se hacen con planificación, con nobleza y con buenas intenciones, y eso llega a generar un impacto desde la familia hasta la comunidad y hasta más allá, entonces creo que es importante que todo el mundo se eduque y más que todo que la gente se eduque en conocer sus derechos, en conocer a qué tiene derecho, para que eso minimice la violencia y nos permita hacer ejercicio de las herramientas para facilitar la garantía de sujeto de derecho y no vernos como las pobrecitas víctimas a quienes nos tienen que dar ayudas, sino que nos veamos como sujetos de derecho, mujeres sujetas de derecho, más allá de víctimas, mujeres dispuesta a dar de lo que tengan, dar más allá para poder transformar desde la base, para poder hacer propuestas antes que reclamaciones, para poder llevar iniciativas antes que reclamos y problemáticas.

Nosotras nos hemos acostumbrado a ser proactivas, a llevar propuestas y alternativas de soluciones y creo que eso también ayudó muchísimo a que pudiéramos alcanzar todo lo que alcanzamos, me refiero a los logros que tenemos, por ejemplo que tuviéramos una sentencia en firme, una sentencia en cumplimiento, que tuviéramos todo lo que Mampuján ha logrado en tan corto tiempo. Pr ejemplo, en este momento nos están pavimentando las calles, estamos optimizando el agua potable, están arreglando el alcantarillado. Cosas que ni siquiera el mismo María La Baja, que es el municipio, tiene. Tuvieron que pasar muchos años para poder tenerlas y creo que fue, precisamente, porque actuamos quizás sabiamente, utilizando el conocimiento de las herramientas jurídicas para poder acceder a estas herramientas.

¿Qué significa para ti ser líder social?

No sé como definirlo pero podría decir que un líder social es una persona que forma un equipo con otras personas y en conjunto logran trabajar, esforzarse para tener unos resultados de un deseo que tienen de transformar algo ante una necesidad. El líder social es la persona que mantiene el grupo cohesionado y fuerte. Es el que, pese a las dificultades y las adversidades que vengan mantiene la fe y el ánimo del equipo con el que está trabajando. Creo que es lo que caracteriza al líder social porque de pronto dentro del equipo hay muchas personas que se mueven pero siempre hay una persona que mantiene llena de ánimo, de fe, de mucha fuerza, de mucha valentía para poder resistir todas las cosas que puedan pasar.

En este trabajo social hay muchas cosas satisfactorias pero también hay cosas que desmotivan y que lo hacen pensar: “¿pero por qué insisto en esto?”, cuando a veces uno no ve resultados bonitos. Creo que la característica de un líder social es la valentía para, a pesar que las cosas no siempre salen buenas, de que no siempre la gente te agradece, te mantienes ahí, intentando hacer una transformación. Ningún líder social que empiece un trabajo le gusta verlo desboronado entonces por eso creo que el líder social mantiene la fuerza para lograr lo que se ha propuesto. Y no para sus fines personales y familiares sino lo que se ha propuesto hablando de manera colectiva, ante un grupo de personas que tienen una necesidad.

Conflicto:

Los Montes de María ha sido una región históricamente afectada por el conflicto. ¿Cómo se construye paz en este territorio?

Casualmente creo que la guerra y el conflicto que ha vivido la región, las injusticias históricas es lo que ha dado la fuerza a las organizaciones de base para poder seguir construyendo paz. Creo que nosotros construimos paz en la medida que desde cada quien y desde cada organización de base se hacen esfuerzos por hacer propuestas, hacerlas reales y después llevarlas a colectivo. Por ejemplo, estamos en Paso Regional de Construcción de Paz desde donde hacemos propuestas, creativas e innovadoras que nos permitan siempre recordar que la paz se construye desde las regiones, para las regiones y con las regiones.

Esto lo hacemos porque en el marco de la guerra estuvimos aquí y no nos fuimos y superamos la guerra. A veces fuimos escudos humanos pero aquí estuvimos. Y que nos sirve construir una paz imperfecta que mantener una guerra perfecta. Que nos sirve una paz positiva. Porque la paz permite que no haya armas, que no haya plomo pero la injusticia sigue siendo un tipo de violencia, es un tipo de violencia social que históricamente hemos vivido. Entonces creo que hemos construido la paz en la medida en que hemos tenido la iniciativa para que haya ausencia de guerra pero también hemos tenido la iniciativa para que haya un poco de justicia dado que la gente tiene oportunidades de empleo, tiene oportunidades de cambiar su modo de vida,  en que la gente pueda llegar a la universidad, los jóvenes puedan ir a estudiar. Hombres, mujeres, niños, que todos podamos llegar a un plantel educativo a nivel superior y que podamos ir transformando desde las bases el proyecto de vida de cada quién. En la medida en que la gente que me rodea está tranquila, puede comer tranquila. Eso también es construcción de paz. Así vamos rompiendo las desigualdades y las inequidades y vamos construyendo paz. Es a lo que le apostamos en Montes de María.

¿Qué experiencias te llevaron a asumir el liderazgo en temas de paz?

Creo que cuando uno ha sufrido una experiencia dolorosa, traumática en su niñez no quiere que eso se repita en otra persona entonces a mí me pasaron cosas terribles en mi niñez. Es cierto que abusaron no solo de mi cuerpo sino de mi inocencia. Y al ver que en Montes de María y en mi comunidad eso se estaba repitiendo con las niñas y niños, sin darme cuenta me vi envuelta en este tema de construcción de paz, de apuestas por la comunidad y ahí empecé. Eso fue lo que me dio la fuerza para tener un liderazgo.

A veces sin que uno se cuenta termina siendo uno líder porque uno empieza a trabajar con las uñas. Recuerdo que en el 2002 o 2003 cuando quisimos formar la Asociación para la vida digna y solidaria, yo ni si quiera era directivo, era un miembro más y me caractericé por trabajar y hacer, no por hablar. Por tomar el machete, la pala, trasnochar, lo que sea que tuviera que hacer. Y poco a poco fui llegando a la parte directiva hasta hoy que sigo siendo la representante legal de la Asociación y también de las Tejedoras de Mamjupan. Creo que ha sido un liderazgo que he saboreado pero también que he sufrido pero lo estoy disfrutando y estoy viendo los frutos y eso es lo más bonito, poder ver los frutos de lo que está haciendo cuando está construyendo paz en colectivo y está viendo los logros individuales, familiares, en toda la comunidad y hasta en la región.

Este territorio recibió la primera Sentencia de Justicia y Paz, ¿cómo influenció eso la dinámica en el territorio?

Así es, fue en Mampujan. Mampujan es un corregimiento del municipio de Maria la Baja. No sé cómo decirlo pero esto influyó positivamente porque la gente cambió de vida, les llegó mucho dinero y en la medida que la gente tiene dinero, la gente compra, también el almacén se bendice y crece pero eso generó muchos celos en las demás comunidades que veían de una forma injusta que a Mampujan se le diera tanto y que los que estaban al lado no tuvieran nada.

Eso ha sido una lucha que hemos tenido, tanto que le hemos pedido al Estado de mil maneras que se intente ser un poco más justos. Porque nosotros siempre intentamos luchar por los derechos de Mampujan pero también de Maria la Baja pero casi siempre nos decían: “Hay que salir de una cosa para agarrar la otra”. Recuerda que esta ley de Justicia y Paz es la Ley 975 del 2005 y de ahí hasta el 2019 todavía Maria la Baja no tuvo una reparación colectiva como la de Mampujan sino que han sido unas reparaciones individuales y gota a gota y ya no por la Ley 975.

La ley cambió en el 2011 cuando se sancionó la Ley 1448, cambió de tajo y lo que dice la ley es que ya nadie va a recibir lo que recibió Mampujan sino que de ahora en adelante la gente va a recibir unos montos totalmente inferiores. La diferencia desmejorando para las víctimas. Entonces la Unidad de Víctimas va dando poquito a poquito pero seguimos luchando para que se cumpla la sentencia de Mampujan. Pero bueno, los impactos a veces no son como se esperan ni como uno piensa, lastimosamente ese impacto ha sido así. Ese inconformismo también lo sienten otras regiones del país.

No obstante, recuerdo que, más o menos, en el 2010 fui con Teresita Gaviria que es Premio Nacional de Paz en Medellín, con Pastora Mira que también es Premio Nacional de Paz en San Carlos Medellín y José Luis Rodríguez que era un investigador de la Fiscalía a Popayán, a Pasto, a Medellín, a Cali y a otras regiones y fuimos a contarle a la gente cómo era la ruta de Justicia y Paz y cómo podían acceder a la Ley de Justicia y Paz y nos encontramos con que la gente tenía mucho miedo y fueron muy pocos los que pudieron entender esa ruta y acceder a ella.

Mujeres:

¿Cómo se vincula la construcción de paz y el liderazgo de la mujer?

Yo creo que la construcción de paz no sería posible sin la presencia de las mujeres porque más allá de encajonar a las mujeres y decir que somos amor, que damos amor y que somos dadores de vida, las mujeres tenemos un sentimiento muy fuerte pero sabemos luchar para que haya una transformación desde abajo hacia arriba. Y creo que el dolor que hemos pasado nos hace traspasar barreras, nos hace ir más allá del miedo, más allá del temor.

No sé si será porque las mujeres menstruamos cada mes y vemos sangre pero las mujeres en la guerra fuimos muy valientes, demostramos ser muy, muy valientes y no dejarnos asustar por la sangre, por las balas, por el miedo, por las amenazas. Tuvimos el valor para seguir exigiendo nuestros derechos y los de nuestros semejantes y para seguir exigiendo que se acabe la guerra e intentar poner todas las piezas que fueran necesarias para que la construcción de paz fuera una realidad porque estábamos dispuestas a seguir acá en el territorio pero dispuestas a tener hogares que fueran tranquilos y seguir pariendo nuestras hijas e hijos para que vivan tranquilos y para que no participen ni sean afectados por la guerra.

¿Desde la experiencia en tu comunidad, por qué es importante que las mujeres tengan trabajos dignos?

En mi comunidad es muy importante que las mujeres tengan trabajos dignos porque cuando la mujer tiene un trabajo digno se empodera. Creo que tiene la alcanza el respeto de su familia y de su esposo, hablando de mi comunidad.

Cuando la mujer tiene un trabajo digno, se minimiza la violencia intrafamiliar, estoy hablando de Mampuján, no sé si en otros lugares para eso. Porque en mi región, ahí si te puedo hablar de Montes de María, en la costa caribe, el hombre es machista. Para el hombre, él es la cabeza y se basa en la biblia, la biblia dice que el hombre es la cabeza. Entonces para el hombre machista ser la cabeza es poner la plata y es poner las reglas, es decir, es dominar a la mujer.

La mujer además de trabajar ganando dinero, tiene que trabajar en la casa atendiendo a los hijos, lavando, planchando, cocinando, limpiando, atendiendo al hombre y además de eso si está cansada en la noche, tiene que atender sexualmente al hombre o sino es una muy mala mujer.

Entonces, ¿cuándo se libera la mujer? Cuando ella es autónoma y ella también puede poner reglas y condiciones. Digamos llegar a acuerdos con la familia. Entonces ahí comienza a haber como un respeto. Cuando ella puede decir:  “estoy cansada, somos una familia vamos a ponernos de acuerdo y vamos a hacer las labores de manera organizada y en orden”.  Organizada de tal manera que cada quien es responsable y hace cosas, porque yo también estoy aportando al hogar y llego cansada.

Acá cuando una mujer no trabaja laboralmente con un salario, pero si está trabajando en la casa, además de estar cansada por el trabajo doméstico, tiene que escuchar al marido que en la noche le dice: “que tú no tienes porque negarte, tú no estás cansada, porque tu no trabajas”. Pero el día se ha pasado atendiendo hijos, lavando, cocinando, trabajando en la casa así no tenga un salario. Seguimos viendo esa injusticia tan horrible. Donde la mujer es la esclava en la casa.  Sin embargo, creo que cuando hemos intentado ayudar, para que las mujeres obtengan una forma de ingreso, el hombre ha podido reconocer, que él aporta y ella aporta y que ambos tiene compromisos y que tiene que hacer cosas en la casa.

¿Te identificas como feminista? ¿Qué ha significado el feminismo en tu vida?

No sé si me considero feminista pero sí me preocupo por velar por los derechos de las mujeres, por un poquito más de equidad y justicia.

No tolero desde pequeña esa forma fea que los hombres tienen de querer imponerse sobre las mujeres, sentirse superiores a las mujeres. Igual nosotras tampoco somos superiores a los hombres. Creo que no estamos delante ni atrás sino que deberíamos estar al lado y que juntos podemos hacer cosas muy lindas.

Debo decirlo, en Mampujan el trabajo lo empezamos mujeres pero tuvimos hombres a nuestro lado. En este momento tenemos un candidato de Mampujan que se lanzó a la alcaldía de Maria la Baja porque ellos también estuvieron a nuestro lado y también hicieron un aporte significativo y pudimos mantener un equilibrio que permitió que tuviéramos un gran equipo de mujeres y de hombres que aportaron a esto.

De hecho, dentro de las Mujeres tejiendo sueños y sabores de paz o Tejedoras de Mampujan hay hombres que también cosen y hacen sus tapices pero nos seguimos llamando Mujeres tejiendo sueños y sabores de paz. En un tiempo hubo una propuesta de que cambiaramos el nombre porque habían hombres y nosotras dijimos no porque los hombres entraron conscientes que este era un grupo mayoritariamente de mujeres. Entonces no sé si esto es ser feminista. El hombre que ingresa sabe. Y no son homosexuales porque aveces la gente dice que están aquí porque son homosexuales, pero no, son hombres que han entendido la dinámica de por qué se cose y que también es una manera de empleo y lo hacen muy bien.

¿Cuál ha sido el principal aprendizaje al trabajar con más mujeres?

El principal aprendizaje que he tenido al trabajar con mujeres es que nosotras tenemos un potencial muy grande y que somos dinamita, por decirlo así, cuando estamos juntas. Y que cuando nos alejamos las unas de las otras nos volvemos vulnerables y débiles pero que es necesario siempre juntarnos para recordar lo fuertes que somos, lo valiosas que somos, lo hermosas que somos y que si seguimos así, juntas, podemos lograr muchísimas cosas que nos hemos trazado. Creo que es lo más valioso que he aprendió al trabajar con más mujeres y es que cada vez reconozco tantos talentos y tanta inteligencia en las mujeres que me hace sentir muy fuerte y animada a seguir trabajando.

Un comentario sobre ““Las mujeres en la guerra demostramos ser muy valientes”: Juana Ruíz, una tejedora de la reconciliación

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  1. “Cuando la mujer tiene un trabajo digno, se minimiza la violencia intrafamiliar”, si hablamos de empoderamiento, este es un gran ejemplo, digno de compartir, gracias por publicar esa fabulosa entrevista

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