Quietas todas

#DomingoDeInvitadas

Texto: Daniela Herrera

Ilustración: Daniela Fonseca

Era un caluroso día de verano, de esos días donde las personas aceleran el placer de comerse un helado a no ser que se desperdicie placer y quede derretido en la mano, de esos donde los niños simultáneamente juegan y se refrescan frente a los hidrantes rojos y donde los parques están repletos de personas en bañador que buscan cambiar –así sea por un instante- el tono de su piel. En este día tres amigas, todas eran habitantes de la misma ciudad de inmensos rascacielos y diversos inmigrantes, se pusieron cita bajo el sol ardiente, pues a ninguna le molestaba el calor extremo (el frío extremo tampoco, pero ese es otro tema).


Libertad, una de las tres amigas, fue la primera en llegar. Ella venía de Francia, pero hace muchos años había encontrado un hogar en esta linda ciudad e incluso había aprendido tan bien el inglés, que ya había perdido su acento francés (claro, había tenido mucho tiempo para practicar). Como las amigas que esperaba, Libertad había tenido un lindo bronceado—perdón, una piel cobriza, pero con el pasar de los años se había vuelto verde. Por esto su semblante parecía más soberano y esplendoroso. Seguro su gran tamaño también ayudaba a que las personas la vieran así.


La segunda en llegar fue Perseverancia. Ella también había inmigrado desde Francia, pero, al haberse enfocado en el lenguaje de la danza en vez del inglés, todavía tenía un fuerte acento francés. Orgullosa de su métier, siempre llevaba puesto un tutú y zapatillas de ballet, y como no le importaba lo que la gente pensara de ella, las personas al verla admiraban su confianza (ya que no hay mejor estilo que la confianza). La tercera en llegar fue Valentía. Ella se parecía a Perseverancia, sólo que ella sí había nacido en esta ciudad. Usaba un vestido ligero y botas en vez de zapatillas. Era lo más cómodo para jugar con su mascota, un toro enorme el cual sólo ella sabía apaciguar.


Después de saludarse, las tres amigas empezaron a contar aquello que les inquietaba, y lo hacían con completa honestidad, pues entre amigas nadie debe juzgar. “¿Y no les da miedo andar en falda por la ciudad?” —preguntó Libertad a sus amigas. “¿Y por qué habría de darme miedo de andar en falda?” —respondió Valentía. “Creo que Libertad pregunta esto pues he escuchado que algunas personas creen que cuando algo malo le sucede a una mujer es por culpa de lo que lleva puesto” —dijo Perseverancia, “y no de la sociedad, que se olvida de enseñar los valores del respeto…” continuó, “¡Y de la Libertad!” —dijo Libertad, quien continuó: “el otro día escuché a una madre decirle a su hija que tenía que ser muy inteligente, pero no demostrarlo para poder encontrar un buen marido, y que para conservarlo debía callar para no molestarlo y tener cuidado de que no la golpeara”. “Pfff” —exhalaron las otras dos amigas. “Pues qué bobada, ¿por qué voy a tener que esconder lo increíble que soy sólo para que alguien no se sienta mal y me maltrate?” —dijo Perseverancia. “¡Total!, ¿por qué no enseñan mejor a las personas a aceptarse como son? ¡Nosotras tres somos todas muy diferentes, pero ninguna mejor ni peor que otra!” —añadió Valentía.


Este tema las sacudía en lo más profundo de su ser, pues llevaban muchos años viendo y escuchando injusticias como estas sin que ningún cambio se produjera. Libertad, que era la mayor, utilizó el fuego de la llama que cargaba en su mano derecha para inspirarse y dijo “Pues les propongo algo, en signo de protesta quedémonos quietas las tres en nuestras casas hasta que las niñas y las mujeres puedan salir tranquilas, que si se visten de una forma u otra sea por su estilo y no porque se sientan más o menos vulnerables y que los niños y los hombres se puedan sentir vulnerables sin miedo a ser ridiculizados. En breve, que las personas no sólo se sientan libres, sino que actúen en libertad y con respeto”. “¡Guau!, pero qué gran idea. I’m in!” —dijo Valentía emocionada, y añadió “Le voy a decir a mi toro que haga lo mismo en señal de protesta”. “D’accord ! Todo el mundo debe tener la oportunidad de portar la confianza tan bien como yo” —dijo Perseverancia.


Y así las tres amigas decidieron permanecer inmóviles, con la ambición de inspirar a cuanta persona se alcance hasta que un cambio ocurra.

Daniela Fonseca estudió artes en la Universidad Javeriana. Es ilustradora freelance, amante del color y abrazadora profesional de animales.

Daniela Herrera Dimaté estudió Literatura en la Universidad de Los Andes, también es Gestora Cultural de la Universidad del Rosario. Pretende asistir a cuanto festival de música se le atraviese, le encanta el fútbol y el té.

2 comentarios sobre “Quietas todas

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  1. Es irónico que las naciones utilicen la imagen de la mujer para expresar en bronce, acero, mármol, entre otros materiales, los grandes ideales de la humanidad. Sin embargo, esos mismos ideales son negados a las mujeres.

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