Relato de una abogada

Por: A. Kolántai para #DomingoDeInvitadas

¿Sabe usted qué es despertarse en un país en el que, a pesar de que sean más mujeres estudiando Derecho y, por ende, las que más se gradúan de “Abogados”, la mayoría de los socios de los grandes bufetes son hombres?

La jerarquía en los bufetes de abogados, aunque más complicada que esto, puede resumirse así: los Socios en el tope de la pirámide (por ellos, los clientes acuden a esa firma y no a otra) y por debajo suyo los asociados: abogados senior y abogados junior, categorizados así según su experiencia.

No hace falta ser estadista para entrar a las páginas web de las grandes firmas de abogados e identificar que i) no solamente son más socios hombres que mujeres -bastantes más hombres que mujeres-; sino que ii) en todos se encuentran más asociadas mujeres que hombres.

Entenderán que me pregunté por qué a pesar de que existen más abogadas que abogados, y que hay más asociadas que asociados, son los hombres quienes terminan, principalmente, como socios y directores de estas grandes empresas.

Habrá algunos que digan que esto es un factor común porque las firmas más reconocidas llevan muchos años en el mercado y en los años de su fundación las mujeres ni siquiera asistían a la universidad. Quizás otros dirán que tales mujeres nunca tuvieron el dinero para hacerse socias. Igualmente, no faltará quien diga que se trata de una cuestión biológica, que la mujer trabaja hasta donde su familia y el formar a sus hijos y mantener un hogar se lo permita. 

No sé ustedes, pero en lo personal, ninguna de esas ni otras justificaciones me resultan suficientes.

Tampoco fue suficiente estar 5 años en una facultad absurdamente machista, donde los profesores acosaban a sus estudiantes mujeres – a veces, incluso hasta a hombres–, las chantajeaban con sus bajas notas y hacían proposiciones indecentes y manifiestamente ilegales. Pero, como todo, siempre resulta preferible salvaguardar el nombre de la institución, al igual que sucede con las firmas. ¿Por qué nadie cuestiona la falta de creación de firmas en cabeza de mujeres? ¿Cuál es la razón para que el Derecho siga siendo una manifestación de la dominación de la mujer?

Resulta absurdo que en el mundo del Derecho no se perciban prácticas ecuánimes ni con tintes igualitarios cuando es desde el Derecho que se conquistan las grandes luchas por la igualdad. De hecho, estamos ante algo verdaderamente contradictorio: se trata de un verdadero nicho reproductor del machismo y el patriarcado.

El Derecho, queridos amigos, es un campo de disputa y así lo debemos entender quienes lo practicamos. Necesitamos detener los actos que continúan dejándonos atrás, sin reconocer que somos iguales. Iguales por nuestras capacidades intelectuales, de análisis y de solución. Es eso lo que nos hace pares en este mundo.

Pero, claro, nadie te dice que no estarás en la dirección de las firmas ni serás mayoría en las altas cortes cuando entras a estudiar Derecho; nadie nunca te dice que siempre serás quien esté manteniendo la estructura, pero desde abajo.

Cuando decidí estudiar Derecho, recuerdo bien cuál era el motivo. Buscaba reivindicar los derechos de los demás, pero nunca el mío, pues no pensé que ello fuese necesario. A diferencia de muchas mujeres, contaba con la comodidades que me permitían no pensar en la necesidad de cambio, pero al adentrarme en el “mundo real”, tuve que darme cuenta que no sólo debía luchar por la Otredad, sino por mí, ya que al ser mujer estaba en clara desventaja con respecto a mis compañeros.

Cada vez que salía de un parcial o final oral, se escuchaban los murmullos de los demás, todos preguntándose cómo había logrado alcanzar un 5 o aclarando que ellos sabían que el profesor tenía claras intenciones y que ello era el resultado de mi nota.

Muchas veces me pregunté si esto era así. ¿Pero por qué? ¿Por qué no puede ser suficiente creer que era lo bastante buena para lograr igual o mejor nota que la de mis compañeros hombres?.

Con esto, encontraba otro rezago del machismo: si eres mujer y estudias Derecho, nunca serás lo suficientemente buena para estar dónde estás. Todo siempre va a ser cuestionado y tus capacidades nunca van a ser valoradas. El sistema está al servicio de un constante ataque a quién eres y a cómo consigues tus sueños; a una disminución de ti, mujer.

Me pregunto, entonces, si los clientes empezarán a hacer esos mismos comentarios; si cuestionarán quién soy, cómo logro ganar un caso y si soy lo suficientemente bonita como para agradarle a un juez.

Estas preguntas no deberían ser las que surjan después de muchos años de carrera, una especialización y muchas noches y fines de semana de trabajo y estudio. No tengo ni tenemos que permitir que los otros nos deslegitimen de esa manera. Somos profesionales, al igual que ellos. Buscamos el éxito, tal y como ellos lo hacen. Entonces, ¿qué nos queda después de aceptar que estás dinámicas existen, que nos golpean y que nos minimizan? Pues bien, queda crear espacios distintos, donde algún día, en prestigiosas revistas de reconocimiento y categorización de los mejores abogados y firmas, abunden las mujeres y no sean una excepción.

Puede que esta columna no sea suficiente para describir el status quo que nos aflige ni tampoco dé muestras exactas de cambio y transformación, pero, por lo menos, es un intento de mostrar la incoherencia del mundo del Derecho en nuestro país y de las mujeres que no se conforman con ello.

 

Un comentario sobre “Relato de una abogada

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  1. En Finanzas pasa igual, las mujeres minoría.
    Pero mi voz en cada espacio ha parado con decencia los jefes que me ofrecieron crecer a cambio de “ya sabes que”, motivado a mujeres más Júnior a qué tengan voz fuerte y a mandar a la 💩 con cariño a mis colegas que asumen que logro lo que logro porque tengo un buen par de tetas!!

    Le gusta a 1 persona

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