La violencia de género es un síntoma, no la raíz del problema

El domingo, 25 de noviembre, conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Un día absolutamente relevante dentro de la lucha feminista porque nos da la posibilidad de contar la historia, de concientizar a los demás, pero sobre todo, de visibilizar todo tipo de violencia del que somos y hemos sido víctimas las mujeres y ha estado normalizada dentro de la sociedad durante tantos años.  De hecho, nos hemos unido con Dos Latinas para realizar un evento el día de hoy para que reflexionemos frente a cómo podemos erradicar la violencia de género en nuestra cotidianidad. Será a las 7:00 PM en el Mono Bandido de la 93 en Bogotá. ¡Los esperamos!

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De acuerdo con la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la violencia contra la mujer se entiende como: “Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada”.

Entendiendo lo anterior, explicaré cómo se origina esta conmemoración. En el año 1960, en República Dominicana, fueron brutalmente asesinadas las hermanas Maria Teresa Mirabal, Patria Mirabal y Minerva Mirabal por órdenes del dictador Rafael Leónidas Trujillo  (Por cierto, les recomiendo “La Fiesta del Chivo” de Vargas Llosa. Un excelente libro para conocer más de esta dictadura). Las hermanas, conocidas como “Las Mariposas”, fueron activistas durante muchos años, motivo por el que algunas estuvieron varias veces en la cárcel y por el que la dictadura las tenía entre ojos.  De hecho, tenían información de que podrían asesinarlas y la respuesta de Minerva a esto es la definición exacta de lo que es la resistencia: “Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”.

Imagen tomada de la Liga Internacional de los Trabajadores

Hace algún tiempo escribimos sobre la cultura de violación y señalamos que: “Esta cultura ha hecho que nos sintamos vulnerables la gran mayoría del tiempo, que limitemos nuestro comportamiento y que vivamos con un miedo constante frente a lo que nos puede pasar. No podemos caminar tranquilas por la calle ni en el día ni en la noche, no podemos hablar tranquilas con un desconocido, en muchos casos no podemos señalar nuestro hogar o nuestro trabajo como lugares seguros, no podemos tomarnos un trago tranquilas, etc”. En ese sentido, la violencia contra la mujer nos golpea de maneras inimaginables a cada una de nosotras, tanto que, sin darnos cuenta, hemos adaptado nuestra vida a la misma.

Imagen tomada de Amnistía Internacional

Así que cuando hablamos de violencia contra la mujer, no hablamos solo de la violencia física o psicológica que es evidente para muchos. También incluimos todos esos tipos de violencia que parecen imperceptibles y que están tan normalizados que jamás definiríamos como violencia. Por ejemplo, cuando no toman en cuenta nuestras opiniones o nos creen menos capaces por ser mujeres, cuando se asume que el hombre es la cabeza del hogar, cuando no podemos caminar tranquilas por la calle porque nos van a gritar algún piropo, cuando no podemos estar tranquilas en un bar o en el transporte público porque nos van a manosear, cuando nos pagan menos en el ámbito laboral aunque hagamos el mismo trabajo que un hombre, cuando la sociedad nos exige ser mamás o llegar vírgenes al matrimonio, cuando no podemos tomar decisiones autónomas sobre nuestro cuerpo o sobre nuestra vida, cuando escuchamos chistes sexistas o aceptamos imágenes que degradan a la mujer sin levantar nuestra voz, cuando se asume que es la mujer la que tiene que encargarse de los quehaceres del hogar, entre muchos otros.

Es por esto que el trabajo alrededor de su erradicación es tan importante. Para poder hacerlo correctamente es fundamental entender que la violencia de género es un síntoma y no es la raíz del problema. Es un síntoma del patriarcado. Es un síntoma de la cultura machista. Es un síntoma de una sociedad que se acostumbró a ver a la mujer como un objeto. Es síntoma de la indiferencia. Es síntoma de la normalización. Es síntoma de percibir a las mujeres como seres inferiores. Es síntoma de una cultura que defiende al victimario y culpabiliza a la víctima. Es síntoma de una sociedad que ha estado enferma por años y que necesita a gritos que saquemos los brazos y seamos más fuertes, tal y como lo hizo Minerva cuando supo que la iban a asesinar como resultado de su activismo.

Así que lxs invito a que saquemos los brazos y seamos más fuertes. Concienticemos, denunciemos, no apoyemos, levantemos la voz cuando veamos algún tipo de violencia en nuestro día a día, no sigamos permitiendo que pase desapercibida. Está en nuestras manos reinventar una cultura que ha estado arraigada por años y que ha sido tan perjudicial para nuestra sociedad. Así que: Mujeres, recordemos que no estamos solas y que cada vez somos más luchando por nuestra causa. Hombres, acompáñennos y sean nuestros aliados.

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