¡Machismo hasta en los impuestos!

Sé que muchos leerán el título de esta columna y pensarán, otra vez las feministas quejándose por todo. ¿Pero qué sería de este mundo sin mujeres conscientes y críticas de la realidad? Es por eso que la política fiscal también hace parte de la discusión que se teje en el feminismo, no solo porque somos seres políticos sino por las implicaciones que tiene en el bolsillo de las mujeres y en lo que nos parece culturalmente normal.

Como nos metimos en la política fiscal vamos a hablar de números. En Colombia, como en otras partes del mundo, las mujeres tenemos que pagar impuestos por utilizar productos íntimos femeninos. Y aunque por más íntimos que sean, son de primera necesidad. Se estima que una mujer menstrúa en promedio 6 días por mes durante 40 años y de hecho, hace algunos meses habíamos hecho el cálculo que una mujer utilizaría durante su vida alrededor de 14.000 toallas o tampones.  De acuerdo con cálculos realizados por la investigadora Natalia Moreno, la contribución anual de las mujeres por la compra de estos productos es de aproximadamente 105 mil millones. Aunque para algunos no parezca obvio, las mujeres estamos pagando impuestos por productos de primera necesidad que se podría traducir a un impuesto por ser mujer en edad de reproducción.

Teniendo en cuenta lo anterior, hace unos años un grupo de mujeres liderado por el Grupo de Género y Justicia Económica de la Red de Justicia Tributaria impulsó la campaña #MentruaciónLibreDeImpuestos. Con ésta lograron que tras la reforma tributaria del 2016, realizada por el gobierno de Juan Manuel Santos, el IVA a los productos de higiene femenina  no aumentara a 19%, como lo hicieron otros productos y como lo planteaba la reforma, sino que se redujera al 5%. Para el grupo de investigación el IVA que se impone a la menstruación agudiza la desigualdad económica de las mujeres. Dicha disminución fue un logro pero no el fin de la batalla, de hecho, ni siquiera se presentó documentación técnica que justificara la no exención del IVA por parte de la Corte. Actualmente estamos a la espera que la Corte Constitucional emita un fallo como respuesta a varias demandas que señalaban como inconstitucional el artículo dentro de la reforma tributaria mencionada. La magistrada Gloria Ortiz, presidenta de la Comisión de Género de la Rama Judicial y ponente, señaló que se está violando el principio de igualdad. Moreno afirmó: “Esperamos  y tenemos esperanza que la Corte de ejemplo como en otros países de que no deben existir impuestos atados a uno de los dos sexos, queremos dejar claro que seguimos pendientes y dispuestas a movilizarnos porque en el país haya “una menstruación libre de impuestos”.

Es realmente absurdo que los productos para la menstruación, que es una condición biológica, sean tratados como un lujo si es más que claro que son productos de primera necesidad para las mujeres. La pregunta que nos hacemos es: ¿Por qué debemos pagar impuestos por una diferencia física?  Así que sigo ansiosa de conocer el fallo de la Corte, no solo para tener como precedente que le estamos diciendo no a los impuestos sexistas sino que desde la institucionalidad se está enviando el mensaje correcto.

Y hablo de precedente porque el tema no termina aquí. Esto no se reduce exclusivamente a productos de uso íntimo femenino, pasa con una gran cantidad de productos que son elaborados y vendidos pensando en las mujeres. La mayoría de productos con etiquetas rosadas, con las que seguimos promoviendo estereotipos, normalmente tienen un sobrecosto que puede oscilar entre el 5 y el 20% en comparación los demás. Pasa en Colombia y pasa en la mayoría de países del mundo y es conocido popularmente con el nombre de “pink tax” o “impuesto rosa”. De hecho, el informe de política fiscal y género ‘Que no se descargue la crisis sobre las mujeres de la Red de Justicia Tributaria del año 2015’ dejó en evidencia la información que comparto a continuación:

Tabla 1: Diferencia de precios dependiendo del sexo

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Lo anterior no puede seguir pasando cuando tenemos en cuenta que en Colombia las mujeres presentan una tasa de desocupación del 55,1% de acuerdo con las últimas cifras del DANE, reciben 20% menos de salario que un hombre por realizar el mismo trabajo a pesar de ser más educadas y solo 3 de cada 10 pesos producidos en la economía realmente llega a ellas.  Esto nos deja en evidencia que la política fiscal del país no es equitativa, no es justa, es sexista y necesita con urgencia tener en cuenta la condición de desigualdad que enfrentamos las mujeres. ¿Nos sentimos realmente cómodas con esto?  

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