El mito de la virginidad

¿Qué es la virginidad? Nada más y nada menos que una construcción social. No es un concepto cualificable. Su definición depende completamente de las convenciones sociales existentes y las creencias personales. No es un concepto ni médico, ni científico y mucho menos demostrable. Y sin embargo usamos la virginidad como una medida universal para determinar la pureza y el valor de la mujeres. Todos hemos usado alguna vez la expresión “perder la virginidad”. Muy probablemente pasaron largas horas de su adolescencia pensando en ese evento en ese singular momento que marcaría un antes y un después en sus vidas.

El problema de esta obsesión es el siguiente: el concepto de la virginidad ha servido, casi más que cualquier otro, como una herramienta de control sobre las mujeres y sus cuerpos. El valor de una mujer depende de su pureza. Y la pureza no es nada más que la virginidad.

Ejemplos sobran. Hay lugares en el mundo donde un hombre puede asesinar a su hija, esposa o hermana por no llegar virgen al matrimonio, pues es una afrenta al honor de la familia o lo que se conoce como un crimen de honor. El valor de una mujer para el matrimonio también dependía de este hecho. Tras la noche de bodas, las familias se aseguraban que hubiera sangre sobre la sabana de los recién casados para determinar la virginidad de la novia. Si no la había, entonces podía cambiar el precio de la dote, o simplemente dar por anulado el matrimonio. Una mujer no virgen no era digna de un hombre. Hasta hoy, como nos relató Paola es su columna “En el colegio me enseñaron de todo excepto a conocer mi propio cuerpo”, los colegios colombianos le enseñan a las estudiantes que perder la virginidad es equivalente a perder valor, o ensuciarse.

Mientras exista el mito de la virginidad, mientras nuestro valor como persona dependa de un estándar inventado de pureza, nuestra sexualidad nunca será libre e independiente. Quiero que cada una de las mujeres que están leyendo esta columna intenten acordarse de sus primeras experiencias sexuales. ¿Sintieron culpa? ¿Vergüenza? ¿Pena? Es inaceptable que vivamos en una sociedad que nos obligue a sentirnos así. Las invito a que descubramos en qué consiste el mito de la virginidad y a que lo mandemos a la mierda.

  • Sobre perder la virginidad

Les dije antes que la virginidad no tiene una definición universal o cuantificable. Y esto puede parecer extraño. A fin de cuentas, todos sabemos qué es ser virgen: una persona que no ha tenido relaciones sexuales. Pero, ¿qué es una relación sexual? ¿solo ciertos actos cuentan? Porque en nuestro imaginario común, una mujer ha tenido una relación sexual únicamente cuando ha sido penetrada vaginalmente por un pene.  Y las mujeres lesbianas, ¿qué? ¿Vírgenes hasta la muerte? Es paradójico pues sabemos que disfrutan de muchos más orgasmos que las mujeres heterosexuales.

El punto es que no hay una forma única de tener una relación sexual. La definición tradicional y heteronormativa no es suficiente. No hay ninguna razón para pensar que ser penetrado por un pene es más íntimo o sexual que otros actos. O que tiene un impacto más importante. Ese es un falocentrismo barato y agotado que no tiene cabida en las discusiones sobre sexualidad.

  • Todo está en el himen

Les dije también que la virginidad no es un hecho médico o científico. No es comprobable. Pero, entonce¿qué pasa con el himen? Pues que no es nada más que una mentira. Las pruebas de virginidad que examinan el estado del himen son una afrenta a la dignidad de las mujeres y están basadas en un mito médico muy alejado de la realidad.

El himen es una membrana que rodea la apertura vaginal. Es muy raro que la cubra completamente, o inclusive que la cubra lo suficiente para que la introducción de un tampón , una copa menstrual o la penetración vaginal sea dolorosa. Y el himen no se “rompe”. A lo largo de la vida de una persona, el himen se desgasta como consecuencia de la actividad cotidiana. Es absurdo pensar que la única forma de abrir el himen es penetrándolo con un pene. El himen es una membrana que siempre está al menos parcialmente abierta, o si no, ninguna mujer virgen podría menstruar porque la sangre no tendría por donde salir. Los extrañisimos casos en los que el himen no esta abierto requieren una intervención quirúrgica.

La relación entre el himen y la virginidad es mentirosa. Y de ella surgen muchos otros mitos que afectan nuestra vida sexual. Como la idea de que la primera penetración vaginal siempre es dolorosa. O la idea de que una mujer virgen sangrará  en su noche de bodas.

Pero hagamos una pausa también para pensar que la idea de probar la virginidad a través del himen profundiza la idea que la virginidad debe ser exclusivamente femenina. Es una “virtud” que exigimos únicamente de las mujeres. Y no solo eso sino que la carga de la prueba se la dejamos exclusivamente a las mujeres también.

  • La virginidad es una virtud y una prueba de pureza

De nuevo es esa idea de que de alguna forma tener sexo es algo sucio, negativo, que corrompe. Pero vean la paradoja. En algún punto deja de corromper. En la tradición religiosa es cuando se hace en el marco de un matrimonio, con un hombre que tiene el título de esposo. En otros casos es cuando el hombre paga la dote por la mujer. Inclusive hay quienes piensan que es cuando se conoce  al “amor de la vida” (otro concepto problemático que nuestra pola Sintura discutió en la columna https://sietepolas.com/2018/02/13/inventarnos-el-amor-desde-cero/). Entonces no es el acto en sí mismo, sino el hombre con el que se hace. Es casi como si el problema no fuera que tengamos sexo, sino que nos neguemos a pertenecer a una persona (y solo a una).

Y esto juega también en la construcción de los discursos homofóbicos. La idea de que la penetración con un pene de alguna manera contamina un cuerpo, lo humilla, lo ensucia, es en gran medida la razón por la que el sexo entre dos hombres genera reacciones tan violentas de parte de algunos. Y al mismo tiempo, es el motivo por el que para algunos homofóbicos es tan fácil tratar el sexo entre dos mujeres como algo inofensivo, casi inexistente, que no cuenta. Acordémonos, por ejemplo, del senador colombiano Roberto Gerlein, quien en pleno debate sobre el matrimonio de parejas del mismo sexo en Colombia afirmó “A mí nunca me ha preocupado mucho el catre compartido entre mujeres, porque ese homosexualismo no es nada y sin trascendencia pero compartido por dos varones es un sexo sucio”

  1. Promover la virginidad protege a las mujeres y niñas

    Si el mito de la virginidad a perdurado a través de milenios, es en parte porque nos preocupa que lo contrario sea perjudicial para las mujeres. En nuestro imaginario social patriarcal en el que las mujeres son indefensas y vulnerables, parece imposible abrir la puerta a una vida sexual libre sin que las mujeres sean acosadas e irrespetadas. Pero el mito de la virginidad también ha sido una excusa para ejercer violencia sobre el cuerpo de las mujeres. La violencia psicológica necesaria para someternos a un estatus de vírgenes o de putas. La violencia física de la que les hablé más arriba (por ejemplo los crímenes de honor). E inclusive la violencia sexual y el acoso que resultan de nuestra veneración de la virginidad, de la idea que “quitarle” la virginidad a alguien es un honor, un trofeo. De nuestra sexualización de la inocencia que confundimos con pureza. Esa violencia que celebramos socialmente con libros como Lolita.

    Esta infantilización de la mujer, esta incapacidad de verla como un ser humano capaz, autónomo, independiente, es lo que está en el centro del patriarcado.

Tener una relación sexual deseada no cambia ningún elemento físico ni moral de una persona.  No alarga el pene ni afloja la vagina. No conlleva un cambio emocional. Ni siquiera nos enseña nada particular, aparte de si algo nos gusta o no. Tener una relación sexual por primera vez es tan significativo como intentar casi cualquier cosa por primera vez. Y puede ser un momento especial, o un momento incómodo, o un momento del que no vale la pena acordarse. Pero en todo caso no cambia la esencia de la persona. No la define. La virginidad no es nada más que un mito.

Los dejo con las palabras de Jesicca Valenti, autora del libro El Mito de la Pureza: “¿Cuál es la diferencia entre venerar a una mujer por ser atractiva sexualmente y ponerla en un pedestal de pureza? En ambos casos, el valor de la mujer es contingente a su habilidad para complacer a los hombres y a modificar su identidad sexual alrededor de lo que los hombres quieren”.

Un comentario sobre “El mito de la virginidad

Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: