El acoso también está donde menos lo esperamos

Pedro Medina era un nombre que hasta hace algunos días despertaba la admiración de muchas personas en el país y en el extranjero. Un reconocido empresario que hace parte de la élite colombiana pero que había decidido alejarse del mundo empresarial y crear la fundación Yo creo en Colombia, con la búsqueda de empoderar a los colombianos para que puedan destacar lo positivo del país y generar alternativas de cambio. Hace tan solo unos meses me encontraba en el aeropuerto esperando mi equipaje, él estaba a mi lado y fui testigo de cómo 3 personas se acercaron a mostrarle su admiración y pedirle una foto. Sin duda, es un personaje reconocido.

Él mismo se describe como sembrador, tejedor, maestro, catalizador y mentor desde Yo creo en Colombia, el Museo de la Paz y la Minga. Estudió en el Colegio San Carlos de Bogotá, realizó estudios universitarios en la Universidad de Virginia y en la Universidad de Harvard, trabajó en grandes multinacionales como Propilco, Sofasa, Mobil Polymers International  y es ampliamente reconocido como el cerebro detrás del gran éxito de McDonald’s en el país.

Imagen tomada de Pulzo

Tampoco es un secreto que Pedro era muy generoso a la hora de compartir su conocimiento e intentar ser coach de jóvenes, principalmente hombres, que estaban finalizando el colegio, iniciando la universidad o que estaban empezando a emprener. Por eso me sorprendí cuando empecé a escuchar testimonios de diferentes hombres que señalaban que Pedro Medina los había acosado sexualmente. Curiosamente  conocí el testimonio directo de dos de ellos, con diferencias significativas de edad. Las demás historias que escuc eran contadas por personas que habían oído el testimonio de otros. Me parecía increíble que este personaje llevara años usando la misma estrategia para llevar jóvenes a su finca y nadie hubiese denunciado este hecho.

Pero la semana pasada me encontré con la siguiente publicación en Facebook que buscaba testimonios contra un reconocido empresario. Cuando lo leí supe inmediatamente de quién se trataba y no demoré en publicarlo en una de mis redes señalando directamente a este señor.

Seguí sorprendida cuando me empezaron a llegar mensajes de amigos o conocidos por el siguiente estilo: qué bueno que por fin se conociera lo que este señor hacía, que conocían otras víctimas, que habían vivido algunas situaciones incómodas con él, que habían sido invitados reiteradas veces a su casa, etc. La pregunta es: ¿por qué deben pasar tantos años para que la verdad salga a luz pública?

Algo muy similar pasa con la iglesia católica, una institución que no necesita presentación pero de la que quiero señalar particularmente su afán por satanizar y prohibir todo lo relacionado a la sexualidad. Sí, de acuerdo con ellos si usted se masturba, si usted usa algún método anticonceptivo, si usted tiene relaciones sexuales por placer y no para procrear o si tiene relaciones sexuales prematrimoniales está siendo un ser impuro y está cometiendo un pecado. Crecí en una familia y en colegios católicos pero no tuvo que pasar mucho tiempo durante mi adolescencia para que empezara a cuestionar a semejante institución. Una de las principales razones está asociada a uno de los escándalos más comunes y reiterativos de la iglesia católica, pero uno de los mejor escondidos: la pederastia. Aunque pareciera que para ellos esto no es un pecado ni un acto impuro.

La semana pasada se reveló un informe detallado que presentaba evidencia contra más de 300 curas abusadores en el estado de Pensilvania en Estados Unidos y que revelaba la existencia de más de mil casos de menores de edad que fueron abusados y que la iglesia católica conocía pero que prefirió ocultar por más de 70 años. Algo similar fue revelado años atrás por un grupo de periodistas en la ciudad de Boston que descubrieron cómo los abusos y el encubrimiento por parte de la iglesia católica se realizaba de forma sistemática. ¿La solución? Simplemente transferían al cura abusador a otra ciudad las veces que fuera necesario.

Hablo de estos casos particulares porque han recibido una gran cobertura en medios. Pero en países como Alemania, Argentina, Colombia, Chile, Ecuador, España, México e Irlanda también es fácil referenciar varios casos de abuso sexual a menores por parte de curas mayoritariamente a niños. Entonces vuelvo y pregunto: ¿por qué tuvo que pasar tanto tiempo para que pudiera haber una denuncia pública al respecto? ¿Cómo ha logrado esta institución mantenerse donde está y tener la cantidad de fieles que tiene tras estos delitos sistemáticos cometidos por sus representantes y ocultados por todo el cuerpo eclesiástico?

Imagen tomada de CartoonStock

Si algo tienen en común Pedro Medina y la Iglesia Católica y sus representantes es la posición de poder en la que se encuentran, la buena reputación que los rodea y cómo a través de ésta logran llegar a niños y jóvenes completamente vulnerables que se obnubilan frente a dichas figuras por lo que significan dentro de su círculo social y donde dejan en evidencia la posición de dominación en la que están. Y no nos digamos mentiras, esto no termina siendo más que una representación clara de lo que es el patriarcado mostrando cómo los hombres adultos mantienen el poder principalmente y cómo éste también afecta directamente a los hombres jóvenes o niños que son mayoría entre las víctimas de estos abusadores.

Para finalizar quiero responder la pregunta que me he venido haciendo y es que al igual que lo viven la gran mayoría de mujeres que son abusadas sexualmente, los hombres que han sido abusados no solamente sienten vergüenza por lo que les sucedió sino que también creen que frente a estas figuras de poder su testimonio no será creído y su masculinidad, como es entendida hoy en día, se verá directamente afectada. Asumir y aprender a vivir tras una situación como esta no es nada fácil pero el primer paso siempre deberá ser reconocerla, olvidarse de la culpa que generalmente siente la víctima y poder hablar de lo sucedido. Aquí vale la pena aclarar que esto no es una fórmula mágica y que es más que evidente que no siempre se sigue el mismo camino. El poder excesivo de los victimarios muchas veces lleva a que las víctimas tengan que callar para evitar no solamente la vergüenza pública o la revictimización sino también que su historia sea considerada como falsa.  

Pedro Medina reconoce a través de chats que tiene una enfermedad y que va a buscar ayuda mientras que la Iglesia Católica argumenta que son casos aislados que no se repiten comúnmente… Para las figuras de poder siempre será fácil encontrar una excusa y lograr salir bien librados de estas situaciones. El reto está en que nosotros como sociedad realmente tengamos una actitud de cero tolerancia frente a estos hechos no solamente exigiendo justicia sino entendiendo que las figuras de poder no pueden seguir aprovechándose y saliéndose con la suya sin tener consecuencia alguna. Con este tipo de casos estoy más que convencida que no hay excusa que valga. Adicionalmente, y como lo he mencionado en otras oportunidades, debemos seguir apostándole a las nuevas masculinidades, aquellas que permiten al hombre ser más humano y real y que lo alejen de representar o querer estar acorde con los estándares de “machito” que han sido impuestos. El abuso, en cualquier caso, es gravísimo e inaceptable pero es aún peor cuando una figura poderosa saca provecho de su posición para manipular a sus víctimas. Debemos seguir levantando la voz para decir no más.        

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