Confesiones de una feminista que no quiere votar por Gustavo Petro

Mi intención con esta columna es compartirles una reflexión que llevo construyendo desde el domingo de la primera vuelta de las elecciones. Sé que todos tenemos nuestras historias de ese día y no creo que la mía sea más relevante que las suyas (si algo me ha enseñado la antropología es que la lectura que hace el antropólogo de la realidad no es más válida que la que hacen las comunidades que estudia). Pero mi reflexión sí da paso a una discusión interesante sobre el feminismo y, más específicamente, sobre nuestro rol como feministas en la segunda vuelta de las elecciones de nuestro país.

Ese domingo en la tarde, minutos después de haber decidido que lo mejor era evitar mis redes sociales, me encontré pegada al celular (y de esta manera confirmé todos los prejuicios que los “adultos” tienen sobre nosotros los millennials). Y en estas redes empecé a notar un patrón. Mis amigas y conocidas feministas invitaban a votar por Gustavo Petro en la segunda vuelta, que no es algo sorprendente si consideramos que el candidato de la Colombia Humana le da tres vueltas a su oponente en materia de mujeres, equidad de género y diversidad. No obstante, en muchos casos sentí que estas invitaciones estaban planteadas más como una advertencia que una invitación: que si no votaba por Petro no podía considerarme feminista, o al menos no una feminista “en serio”. Y por esta advertencia, la segunda vuelta se convirtió, para mí, en algo más grande que unas elecciones presidenciales: sería mi prueba de fuego como feminista, pues de mi voto dependería mi derecho a llamarme o identificarme como tal.

Primero me dieron nervios. Por un momento sentí que estaba de vuelta en la universidad y que me acababa de enterar de un parcial para el que no me había preparado, porque definitivamente no estaba preparada para votar por Petro. Pero les cuento que precisamente por feminista (lo era ese domingo y lo sigo siendo) suelo ser muy crítica, quizás demasiado crítica. Y esta columna es el resultado de mi reflexión, es mi respuesta o incluso mi protesta a esta advertencia que me llegó, sobre la inherente o inevitable relación entre votar por Gustavo Petro y ser feminista.

Ahora, no crean que lo que estoy intentando decir es que votar por Iván Duque es feminista (risas). Mi punto es que decidir si una colombiana es feminista o no según su voto en esta segunda vuelta es totalmente reduccionista. Primero, llevamos más de medio siglo definiendo qué es el movimiento feminista como para venir a decir que ser feminista es tan simple como votar por Petro. Segundo, sugerir que una feminista “seria” debería votar por Petro es hacer exactamente lo que el feminismo no hace (y celebra que no hace), que es plantear un deber ser. Creo que lo que más me gusta de este blog es que hemos construido no uno, sino siete feminismos orgánicos, ricos y contradictorios. Esto, y nuestra disposición para tener conversaciones difíciles y desafiar tabúes. Entonces: si cuando hablamos sobre el reggaetón, la religión o la pornografía y sus posibles parecidos con el feminismo no sentí que estaba siendo una mala feminista, ¿por qué sí debería sentirlo si no voto por Petro?

Y eso no es todo. Como buena antropóloga “salí a campo” a hablar con otras feministas que tampoco estaban de acuerdo con que se les revocara su licencia de feministas si no votaban por Petro en la segunda vuelta. Y una de las respuestas más interesantes que recibí y les transmito a ustedes es que el problema de las feministas con las elecciones es mucho más profundo y sistemático que Duque o que Petro. Tal vez habrán escuchado la frase “no hay consumo ético bajo el capitalismo”, que es una frase que una de mis sujetas de estudio trajo a colación para explicarme que “no hay voto feminista bajo el patriarcado”. En este sentido, ni un voto por Duque ni un voto por Petro es feminista, incluso si Petro promete ser el candidato del cambio. Y dirán que esta respuesta es dramática e idealista, pero querer cambios más profundos y sistemáticos no nos hace mejores o peores feministas que las feministas que sí van a votar por Petro. Simplemente demuestra que las feministas tienen más de una posibilidad para la segunda vuelta.

Otro mensaje atractivo que encontré en mi investigación es que, si bien Duque está demasiado lejos de ser el candidato de las feministas, Petro tampoco es el predicador del feminismo. Lo es solo cuando lo sentamos al lado de Duque y sus propuestas de mujeres y de género poco elaboradas. Lo es cuando nos acordamos que a Duque lo apoya el mismísimo Alejandro Ordoñez, que nos hace reír y llorar a todos los que no queremos devolvernos a la Inquisición. Pero no lo era en la primera vuelta cuando teníamos candidatos que sí se acercaban más al feminismo, por su discurso pero también por la viabilidad de sus propuestas (a propósito, algo que encontramos en nuestro análisis sobre los candidatos de segunda vuelta es que algunas de las propuestas de Petro son buenas pero de dudosa viabilidad por el presupuesto que requieren).

Finalmente, el hallazgo con el que más me identifico es que votar no vuelve a nadie feminista. Es cierto que ejercer el derecho al voto es clave para la participación ciudadana, pero esto es tan solo primer paso hacia una participación más activa y duradera. Por lo tanto, si están tan preocupadas por ser tomadas como feministas “serias” en estas elecciones, no basta con votar por Petro y ya. Incluso si sus propuestas son mucho mejores que las de su oponente, ¡las cosas no se hacen solas! Y menos en el caso de Petro, si tenemos en cuenta que como alcalde no fue ejemplar cumpliendo sus promesas. O que, como dijo otra de las feministas con las que hablé, su discurso populista es precisamente eso y no un interés genuino en los temas que trata. 

Hasta aquí llega mi columna, pero sí quisiera aclarar que no condeno a quienes hicieron esta afirmación sobre la estrecha relación entre el feminismo y el voto por Petro, porque comprendo que cuando la hacen parten de la evidencia y no del prejuicio. Pero sí les recuerdo que la realidad (de la que tampoco nos salvamos las feministas) es compleja y multidimensional. Y que entablar discusiones, escuchar e intentar convencer (y hacerlo como lo hemos venido haciendo, es decir bien informadas) es mejor que establecer un deber ser para las feministas colombianas que votarán en la segunda vuelta. Las feministas sabemos lo perjudiciales que son los estereotipos (de género, pero también de nosotros mismas) y por esto es importante que evitemos y no agravemos la polarización que se vive actualmente en el país. Y me robo las sabias palabras de una pola que también participó en mi pequeña investigación: si las feministas fallamos en estas elecciones no será porque un candidato pierda o gane. Será por no ser capaces de tolerar la diferencia  y la libertad de elección de los demás, incluyendo de otras feministas. 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: