De cómo no se necesita ser violador para contribuir a la cultura de la violación

Imagen tomada de Return of Kings

Como muchos de ustedes, la semana pasada fui testigo de varios hechos que me rompieron el corazón y que por segundos me hicieron perder la esperanza. Sin embargo, inmediatamente recordé por qué creo tan vehementemente en el feminismo y por qué esta lucha es más que necesaria. Para iniciar quiero hacer un recuento de algunos de esos hechos:

1. “La Manada”: En el año 2016 en las reconocidas Fiestas de San Fermín en España, una joven de 18 años puso un denuncio en la madrugada indicando que un grupo de 5 hombres la habían violado. Los acusados grabaron un vídeo de 96 segundos que fue pieza clave en el caso y lo enviaron a un grupo de Whastapp que tenían con otros amigos que se llamaba “La Manada”, de ahí viene el nombre con el que se le conoce al caso, acompañado del mensaje: “Follándonos a una entre los cinco. Todo lo que cuente es poco, puta pasada de viaje, hay vídeo” y donde alguno de los amigos respondió: “Cabrones, os envidio, esos son los viajes guapos”.

La semana pasada los jueces emitieron la sentencia a los 5 hombres acusados de haber violado a la mujer. La sorpresa y decepción para todxs es que dicha sentencia señala que los hombres habían sido encontrados culpables de acoso sexual más no de violación. De acuerdo con la legislación española se habla de un delito de abuso sexual cuando se accede al cuerpo de otra persona sin consentimiento y sin violencia física,  mientras que el delito de agresión sexual implica acceso al cuerpo de otra persona para una actividad explícitamente sexual, sin consentimiento y con violencia. Teniendo en cuenta lo anterior, la violación se encuentra dentro del segundo grupo y el artículo 179 lo explica así: “cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de miembros corporales u objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado como reo de violación con la pena de prisión de 6 a 12 años”.

2. Acoso sexual en Universidad Nacional: La semana pasada la estudiante Lizeth Sanabria denunció a Freddy Monroy, reconocido profesor y Director de la Maestría de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, por acoso sexual. Para presentar su denuncia, la joven grabó en su celular el acoso del que fue víctima al realizar una visita en la oficina del profesor. Después de algunos segundos el hombre empieza a pedirle un beso y a cogerle la cara forzándola a que se lo de. Ella decide pararse pero el hombre se para la abraza, la manosea, le coge la cola y no la quiere dejar ir. Ella utiliza el argumento que está comprometida pero el hombre tampoco se detiene. Al final, ella coge sus cosas y se va.

Después de la publicación del vídeo y de que el caso haya sonado en medios de comunicación varias mujeres salieron a decir que ellas también habían sido víctimas de acoso por parte del mismo profesor. No es la primera vez que un profesor, utilizando su posición de poder, acosa a estudiantes en el país.

Imagen tomada del Instagram @wheresoulsmeet

3. Atentado en Toronto: Algunos días atrás un hombre de 25 años llamado Alek Minassian alquiló una van con la que  atropelló a varios transeúntes en una calle de Toronto, Canadá, ocasionando la muerte de 10 personas y dejando heridas a otras de 16. Días después se conoció que el hombre había publicado en su Facebook un mensaje donde decía que “La revolución INCEL había iniciado”. INCEL hace referencia a un grupo misógino de hombres que dicen estar en celibatoélibe involuntario, es decir, que no pueden tener sexo a pesar de querer hacerlo.  Estos hombres señalan que las mujeres les niegan sexo injustamente porque no son atractivos y, por consiguiente, no logran tener una relación amorosa. El administrador de la página web indica que no apoyan ni están asociados con ningún atentado terrorista pero que puede haber algunos extremistas en el grupo.

Para muchas personas estos hechos parecerían aislados, dirían que solo fue una mala semana para las mujeres y para el feminismo, que tendremos mejor suerte la próxima semana, pero la realidad es que son más comunes de lo que se imaginan y es por eso que es necesario hablar de un concepto que a algunos les parecerá exagerado, pero que explica perfectamente por qué se siguen presentando y tolerando estos casos. Este concepto es la cultura de la violación.

Alrededor de los años 70, la segunda ola del feminismo empezó a hablar de este concepto. Con la cultura de la violación se pretendía mostrar que la violencia sexual se había normalizado dentro de la sociedad. En ese momento a través de una película: “Rape culture” se mostraba la relación entre la violación y las fantasías sexuales que tenían los miembros de la sociedad, esto lo hicieron analizando los medios de comunicación y la cultura de la época en general.

De acuerdo con el Centro de Mujeres de la Universidad Marshall, la cultura de la violación es un entorno en el que la violación es predominante y en donde la violencia sexual contra las mujeres es normalizada y excusada en los medios y en la cultura popular.  La cultura de la violación es perpetuada a través del uso de lenguaje misógino, la objetificación del cuerpo de la mujer y la relevancia de la violencia sexual, creando así una sociedad que no se preocupa por los derechos y la seguridad de las mujeres. 

Teniendo en cuenta lo anterior, es evidente que la cultura de la violación afecta a todas las mujeres. Esta cultura ha hecho que nos sintamos vulnerables la gran mayoría del tiempo, que limitemos nuestro comportamiento y que vivamos con un miedo constante frente a lo que nos puede pasar. No podemos caminar tranquilas por la calle ni en el día ni en la noche, no podemos hablar tranquilas con un desconocido, en muchos casos no podemos señalar nuestro hogar o nuestro trabajo como lugares seguros, no podemos tomarnos un trago tranquilas, etc. Ese miedo permanente a que algo nos pueda pasar es lo que algunos conocen como el legado que ha dejado la cultura de la violación y que no experimentan los hombres en su día a día, pues en la mayoría de los casos, se sigue viendo el sexo como un acto de dominación del hombre hacia la mujer.

Imagen tomada de TheWireless.co.nz

Pero a pesar que los hombres no experimenten esa vulnerabilidad y ese miedo permanente que vivimos las mujeres, ellos también se ven afectados por la cultura de la violación. ¿Nos hemos puesto a pensar en algún momento cómo el concepto de masculinidad está relacionado con esta cultura? Les hemos enseñado a los hombres que deben ser fuertes, que no pueden sentir, que no pueden llorar, que no pueden demostrar debilidad, que no deben ser empáticos. Tanto así que para algunos expertos en el tema, en ciertos casos la violación va asociada a que el hombre pueda sentirse más “macho”, dado el concepto errado que como sociedad le hemos dado a lo masculino (fuerte y sexualmente dominante) y a lo femenino (dócil y sexualmente sumiso). De acuerdo con Diana Herman, generamos violadores cuando promovemos la socialización de los hombres a través de los valores del control, la dominación, la ira, la agresión y la competitividad. Esto también ha llevado a que cuando un hombre es víctima de una violación sienta culpabilidad y vergüenza y decida no denunciar ni hablar al respecto para que su “masculinidad” no se vea afectada.   

Considerando que vivimos en una sociedad machista, Chris O’Sullivan mencionó que los actos de sexismo se utilizan para validar y racionalizar las prácticas misóginas dentro de la sociedad. Pero, ¿a qué se refiere con un acto de sexismo? Les cuento que puede ser algo tan “inocente” como un chiste sexista o algo tan absurdo como culpar a una víctima de violación por lo que le ha sucedido. Y va más allá afirmando que la violencia sexual contra las mujeres se considera algo normal, porque como sociedad hemos entendido que los cuerpos de las mujeres están disponibles para sexo siempre. Esto último sí que lo deben pensar todos esos hombres que hacen parte del grupo INCEL.

Ahora quiero hacerles una pregunta incómoda ¿ustedes creen que hacen parte de la cultura de la violación? Muy probablemente responderían que no, que cómo se me ocurre preguntar eso, que nunca han violado a nadie. Sin embargo, les tengo una triste noticia: no necesitan haber violado para promover esta cultura. A continuación, voy a hacer una serie de preguntas que me gustaría que respondieran mientras leen este artículo:

  1. ¿Siempre que has tenido una relación sexual has estado seguro/a que hay consentimiento? ¿Hay un sí explícito?
  2. ¿Has aprovechado que tu pareja no está en sus 5 sentidos  para tener relaciones sexuales?
  3. ¿Has juzgado a una mujer por cómo se viste (ropa pegada, faldas cortas, escotes, etc.)?
  4. ¿Has asumido que una mujer quiere tener sexo contigo porque te sonrió, te picó el ojo, habló contigo toda la noche, te dio un beso, te invitó a su casa, etc.?
  5. ¿Le das “piropos” en la calle a las mujeres?
  6. ¿Envías fotos de tu pareja sexual desnuda a tus amigos?
  7. ¿Haces chistes sexistas? ¿Te ríes de ellos? ¿No dices nada cuando tus amigos los hacen?
  8. ¿Te has quitado el condón sin autorización de tu pareja durante una relación sexual?
  9. ¿Crees que los hombres son el “sexo fuerte“ y las mujeres son el “sexo débil”?

Si respondieron afirmativo a una de ellas, quiere decir que hacen parte de esta cultura. De una u otra manera la sociedad en la que vivimos nos ha llevado a que normalicemos este tipo de actitudes y comportamientos y que no veamos nada malo en ellos. Tanto así que de acuerdo con la profesora Sara Projanski de la Universidad de Utah, las representaciones de violaciones en películas y en la televisión presentan un número significativamente alto y no nos hemos alarmado por eso. El reto ahora es qué podemos hacer para que no se perpetúen estos comportamientos.

Pero antes de sugerir qué podemos hacer al respecto, voy a regresar a los 3 casos que mencioné al principio. El caso de “La Manada” no solo deja en evidencia lo que he mencionado en materia de cultura de violación, sino que también lo revela para la justicia y para los medios. La desgarradora sentencia del juicio de La Manada, donde señalan que hubo acoso sexual más no violación porque no hubo intimidación o violencia, y la forma en que los jueces percibieron el caso y la experiencia de la mujer generan un sentimiento de rabia e impotencia indescriptibles. De hecho, uno de los jueces cree que los cinco hombres son inocentes y, además, señala que la mujer (que está siendo violada) no muestra ningún signo de pudor y que no logra percibir “ninguna expresión de oposición, rechazo, disgusto, asco, repugnancia, negativa, incomodidad, sufrimiento, dolor, miedo, descontento, desconcierto o cualquier otro sentimiento similar”.

La forma en que los medios en Colombia trataron la noticia del acoso sexual por parte del reconocido profesor a su estudiante también revela la falta de empatía de una sociedad donde la mujer siempre es culpable. Los medios terminaron revictimizando a Lizeth y buscando la forma de culpabilizarla por lo que había sucedido. Cuando a la mujer le pasa algo el foco siempre se pone sobre ella, no en los hombres. Y esa es una estructura que es tan poderosa y está tan incrustada en nosotros que usaré una frase de la escritora e historiadora, Vanessa Rosales, para ejemplificarlo: “Eva, la responsable, la fuente de la culpa por excelencia”.

Y también llegan los miembros de INCEL para recordarnos que creen que el cuerpo de la mujer les pertenece y que debería estar disponible sexualmente cuando ellos así lo quisieran pues les parece completamente injusto que no puedan tener sexo porque no son físicamente agraciados.

Para finalizar, dejo un listado de acciones que podríamos hacer entre todxs para ayudar a erradicar esta cultura tan perjudicial en nuestra sociedad:

  1. Eduquemos desde pequeños en la igualdad de género.
  2. Evitemos el uso de lenguaje que degrade a las mujeres.
  3. No hagamos chistes sexistas ni nos quedemos callados cuando escuchemos que alguien más los hace. Dejemos precedente que no estamos de acuerdo.
  4. Ten una comunicación clara y asertiva con tu pareja sexual.
  5. Recuerda la importancia del consentimiento. El sí es fundamental.  
  6. Apuntemos y no le tengamos miedo a creer nuevas masculinidades y feminidades.
  7. No promovamos los estereotipos de género.
  8. Respetemos los espacios de los demás.
  9. Busca formas de que las mujeres a tu alrededor se sientan en un espacio seguro.
  10. No consumamos contenido sexista y que promueva estereotipos en medios.
  11. Hablemos del tema hasta que nuestro círculo entienda y sea consciente. Empecemos a concientizar entre todos.

Nota: Si quieren saber más sobre este tema, escríbanme y con gusto les puedo enviar literatura.

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