Los ires y venires del Feminismo

Para ninguna de las Siete Polas es sorpresa que el feminismo tiene una mala reputación en muchas esferas. Muchos también son los mitos alrededor del feminismo y lo que este representa, y los medios de comunicación se han encargado de presentar al feminismo como una corriente de pensamiento rígida y radical que no admite posiciones en contra. No obstante, esto es lejos de lo que es el feminismo. Si en algún momento se basó en conseguir derechos y libertades individuales, hoy se enfoca en la aplicación práctica de estas dos, en las múltiples realidades que una mujer pueda vivir. A lo largo de la historia, las luchas feministas han reflejado las necesidades de las mujeres en los periodos de tiempo particulares en que vivían. Es por esto que el feminismo toma muchas caras, y por tanto, puede ser interpretado de diferentes maneras.

Para entender dónde estamos hay que entender de dónde venimos y reconocer lo que anteriormente otras mujeres han logrado por nosotras (principio #2 de ser una Pola). Mi artículo hoy no va a ser más que una breve, muy breve, historia del feminismo, y algunas críticas que se le ha hecho.

Desde la academia el feminismo puede ser visto a través de cuatro grandes olas: la primera surgió a finales del siglo XIX con la lucha por el voto, la segunda ola alrededor de 1960 buscaba movimientos libertarios, la tercera empezando 1990 se revelaba en contra de la cultura pop y la teoría del género, y hoy en día se habla de una cuarta ola más inclusiva y potenciada por el internet.

 

Primera ola del feminismo: el reconocimiento de los derechos civiles de la mujer

Algunos historiadores han trazado el origen del feminismo a la Ilustración y la Revolución Francesa, pues en sus predicados se hablaba de las libertades, los derechos y la igualdad jurídica que debían gozar los habitantes de ‘La France’. No obstante, la primera ola del feminismo se adjudica a “Las Sufragistas” y los movimientos por adquirir el derecho al voto en Estados Unidos y en Inglaterra a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. El sufragismo tenía dos objetivos: lograr el derecho al voto y el derecho de la educación. Ambas estaban intrínsecamente ligadas, pues al conseguir una podían presionar para conseguir la otra.

En Estados Unidos, el derecho al voto llegó en 1848 con la Declaración de Seneca Falls, luego de la participación de la mujer en las batallas independentistas y la lucha por la abolición de la esclavitud. Para que tengan una referencia las primeras manifestaciones en contra de la esclavitud se dieron en Filadelfia en 1688, pero fue 180 años después que fue abolida la esclavitud (1865). En la Declaración de Seneca Falls se incluyen dos apartados para la inclusión de la ciudadanía civil de las mujeres y el reconocimiento de principios que debían modificar la costumbre y la moral.

Seneca Falls Convention
Foto tomada de: IMBY

En el caso de Inglaterra, el movimiento de ‘Las Sufragistas’ inició alrededor de 1851 pero fue hasta 1903 que se hizo visible su encomienda, cuando sus participantes cambiaron de estrategia y pasaron a la lucha directa. Las sufragistas optaron por interrumpir discursos de ministros, ser encarceladas, hacer huelgas de hambre y realizar actos terroristas frente a edificios públicos para llamar la atención de su movimiento. Inclusive después de esto, fue solo hasta después de la Primera Guerra Mundial, y después del papel protagónico de la mujer sosteniendo la economía e industrias textiles, que el Rey Jorge V aprobó en 1918 la ley del sufragio femenino.

Suffragette
Protesta de la Union Nacional de Sociedades por el Voto Femenino – Foto tomada de: BBC

Cabe aclarar que las sufragistas eran vistas en su momento como rebeldes, personas que por su lucha por el voto iban en contra de la moral familiar, que no iban a lograr más que la fractura de este núcleo e iban a llevar a la decadencia de la sociedad.

De acuerdo la Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional de la Universidad del País Vasco, “Las feministas de esta primera época plantearon también el derecho al libre acceso a los estudios superiores y a todas las profesiones, la igualdad de derechos civiles, compartir la patria potestad de los hijos, denunciaban que el marido fuera el administrador de los bienes conyugales, pedían igual salario para igual trabajo. Todos estos objetivos se centraron en el derecho al voto, que parecía la llave para conseguir los demás. Las feministas del siglo XIX y principios del XX pusieron énfasis en los aspectos igualitarios y en el respeto a los valores democráticos.“ Desde esto, el movimiento sufragista no luchaba por los privilegios de la mujer sino buscaba mejorar la condición de la mujer y la oportunidad de obtener igualdad de derechos para los dos sexos.

 

La segunda ola del feminismo: movimientos libertarios

A mediados del siglo XX, cruzando dos guerras mundiales, surgen dos teorías que marcarían la evolución del feminismo. Por una parte, el marxismo empieza a hablar de las diferencias de las clases sociales, de la emancipación a partir de la independencia económica y de cómo el feminismo de la primera ola no estaba teniendo en cuenta a las clases proletarias. Por otro lado, luego del rol que jugaron las mujeres en las dos guerras, la sociedad busca retornar a la mujer al rol en el hogar, y en las publicidades comerciales emana un concepto de lo que debía ser la feminidad.

Dentro de esta ola surgen dos obras clásicas del feminismo: la primera es El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir. En esta se habla del papel de la mujer como la oposición al hombre, y cómo el discurso femenino se construye a partir de la diferencia con el hombre. Lo femenino es el “otro sexo”. Pero cuando el género femenino se entiende desde “lo otro”, se está negando la humanidad femenina. De aquí sale una de sus grandes frases: “No se nace mujer, se llega a serlo”, mostrando que son las experiencias sociales las que forjan el rol de la mujer.

SDB

Simone de Beauvoir, autora de El Segundo Sexo – Tomada de: The Paris Review

La segunda obra surge del contexto estadounidense, La mística de la Feminidad de Betty Friedan. En ésta Friedan habla “del problema que no tiene nombre”: las mujeres fueron “atrapadas” en la mística de lo que se consideraba femenino: el matrimonio, el trabajo del hogar, la sexualidad pasiva y la crianza de los hijos. Su libro desarrolla la posibilidad que la plenitud femenina se halle en otros lugares diferentes al hogar. En 1966, Friedan funda la Organización Nacional de Mujeres (NOW) y se establece como la principal exponente del Feminismo Liberal. Este tiene como principio fundamental la libertad, establecida en la autonomía personal para tomar decisiones propias y en la libertad política por la habilidad de influir en las condiciones en las cuales uno vive. Su posición inicial no fue abiertamente radical y querían obtener los mismos derechos y oportunidades que los hombres. No obstante, entendían la necesidad que las libertades femeninas fueran autónomas a las de los hombres.

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Betty Friedan en 1970 – Foto tomada de: The New York Times

En contraposición se desarrolló el Feminismo Radical. Sus expositoras consideraban que el sistema patriarcal se mantenía intacto y era la causa de las inequidades entre hombres y mujeres. El patriarcado se entiende como los derechos, privilegios y poder que separan a los hombres de las mujeres. Por tanto se oponían a todo sistema e institución de patriarcado, como por ejemplo la religión, y a algunas prácticas violentas hacia la mujer, como la prostitución. Las participantes de esta corriente fueron reconocidas bajo el nombre de “feministas”. En su lucha, organizaron grupos de autoconciencia donde cada participante compartía su experiencia personal de opresión, y se analizaba para poder transformarse.

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Mujeres en Contra de la Pornografía – Women Against Pornography (WAP)  Times Square, New York,  Estados Unidos. Octubre 20 1979. – Tomada de: ThoughtCo

Una tercera corriente de feminismo se desarrolló bajo el Feminismo Cultural. Si el Feminismo radical buscaba la superación de los géneros, el Feminismo Cultural se centra en la promoción de la naturaleza femenina y en la diferencia de los géneros. Sus defensoras consideran que las mujeres no ganarían con un acceso más equitativo en el poder y los recursos. Optaron por crear comunidades de mujeres y defender la superioridad femenina.

Si la primera ola buscaba la igualdad legal de las mujeres, la segunda ola se enfocó en defender la igualdad de-facto: la sexualidad, la familia, el lugar de trabajo y los derechos de reproducción.

 

La tercera ola: en contra de la cultura pop e incluyente con las teorías de género.

Una de las críticas más grandes que se le hace al feminismo de la segunda ola es que su desarrollo partió del papel de una mujer blanca, de clase media-alta, en Estados Unidos. Con la tercera ola del feminismo, que inicia en la década de 1990, se reconoce que no hay una sola manera de ser mujer. Por contrario, la identidad femenina está determinada por muchas intersecciones sociales, culturales, religiosas y económicas que nos definen. Siendo así, el feminismo estaba dejando de lado grandes porciones de la población mundial como lo era las comunidades afrodescendientes y las comunidades trans.

Sus principales ponentes son hijas de feministas de olas anteriores que quieren “remediar” los huecos que dejaron sus predecesoras. La tercera ola fue posible gracias a los avances económicos y profesionales que lograron feministas anteriores. Son mujeres que trabajan por una justicia social, racial, económica y de género, pero son conscientes de las barreras que presentan el sexismo, el racismo y el clasismo.

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Tomada de: Biblioteca de Derecho de la Universidad de Georgetown

Expresiones femeninas en la música, la literatura y otras artes, empiezan a ser más recurrentes. Así como se reconoce la sexualidad femenina como algo positivo y se cambian las mentalidades sobre las expresiones sexuales. Sus exponentes buscan reimaginar lo que se considera el género, la belleza, la sexualidad, la feminidad y la masculinidad, entre otras cosas.

 

La cuarta ola: la magnificación del internet

A diferencia de las olas anteriores, la cuarta no presenta un grupo ideológico homogéneo. El feminismo contemporáneo se caracteriza por una diversidad de propósitos, ayudar a diferentes causas y representar múltiples voces. Su mayor fortaleza se encuentra en la plataforma que lo catapulta y amplifica: el internet.

Si algo es claro es que el feminismo del siglo XXI ha driblado de ser un movimiento que busca cambios legislativos a ser un movimiento que busca eliminar la inequidad y discriminación en la vida cotidiana, que es más difícil de cuantificar, y por tanto que es más difícil de pelear: la equidad en la ley es diferente que la equidad en la práctica.

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Pussy Riot – Washington, Estados Unidos. 2017. Cortesía de: Maria Carolina Sintura

Los problemas sociales, culturales y psicológicos que la cuarta ola aborda son más difícil de tangibilizar. Por ejemplo, uno de los desafíos más grandes es el sexismo de hoy en día, y que muchas veces pasa bajo el radar. Ya no se trata sobre la posibilidad de obtener el mismo trabajo, si no de la atención que está prestando mi jefe cuando una mujer es la que obtiene el trabajo. Se trata de las prácticas cotidianas del día a día donde la mujer se ve discriminada u objetivizada. Como, cuando el jefe “sin querer” le coge la nalga. Y es por esto que es tan difícil de visibilizar y hacer notar. Empieza a estar ligado con la cultura y las cosas que se ven bien o mal en una sociedad. Tomó varias décadas cambiar las leyes, pero pareciera que un cambio de mentalidad tomará aún más tiempo.

El feminismo se presenta como una batalla a muchos frentes. Luchamos por cambiar el lenguaje, los imaginarios de los género, el cambio de las letras en los diferentes géneros musicales, para dar algunos ejemplos. Y como en otras arenas políticas, el internet lo ha masificado y al mismo tiempo fracturado. Esta es una de las principales razones por las cuales es difícil definir un feminismo 100% coherente en el siglo XX. Pero estas mismas fracturas son las que han dado mayor diversidad de voz y perspectiva al movimiento. Este argumento en el debate solo demuestra lo vivo y necesario que es el movimiento aún. Es un feminismo personal, que por su cercanía se hace real en nuestras vidas.

 

Las aparentes contradicciones

Muchas han sido las luchas y manifestaciones que ha adoptado el feminismo a lo largo de la historia. De esa “interseccionalidad” de opiniones han surgido dualidades dentro del mismo movimiento.

Para algunas feministas el objetivo final de la lucha es la posibilidad de escoger, de ser libres de hacer lo que deseen sin sentirse juzgadas y sin tener obstáculos adicionales de los hombres. Ya sea el ser la gerente de una multinacional, quedarse en casa criando a los hijos, o modelar embola para una revista.

Otras feministas pensarán que es un “feminismo falso”, como lo haría bell hooks (así en minúscula como ella misma lo escribe), pues sus ideales apelan a la feminidad y estructura tradicional para lograr sus objetivos. De acuerdo con la visión de hooks, estas no estarían viendo la posibilidad de construir una realidad diferente a la planteada institucionalmente, ni están llevando a cabo acciones colectivas para liberar a más mujeres. La posibilidad de que algunas mujeres trabajen se ha dado a costas de otras mujeres con menos oportunidades que cuidan el hogar. Esta corriente también ha visibilizado como el discurso feminista se ha construido desde un punto de vista de élite, limitando sus experiencia a un grupo pequeño.

Para otras corrientes feministas la libertad se construye a partir de la feminidad y la sexualidad. En un extremo hay un grupo que considera que son características que los hombres han construido para dominar a las mujeres y llevarlas a un estándar de lo que ellos quieren. En el otro extremo hay un grupo que considera que la feminidad y sexualidad son armas poderosas que pueden intimidar a sus colegas hombre y por tanto hacerlos vulnerables.

 

La conclusión

El feminismo es, y ha sido, un movimiento que busca mejorar las condiciones y oportunidades de las mujeres a lo largo de la historia. Ha sido un movimiento que busca igualar las oportunidades que tiene cualquier individuo independiente de su sexo y género. No es un movimiento de amargadas ni de odios. Como cualquier ideología puede tener sus extremos, pero su esencia es la de dotar de oportunidades a quienes carecen de ellas.

Para mi el feminismo nunca ha sido, ni debe ser, una herramienta para poner a las mujeres por encima de los hombres: ningún género es superior al otro. Más aún, creo que el feminismo puede privilegiar tanto a las mujeres y a los hombres, e incluso a las personas que no se identifican con estos dos géneros. El feminismo busca reimaginar los roles que deben cumplir las personas en la sociedad, por tanto, busca eliminar presiones innecesarias que se han construido con las expectativas que cada persona debe cumplir de acuerdo a su género. Así mismo, la participación de las mujeres en diferentes esferas de la sociedad trae pluralidad de visiones y mayor número de oportunidades para explorar y explotar. Por último, dotar de oportunidades y derechos a las mujeres lleva a un mayor número de oportunidades y derechos para sus hijos y los círculos que las rodean.

 

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