¿El feminismo mata? Feminismos en el debate sobre el control de las armas

En esta ocasión voy a escribir sobre un tema que no me compete. Muy atrevidamente me voy a meter en un debate muy complejo y de larga trayectoria, que es el debate sobre el control de las armas en los Estados Unidos. Y es posible que los que sepan más del asunto se burlen un poco, y piensen que lo único que le faltaba a esta feminista (¡colombiana además!) era usar su feminismo como excusa para participar en una discusión muy alejada de su realidad. Pero aquí voy, y de una vez les cuento que la relación entre el feminismo y la regulación (o la no regulación) de las armas sí existe, y que es bastante sorprendente. En este blog hemos hecho un buen trabajo probando que el feminismo es contradictorio e imperfecto, y creo que en esta ocasión estamos ante una perfecta imperfección: el feminismo está, simultáneamente, totalmente a favor y totalmente en contra del control de las armas en EEUU. Se trata de un movimiento al que han recurrido ambos lados de este debate, y que cuando lo hacen parece tener perfecto sentido que lo hagan.  

Antes de empezar quisiera contarles qué me llevó a escribir este artículo. Aunque es un tema que me ha llamado la atención desde hace unos años, puedo decir con certeza que el detonante fue la sugerencia del Presidente Trump de dotar de armas a los profesores de los colegios estadounidenses, para así prevenir más tiroteos masivos como el del pasado 14 de febrero en el bachillerato Stoneman Douglas en Parkland, Florida (aunque no dudo de la capacidad de este mandatario para proponer iniciativas absolutamente ridículas, aprendí que desafortunadamente no es la primera vez que algo así se sugiere). Estoy aquí porque quiero entender cuál podría ser la racionalidad detrás de la irracionalidad de aumentar (y no disminuir) la cantidad de armas que debería haber en una institución educativa. Me es irresistible, más por antropóloga que por feminista, comprender por qué un mandatario habla de armar y entrenar docentes para “fortalecer” a los colegios, y no de hacer todo lo posible para prevenir tiroteos, que como todos sabemos pueden suceder en colegios, pero también en conciertos, iglesias, y hasta en las oficinas de Youtube, como sucedió ayer.

La mujer empoderada (el feminismo en contra del control de las armas)

La Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés) es una organización estadounidense que defiende el derecho a poseer armas, sean para defensa personal o para actividades recreativas. Fue fundada en 1871 y actualmente cuenta con alrededor de 5 millones de socios, que son personas interesadas en proteger la Segunda Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Menciono esta organización porque considero que en cierta forma ha adoptado un discurso feminista para legitimar el derecho de poseer y portar armas. Basta con una corta visita a la página web del NRA Women, en la que abundan tutoriales de defensa personal, campañas con nombres como ‘Rehúsate a ser una víctima’ y testimonios de valientes mujeres que con un arma pudieron prevenir su violación o su asesinato, o proteger a sus hijos. El mensaje transversal de la página parece ser: es posible (y tiene todo el sentido del mundo) ser feminista y portar un arma.

Podría decirse que para el NRA Women y sus promotores, las armas tienen un efecto ecualizador: mientras que en un mundo sin armas el hombre puede subordinar e intimidar a la mujer por medio de su ventaja física, en un mundo con armas el factor físico se vuelve irrelevante, porque un arma es igual de peligrosa en las manos de un hombre o de una mujer. En pocas palabras: “la batalla entre los sexos” es más justa o más pareja en el mundo con armas. Creo que el NRA sabe esto y también sabe que el primer paso hacia este mundo más parejo es acercar a las mujeres a las armas, que es un territorio históricamente masculino. El programa ‘Love At First Shot’ del canal NRA TV le apunta precisamente a esto, al enseñarles a mujeres a disparar armas y a sentirse tranquilas y cómodas cuando lo hacen.  

¿Qué puede ser más feminista que una mujer empoderada que se rehúsa a ser la víctima, que es capaz de defenderse a sí misma y a su familia, y que rompe estereotipos de género al meterse en un territorio predominantemente masculino? Y todo esto sin mencionar las líderes que ponen y han puesto la cara por el NRA, como Marion Hammer (presidente de la Asociación entre 1995 y 1998) o la activista Dana Loesch (quien está cansada de que a las mujeres nos digan que somos demasiado débiles y estúpidas para manejar un arma). Difícil encontrar mejores ejemplos de mujeres empoderadas, y justo cuando empiezo a dudar sobre mi posición en el debate sobre el control de las armas, al NRA Women se le sale el cobre. Con una mirada más crítica, me doy cuenta que no se trata de una organización feminista, sino de una organización oportunista, que usa el feminismo solo cuando le conviene.

Por ejemplo, muchos de los comerciales del canal NRA TV invitan a las mujeres (más que a los hombres) a invertir en accesorios como carteras y estuches para armas, y a personalizar su arma con detalles rosados. Supongo que existe algo de lógica en esto: es normal que las mujeres gastemos mucho más que los hombres en todas las cosas, ¿por qué no lo haríamos también en armas? Qué absurdo, pero también qué alivio, pues alcancé a pensar que el feminismo del NRA era más elocuente que el mío. Aquí también cabe mencionar un programa de este canal llamado ‘Armed and Fabulous’. Tranquilas señoritas: no por portar un arma (rosada y con su nombre engravado) dejan de ser menos señoritas. Rompamos estereotipos, sí, pero pues no tanto.

La masculinidad tóxica (el feminismo a favor del control de las armas)

La cuestión de las señoritas armadas y fabulosas me permite pasar al otro extremo del debate, donde el feminismo aboga por el control de las armas. Empecemos con algunos datos: según la Revista Time, de los 134 tiradores que ha habido en EEUU desde 1996, solo 3 han sido mujeres. Además, Quartz señala que la mayoría de ellos tenían un historial de abuso doméstico, como es el caso de Stephen Paddock (responsable del tiroteo masivo de Las Vegas en octubre de 2017), quien abusaba verbalmente de su novia. Esto implica que el mundo con armas que describí anteriormente ya no es tan ideal: la presencia de un arma en un hogar hace a las mujeres más vulnerables (y más fáciles de intimidar) porque cualquier arranque violento puede volverse letal. Y no me estoy inventando nada: un estudio del año pasado del Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades reveló que el 55% de los homicidios de las mujeres estadounidenses están relacionados a violencia por parte de su pareja sentimental, y que en el 54% hubo armas involucradas. Las armas de fuego son un factor determinante en la violencia doméstica, y esto implica que el feminismo tiene perfecta cabida en una discusión sobre el control de las armas.

Poco a poco nos vamos alejando del discurso de la mujer armada y empoderada patrocinado por el NRA, y nos acercamos a un panorama mucho menos alentador. Miremos en manos de quién están la mayoría de las armas en EEUU: en 2013, había 89 armas por cada 100 personas en este país, que es 280 millones de armas. La ridícula cantidad se vuelve aún más ridícula cuando entendemos que las armas están concentradas en manos de muy pocos. Time estima que el 3% de la población total (7 millones de personas) es quien posee el 50% de las armas, y que por esto no es extraño encontrar estadounidenses que tengan más de 100 piezas. Una implicación muy grande de esto es que casos como el de Paddock, a quien le encontraron más de 40 armas, no son excepciones o producto de enfermedades mentales: son más bien la norma. Cuando a Philip van Cleave (presidente del Virginia Citizens Defense League) le preguntaron por qué alguien querría tener tantas armas, él respondió “¿Por qué alguien querría tener tantos pares de zapatos?”, y señaló que si a uno le gusta escalar es claro que uno necesita más de un par de zapatos (nota: quizás alguien podría explicarle a van Cleave que aunque hay quienes matarían por un par de zapatos, los zapatos no matan y las armas sí).  

¿Y quiénes son estas personas que tienen más de 10 armas cada uno? ¿Son las mujeres empoderadas del NRA? No, son hombres, y son blancos y conservadores. Muchos van de caza, casi todos ven NRA TV, siguen a celebridades que como ellos disfrutan de las armas (como Dan Bilzerian, que estoy segura que manosea sus armas de la misma manera que manosea mujeres), y su grupo de amigos está compuesto por hombres que también poseen armas y que también son blancos y conservadores. Para ellos, tener armas, ver armas en televisión y hablar de armas es un estilo de vida. Y aquí el comediante australiano Jim Jefferies tiene mucho que aportar cuando señala que solo existe una razón legítima para oponerse al control de las armas: y es que te gustan las armas, que son tu hobby como el feminismo es mi hobby (lo que pasa es que el feminismo, aunque mate a algunos del aburrimiento, no mata en serio). Y es por esto que muchos voceros y activistas que defienden la Segunda Enmienda terminan diciendo ridiculeces, como van Cleave cuando señala que la estricta regulación impuesta a las armas en Australia en 1996 no es replicable en EEUU porque EEUU es “el mundo real” y Australia no, o Loesch cuando en un debate contra los estudiantes, papás y profesores del bachillerato Stoneman Douglas sugiere que una cuchara puede ser tan letal como un arma de fuego. Hagamos un esfuerzo por entenderlos: tan solo son personas que ante cualquier esfuerzo para aumentar el control sobre las armas no tienen más opción que alborotarse y decir lo primero que se les venga a la cabeza, en ánimos de defender su preciado hobby.   

Ahora bien, lo que realmente es pertinente para el feminismo aquí es que, según Time, existe un motivo por el cual la gran mayoría de los ‘super owners’ (personas con más de 10 armas) son hombres blancos y conservadores, y machistas también. Actualmente vivimos en una economía global en la que estos hombres estadounidenses deben enfrentarse a una inmensa competencia que hace un tiempo no enfrentaban, cuando el racismo y el sexismo eran mucho más explícitos en su sociedad. La llegada de extranjeros profesionales, así como el aumento en la participación femenina en el mercado laboral implica para estos hombres una injusticia, pues cada vez les es más difícil acceder a trabajos que paguen bien, que fue algo recurrente en el discurso del ahora Presidente Trump durante su campaña. Para estos hombres, tener total libertad de adquirir armas es algo a lo que se pueden aferrar en este mundo en el que ya no la tienen tan fácil. Las armas les devuelven un sentido de dominancia que han ido perdiendo en el tiempo.

En resumen, el feminismo va un paso más allá del comediante Jim Jefferies al sugerir que puede haber un motivo subyacente (es decir, más allá de un hobby) por el que un grupo tan específico y homogéneo de personas son quienes tienen la mayoría de las armas y quienes abogan por el derecho a la posesión de estas; no es solo un hobby, es intento para conservar su dominancia en un mundo cada vez más abierto y competitivo. Y en este sentido considero que la fachada feminista del NRA Women es precisamente una fachada, un intento (muy elaborado y muy convincente) para incluir a las mujeres en la cuestión de las armas y así desviar la atención de la masculinidad tóxica que se reproduce con el derecho a la posesión y el porte de armas.

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