La feminista perfecta

El domingo pasado, como todos los domingos, después de una semana de arduo trabajo fue mi día de auto centrarme. Y por auto centrarme me refiero a leer, comer y ver películas. Mis hobbies favoritos para alejarme del mundo por un rato. Este domingo en particular vi una película que me puso a pensar: Stepford Wives (Las mujeres perfectas). No me juzguen, hasta las feministas vemos películas que parecen no tener sentido. Tampoco pierdan fe en esta columna, tiene un punto, lo juro.

Para quienes no se la han visto (spoiler alert) se trata de una exitosa productora de televisión que la despiden de su trabajo por dos programas que saca al aire (obviamente eran programas donde las mujeres se mostraban más decisivas que los hombres) y su vida se desploma. En esta situación su esposo, quien también trabajaba en la cadena pero no era tan exitoso, renuncia y juntos se van a vivir a un suburbio en Connecticut. En el pueblo todo parecía perfecto, y todo era porque los hombres programan a las mujeres para ser las mujeres “perfectas”.

Y ahí empezó todo mi dilema. Perfección. Es una palabra muy fuerte que nos respira en la espalda todos los días. A nosotrxs nos criaron diciéndonos que ser promedio no es suficiente, que debemos buscar la perfección. Perfección en lo que hacemos, somos y lo que queremos conseguir. Pero la perfección tiene un costo muy alto. Especialmente porque no hay tal cosa como ser perfectx. La perfección siempre depende de algún estándar, y usualmente es un estándar impuesto de manera externa, más no un estándar establecido por uno mismo. En el caso de la película, era el estándar de cómo debía ser la mujer perfecta de acuerdo a lo que los hombres querían. La perfección puede ser un sueño, una meta o un estilo de vida. Pero siempre será algo subjetivo, y es injusto volverlo objetivo.

Si ustedes son tan perfeccionistas y exigentes como yo, este es un concepto difícil de entender. Yo siempre quiero ser la mejor en cualquier cosa que hago, en especial en las cosas que me gustan y creo saber hacer bien. Pero muchas veces confundimos el ser bueno o sobresaliente con el ser excelente o perfeccionista.

Esto también aplica para el feminismo. Muchxs de nosotrxs queremos ser lxs feministas perfectxs: siempre con el comentario indicado, con un norte claro y sin contradicciones. Mis queridas y queridos, déjenme decirles que esto es realmente imposible. Como todo en la vida, uno tiende a interpretar el feminismo conforme a la realidad que uno ha vivido y los paradigmas que uno ha construido. Por eso hay tantas interpretaciones del feminismo como personas que creen en este mismo. Y eso está bien.

Para mí, el feminismo siempre busca romper nuevos, y tradicionales, espacios de micro machismos, y algunos se encuentran en espacios que todavía no conocemos o que solo a algunas personas les va a tocar vivir. El feminismo es para cualquiera que reconozca que existen diferencias sistemáticas en la manera como se tratan a los mujeres y los hombres. Si cree que cualquier persona debe ser tratada con igualdad, bingo: ¡usted es feminista! Por esto, el feminismo no tiene estereotipos. No se puede aspirar a ser la/el feminista perfecta/o, y tampoco a ser la mujer o el hombre perfecto.

Eso sí, el feminismo es tanto ideológico como es de acción. No basta solo con entender que hay inequidades, toca hacer algo para que estas inequidades sean corregidas. Uno es feminista desde la posición que uno decide tomar. Algunxs hablan más que otrxs, unxs leen más que otrxs, unxs comen más que otrxs, y unxs compran más ropa que otrxs.

Uno es feminista desde la posición que uno tiene, luchando por las peleas que uno quiere asumir. Yo no tengo que ser una “feminazi” (mujeres y hombres, para su información, esto no existe) para que alguien entienda que soy feminista. Una persona que se llame a sí misma(o) feminista puede ser una madre, un(a) artista, un(a) deportista, un(a) ejecutivo(a), una niña que pelea por sus derechos en el colegio, o incluso un hombre que reconoce su posición privilegiada.

Una sabia amiga me dijo la siguiente frase: el costo marginal de la perfección, realmente era de la excelencia pero también aplica, es muy alto. Es muy alto porque requiere de un esfuerzo enorme el siempre estar tratando de alcanzar el estándar que alguien más quiere para mí.

Por eso mi invitación es a que seamos feministas imperfectas. Que busquemos los matices de lo que queremos llegar a ser y el mundo en el que queremos vivir, pero no nos conformemos con un estándar o un estereotipo de lo que creemos que debamos ser/hacer. Vivamos nuestras vidas con autenticidad, no como robots que no saben lo que están haciendo.

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