Les estamos fallando a las victimas de violencia doméstica

¿Por qué, aun teniendo un marco legal tan fuerte, la violencia doméstica sigue siendo una pandemia en Colombia y el mundo? El problema es que las leyes, a pesar de haber sido construidas específicamente para atender el problema de las mujeres víctimas de violencia, no entienden la complejidad de situaciones que enfrentan las víctimas. La ley, como la sociedad que la construye, está llena de prejuicios. Prejuicios sobre el rol de la mujer en la familia. Prejuicios sobre cómo debe comportarse una víctima. Prejuicios sobre cómo debe comportarse un victimario. Prejuicios que en su mayoría son machistas y que nos impiden solucionar el problema.

Poderosísima víctima

Decir “dejen de quejarse” o “dejen de victimizarse” es una forma de queja en sí misma, es una manera de decir: "lo que denuncias me incomoda así que deja de incomodarme”. Y esto sí que es victimizarse en el pleno sentido de la palabra: es sentirse víctima de ataque inexistente, asumir una actitud pasiva ante un problema y librarse de toda responsabilidad, es decir: “esto no me gusta pero no es conmigo o no quiero nada que ver con ello”.

Hombres sobreprotegidos, mujeres desvalidas: la desigualdad en las leyes contra el acoso.

Mi objetivo es evidenciar la diferencia en la agencia que se reconoce a la mujer en comparación con el hombre. Es hacernos caer en cuenta que en nuestra conciencia colectiva el cuerpo femenino puede y debe ser apropiado por el hombre, pero el cuerpo masculino es sagrado. Nadie puede tocarlo (especialmente no otro hombre). Es tan grave transgredir la soberanía del cuerpo masculino, es tan grave cosificarlo, que la ley considera matar al transgresor como legítima defensa. Lo mismo no es verdad para nosotras. La mayoría de mujeres que lean este artículo han vivido un caso de acoso al menos una vez en la vida. Pero si pedimos medidas para que no vuelva a suceder somos unas exageradas, feminazis, puritanas, antihombres.

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