Hombres sobreprotegidos, mujeres desvalidas: la desigualdad en las leyes contra el acoso.

Mi objetivo es evidenciar la diferencia en la agencia que se reconoce a la mujer en comparación con el hombre. Es hacernos caer en cuenta que en nuestra conciencia colectiva el cuerpo femenino puede y debe ser apropiado por el hombre, pero el cuerpo masculino es sagrado. Nadie puede tocarlo (especialmente no otro hombre). Es tan grave transgredir la soberanía del cuerpo masculino, es tan grave cosificarlo, que la ley considera matar al transgresor como legítima defensa. Lo mismo no es verdad para nosotras. La mayoría de mujeres que lean este artículo han vivido un caso de acoso al menos una vez en la vida. Pero si pedimos medidas para que no vuelva a suceder somos unas exageradas, feminazis, puritanas, antihombres.

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