My Favorite Murder o la feminidad libre de culpa

Karen y Georgia son profundamente imperfectas. Y lo son en público. Es revolucionario. Ese es el encanto de este podcast. Vemos semanalmente y en vivo lo que es realmente ser una mujer en esta era. Vemos todas las contradicciones. Y gracias a las presentadoras, nos enamoramos de ellas y en consecuencia de nosotras mismas. Es inmensamente liberador ver mujeres tan imperfectas, y atrevernos a admirarlas. 

El autocuidado en tiempos del patriarcado

Pero es más grande que solo la necesidad individual de cuidarnos. El autocuidado es en sí mismo un acto político y feminista. Lo que no entendía, hasta ahora, es que las actividades que pueden formar parte del autocuidado (desconectarse de internet, leer un buen libro, ver una serie, meditar, una larga caminata, etc.,) no equivalen a tomar una pausa de la vida política. En otras palabras, tomar parte de estas actividades es un acto político en sí mismo porque el patriarcado le impone a las mujeres el rol de cuidadoras. Cuidamos de los niños, de los adultos mayores, de las personas con discapacidad, de la casa y de nuestro esposo. Pero no cuidamos de nosotras mismas. Ante esta realidad, tomarnos un tiempo para nosotras es en esencia disruptivo del patriarcado. En un mundo que nos dice constantemente que no valemos como individuos, valorarnos lo suficiente como para saber cuando tomar una pausa es revolucionario.

El mito de la virginidad

Mientras exista el mito de la virginidad, mientras nuestro valor como persona dependa de un estándar inventado de pureza, nuestra sexualidad nunca será libre e independiente. Quiero que cada una de las mujeres que están leyendo esta columna intenten acordarse de sus primeras experiencias sexuales. ¿Sintieron culpa? ¿Vergüenza? ¿Pena? Es inaceptable que vivamos en una sociedad que nos obligue a sentirnos así. Las invito a que descubramos en qué consiste el mito de la virginidad y a que lo mandemos a la mierda.

Los animales también son sujetos del feminismo

En otras palabras la lógica de la dominación patriarcal de las mujeres es análoga a la lógica de la dominación sobre los animales. En ambos casos estamos dentro de un paradigma binario de dominación-subordinación. De un lado tenemos a los humanos, los hombres, los blancos, los heterosexuales y del otro a los animales, las mujeres, las personas de color, los homosexuales, etc. Si las feministas queremos destruir este binario de dominación, si nuestro fin último es la eliminación completa de este binario sexo/género que nos condena eternamente a una relación de subordinación, entonces lógicamente tenemos que cuestionarnos también sobre el binario humano/animal. La situación de los animales debe ser tan importante para el feminismo como la situación de las mujeres negras, indígenas, pobres, lesbianas, con discapacidad etc. Nuestro trato de los animales es un síntoma de nuestras jerarquías sociales. Y parafraseando las palabras de Audre Lorde, me atrevo a decir que las mujeres no seremos libres mientras los animales no humanos no sean libres, aún cuando sus cadenas sean muy diferentes de las nuestras.

La resistencia de las futbolistas españolas

El equipo de fútbol masculino de Panamá se clasificó por primera vez al mundial de fútbol este año. Hace unos días circuló por redes sociales un video de dos comentaristas panameños llorando apasionadamente mientras escuchaban el himno de su país sonar por primera vez en la historia en este escenario. En el 2015, el equipo... Leer más →

Hombres sobreprotegidos, mujeres desvalidas: la desigualdad en las leyes contra el acoso.

Mi objetivo es evidenciar la diferencia en la agencia que se reconoce a la mujer en comparación con el hombre. Es hacernos caer en cuenta que en nuestra conciencia colectiva el cuerpo femenino puede y debe ser apropiado por el hombre, pero el cuerpo masculino es sagrado. Nadie puede tocarlo (especialmente no otro hombre). Es tan grave transgredir la soberanía del cuerpo masculino, es tan grave cosificarlo, que la ley considera matar al transgresor como legítima defensa. Lo mismo no es verdad para nosotras. La mayoría de mujeres que lean este artículo han vivido un caso de acoso al menos una vez en la vida. Pero si pedimos medidas para que no vuelva a suceder somos unas exageradas, feminazis, puritanas, antihombres.

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