Humanizar y respetar el parto: la resistencia feminista se toma la medicina

Cuando la Dra. Susana Bueno comenzó a recibir pedidos peculiares de sus pacientes para la atención de sus partos, inició su travesía hacia la resignificación y revolución de su profesión. “Me pedían asistir sus partos en diferentes posiciones a la única que yo conocía (litotomia o acostada), me hablaban de tener libre movimiento durante el parto, de contar con diversas opciones no farmacológicas para atravesar el dolor durante el parto”. Sin embargo, nada de eso cuadraba con lo que la ginecología y la obstetricia le habían enseñado: que los partos se realizan en hospitales, que las mujeres se inmovilizan con suero y un monitor de cama, que se da a luz acostada y que la fórmula única para el dolor era la analgesia epidural. Sus pacientes, pero también su vocación por el respeto y dignificación de las mujeres y del parto, galvanizaron su curiosidad y la llevaron a un mundo lejano al de la medicina: el mundo de los conocimientos ancestrales de las parteras y las doulas.

La medicalización del parto, entre tantas otras empresas asociadas a la cientifización de los saberes que se dio particularmente en el siglo XIX, trajo consigo la invisibilización del conocimiento milenario de las mujeres, que por siglos se habían ocupado de manera exclusiva de la atención del nacimiento (un recuento histórico de esto lo encuentran en la columna de la semana pasada). A partir de allí, parecen haberse creado dos mundos separados para conocer y atender el parto. De un lado, las mujeres con sus prácticas y saberes ancestrales, y de otro, los hombres con la ciencia occidental. Como es de esperarse en una sociedad de arraigo colonial y patriarcal, hoy en día predomina el segundo.

Afortunadamente, como con todo, las mujeres encontramos formas de reivindicación y  resistencia en todos los espacios, lugares y registros. El parto no es la excepción. Con el propósito dignificar el parto y quienes participan en él –comenzando por la persona gestante y su bebé, pero también las y los profesionales de la salud–, de recuperar lo que el etnocentrismo y el patriarcado desplazaron y de revolucionar las formas de conocer y saber, se gestó el “parto respetado” o “parto humanizado”. Se trata de una modalidad de atención del parto donde se priorizan las necesidades de la madre o persona gestante y el o la recién nacido/a, y con la que se busca que el nacimiento se desarrolle de la manera más natural posible. Según UNICEF, respetar y humanizar el parto tiene que ver con “el respeto a los derechos de las madres, los niños y niñas y sus familias en el momento del nacimiento”, así como “las particularidades de cada familia – etnia, religión, nacionalidad”.

La Dra. Bueno, pionera del Parto Respetado en Colombia, hizo de su práctica profesional como ginecobstetra un terreno de reivindicación por y para las mujeres, pero sobre todo, de la mano de las mujeres. Consciente de que las preguntas que habían sembrado en ella sus pacientes no las respondería la academia médica hegemónica, resolvió formarse como Doula (sí, una ginecobstetra, proveniente del mundo masculino de la medicina, transitando al mundo del conocimiento milenario dominado por mujeres). En el proceso, tuvo la oportunidad de escuchar las experiencias de otras mujeres en sus partos, ya no solo desde la posición de médica, sino como una mujer más. 

“Allí comprendí que el parto es una experiencia biológica universal, pero además que tiene una dimensión psicológica, sexual, social, cultural y espiritual. Que en el parto no todo lo tenía aprendido como yo creía, y que por muchos años había estado en contacto con una sola visión del nacimiento, la visión médica. Disociada totalmente de las emociones, autonomía y sabiduría innata de las mujeres al parir”.

De la mano de las Doulas, la Dra. Bueno conoció las diversas ramas de la partería y se abrió al intercambio de saberes sobre formas de asistir nacimientos y los distintos escenarios del parto. Todo ello le abrió un camino de aprendizaje y desaprendizaje de su práctica profesional, conduciéndola hacia el Parto Respetado. Tomando elementos de formaciones previas en enfoque de género y de derechos, que había obtenido en su paso por el Ministerio de Salud y Protección Social, la Dra. Bueno inició introduciendo cambios significativos en sus prácticas de asistencia del parto:

“Con todos estos aprendizajes opte por hacer pequeños grandes cambios en mi práctica profesional en la asistencia al parto. Empecé a limitar mis intervenciones médicas a los momentos que fueran estrictamente necesarias. A confiar en la sabiduría de las mujeres al parir, en asistir partos en la posición que cada mujer eligiera y sintiera durante el pujo. A incentivar su movimiento durante el trabajo de parto. A confiar más en la naturaleza fisiológica del parto, teniendo claridad que sólo en un mínimo porcentaje adquiere una dimensión médica cuando hay una complicación. A optimizar mi comunicación con las personas gestantes y su entorno”.

Sus cambios evidencian dos de los aspectos más revolucionarios del Parto Respetado. 

En primer lugar, la Dra. Bueno muestra que recuperar y honrar la herencia ancestral de las mujeres no requiere desechar todo conocimiento ajeno a la tradición partera, como si se tratara de, como sabiamente dijo Audre Lorde, “desmontar la casa del amo con las herramientas del amo”. De hecho, muchas palabras de feministas negras tomaron un nuevo vuelo en mi cabeza cuando conocí la experiencia de la Dra. Bueno. Particularmente las de bell hooks en Talking Back cuando describe la dificultad de “encontrar su voz” como escritora, pues en ella no solo encuentra una voz “unilateral, monologuista o estática, sino multidimensional”. Su invitación a aceptarnos como seres complejos, múltiples y contradictorios es una que la Dra. Bueno parece haber aceptado. Lejos de ubicarse en un territorio o en otro, su práctica profesional se convirtió en la fusión de dos mundos donde lo que prima es reconocerle y garantizarle a las personas gestantes un parto digno. Así, si bien prioriza las preferencias de sus pacientes, recurre también a intervenciones médicas cuando la situación realmente lo amerita. 

En este mismo espíritu, la Dra. Bueno revela un compromiso con la desjerarquización del parto. Siendo ella la conocedora de la ginecobstetricia y la partería, reconoce que en las propias mujeres y personas gestantes reside una sabiduría que no puede menospreciar. En un escenario cooptado por la medicina y sus formas verticales, su “modelo biomédico, patriarcal y tecnocrático”, en las palabras de la Dra. Bueno, que muchas –pero muchas– veces terminan en violencia obstétrica, la propuesta de horizontalidad del Parto Respetado realmente propicia una refundación de la aproximación médica a la asistencia del nacimiento. Por lo mismo, promover la humanización del parto ha sido como nadar en contra de la corriente. La Dra. Bueno recuerda haber sido catalogada como ‘rara’ entre sus colegas, “la que viene a asistir partos ‘diferente’”. No sería la primera vez que el patriarcado contraataca a punta de ridiculización e infantilización. 

Pero fiel a su vocación, la Dra. Bueno hoy dirige el primer Diplomado sobre Parto Humanizado del país en la Universidad del Rosario. Con sus cálidas y promisorias palabras concluyo esta columna que pretende ser un aliento para todas las personas que desean maternar, un homenaje a la lucha de la Dra. Bueno, pero sobre todo ser una celebración y agradecimiento a Pío, nuestra futura pola mamá, quien no para de recordarme y demostrarme que en navegar las ambivalencias, cuestionar las certezas y atreverse a encarar y refundar las tradiciones está la promesa de dignidad y humanidad del feminismo.

“Reconociendo y honrando a aquellas colegas y colegas que dieron pasos mucho tiempo atrás y también a las nuevas generaciones de Ginecobstetras que están haciendo cambios maravillosos en sus prácticas actuales. Reconociendo el poder inmenso y transformador que han tenido las mujeres y la sociedad en general, visibilizando y luchando cada vez más por los derechos sexuales y reproductivos”.

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