El cuidado y las (ex) amigas

Hace un tiempo tenía una amiga, nos conocíamos desde hace varios años y fortalecimos nuestra amistad y nuestra unión con el paso del tiempo gracias a varios temas en común. Era una amistad poderosa. A ella la admiro en diferentes campos, por su forma de ser, por su manera de pensar, por sus procesos personales. Con ella sentía que podía ser libremente y siempre iba a encontrar una palabra de apoyo o la sinceridad absoluta. Con ella me sentía tranquila, no me sentía juzgada. Sentía que crecíamos la una en la otra y que así íbamos a estar por muchos años más, sobre todo, por ser de esas amigas que se escogen. Esto cambio con el tiempo. De un momento a otro, me empecé a sentir excluida de nuestras dinámicas y, con el tiempo, entendí que la amistad ya no existía. Nunca tuvimos una conversación de cierre en la que pudiera encontrar razones para esto. La busqué varias veces, para que pudiéramos hablar. No pasó, a pesar de mi insistencia.

Llevamos años encontrando y descifrando cómo deberían ser las relaciones románticas, cómo deberíamos interactuar con nuestra pareja en estas relaciones, cómo debemos terminarlas, cómo podemos superar la famosa tusa, cómo debemos recordar que nosotras también somos importantes. Pero pocas veces nos hemos puesto a pensar en las relaciones de amistad. Esas que hemos ido construyendo a lo largo de la vida. Algunas que se quedaron por ser amistades de la infancia o del colegio y otras que han sido escogidas con el paso de los años. Esas también se terminan. Y puedo decir que, en algunos casos, éstas duelen más que la misma tusa romántica.

Cuando esto me pasó con mi amiga me dolió muchísimo. Lo que más me dolía era no poder entender en qué había fallado o qué había pasado para que, de la nada, me excluyera de las dinámicas de amistad que habíamos construido a lo largo de los años. Me dolió mucho porque no me abro tan fácil con las personas y con ella tenía la confianza absoluta para hablar de cualquier tema. Me dolió y aún me duele, porque soy el tipo de persona que le busca una explicación a todo, en este caso sé que debe haber alguna, pero nunca la conocí. Eso llevó a que mi cabeza se llenara, por mucho tiempo, de mil ideas, algunas que eran autodestructivas.

Soy una persona muy racional. He terminado varias relaciones y amistades. Entiendo perfecto que esto hace parte de la vida. Cuando uno siente que ya no quiere estar cerca a alguien, lo mejor es alejarse. No hay que estar cerca a ninguna persona por obligación. Mucho menos debemos quedarnos en relaciones tóxicas o estar rodeadas de personas que nos alteran significativamente nuestra tranquilidad. No es sano para uno, ni para el otro. Pero, ¿qué pasa cuando terminamos una amistad sin tener una conversación de cierre o sin tener algún espacio para dejar claras las razones por las que se tomó la decisión? ¿Qué pasa cuando no abrimos el espacio para sanar heridas? ¿Qué pasa cuando no permitimos que se genere un espacio para la reparación por aquello en lo que se pudo haber fallado?

Lo pregunto porque estos espacios, generalmente, se dan en las relaciones románticas pero no los tenemos tan normalizados para las relaciones de amistad. Incluso podríamos llegar a pensar, aunque esta reflexión da para otra columna, cómo este tipo de dinámicas pueden llegar a replicar las relaciones tóxicas basadas en lógicas masculinas, guardando proporciones y entendiendo que también hay relaciones entre mujeres esencialmente patriarcales con violencia psicológica de por medio. En estas lógicas se desconoce abiertamente el cuidado, está altamente aceptado el desprendimiento, está bien no hablar de las propias emociones y, por ende, se ignora que las personas con las que compartimos están rodeadas de múltiples emociones y sentimientos.  

Si no han  entendido de qué les hablo, aquí va un ejemplo. Mujeres, estoy segura que todas hemos vivido la típica historia del hombre que llega a endulzarnos el oído, que hace todas las cosas posibles para que uno crea que está comprometido y que al final, lo único que quiere es tener sexo. Y luego, tienen el descaro de decir que nos ilusionamos solas porque ellos no querían nada serio o no estaban listos para una relación. ¿Por qué no dicen esto desde el principio?

Muchas veces nosotras mismas podemos estar replicando estas lógicas patriarcales del amor romántico en nuestras amistades. Lógicas que son absolutamente reprochables cuando hablamos de relaciones feministas. Dichas lógicas ponen en evidencia absoluta el poco valor y respeto que le damos al otro, la falta de responsabilidad con las emociones propias y ajenas y la falta de entendimiento de que lo que hacemos también afecta a la otra persona. No repliquemos, todo lo que rechazamos, en las relaciones con nuestras amigas.

El fin de las relaciones, cualquiera que sea su naturaleza, siempre es doloroso. Pero si lo pensáramos desde la ética del cuidado y desde una perspectiva feminista, podría ser mucho más llevadero. El cierre de la relación siempre debería ir acompañado de una conversación o un espacio donde se puede compartir con el otro qué fue lo que pasó. No hay que dar mayores explicaciones pero sí que el otro pueda entender y ver qué pudo haber fallado o, incluso, comprender por qué no son compatibles. Esto, no solamente, le dará respuestas sino que le permitirá al otro autoevaluarse y ser consiente de cosas, actitudes, comportamientos de los que puede que no fuera consciente.

Los momentos de cierre también deberían ser momentos de reparaciones y de sanaciones. Aquí deberíamos apuntarle a generar estos espacios bien sea porque yo lastimé a la otra persona y lo justo es que intente reparar, en la medida de lo posible, el daño causado o porque me hirieron y yo quiero encontrar esa reparación para que mi proceso de sanación sea más llevadero. Si algo me mostró este proceso, es la dificultad que he tenido para sanarme y para que la incertidumbre que ha estado en mi cabeza todo este tiempo deje de darme vueltas. Reconocer al otro como un ser sintiente, es fundamental.   

Si existió o existe cariño, lo mínimo es que nos preocupemos por las emociones del otro. En ese sentido, es importante saber que habrá dolor pero que podemos manejar la situación de tal manera que eso implique el menor dolor posible para el otro y la posibilidad de la racionalización de lo que sucedió. Y aquí quiero aclarar que preocuparse por las emociones del otro está muy lejos de tener que quedarse atada a alguna persona o cargar con los problemas emocionales de otro.

Otra reflexión que puedo hacer alrededor de esto es que por un tiempo percibí que algo estaba pasando, no tenía claro qué. Las dinámicas cambiaban, pero luego volvían a estar como si nada. Por un momento pensé que era cosa mía, pero luego entendí que efectivamente se trataba de algo. Solo que lo entendí hasta que se terminó la amistad. Siempre he creído que las cosas se pueden solucionar hablando, que las diferencias son necesarias en las relaciones y que saber manejarlas también hace parte de. Dentro de esas lógicas patriarcales nos han enseñado a evitar las conversaciones difíciles y eso no debería pasar. Así que, si hablamos de amistades y relaciones feministas es clave que tengamos canales de comunicación fluidos que permitan hablar con el otro para que se pueda identificar y discutir sobre las cosas en las que se puede estar fallando. Tener la posibilidad de cuestionarse a uno mismo y buscar la forma de mejorar de la mano de las amigas. Tengamos presente que el fin feminista también tiene que ver con lo que pasó durante la relación.

Empecemos a normalizar la terminación de las relaciones de una forma más sana, más empática, más feminista. Normalicemos que podamos encontrar en esas terminaciones reparaciones justas, donde abramos la puerta a que el otro pueda repensarse y crecer, si es necesario. Formalicemos que la sanación es una parte clave de este proceso. Acostumbrémonos a las conversaciones difíciles. Abracemos las diferencias. Entendamos que la ética del cuidado también está para que la practiquemos entre nosotras, incluyendo cuando queremos terminar una amistad entre mujeres.

8 comentarios sobre “El cuidado y las (ex) amigas

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  1. Me encantó tu articulo! felicidades!! Me identifiqué mucho con tu descripción, me pasó igual y duele hasta el alma perder (sin explicación) a quien no solo querías como amiga sino como hermana. También me cuestione mucho lo que sucedió, a la mente le cuesta trabajo procesar un dolor tan grande que no tiene explicación ni lógica. Pero también en el proceso aprendí a quererme, valorarme y a encontrar amistades que hicieran lo mismo conmigo (y yo con ellas). La propuesta que haces es genial, sobre aplicar en nosotras las posibilidades de comunicación y sanos cierres, ojala todos pudiéramos acceder a eso. Te abrazo fuerte!

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  2. Me sentí muy identificada. Me pasó que una amiga muy muy cercana me apartó de nuestras dinámicas. Y aunque fue hace 15 años sigo buscando una explicación, un cierre. Gracias por tus palabras

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  3. Hola, Camila. También pasé por una ruptura de amistad muy dolorosa, que afortunadamente el tiempo sí sanó (volvimos a ser amigas), pero mientras duró el extrañamiento por no entender qué estaba pasando (que fue largo) fue realmente duro. Lo cierto es que al día de hoy no hay una explicación concreta de qué pasó, por más que sí hayamos ensayado conversaciones al respecto. Los sentimientos tienen esa dificultad, sospecho. La analogía con la pareja romántica es tal cual. De hecho, nuestra primer salida juntas después del vacío que vivimos, fue como una cita romántica. Con esa calidad de amor de quien no quiere espantar al ser amado. ¡Ah! y ambas feministas. Por eso también me costaba aceptar tanto que se haya desmoronado todo. Pero, insisto, los sentimientos tienen esa particularidad. Supongo que, también gracias a nuestra ideología, ambas pudimos acercarnos para sanar. Es mucha la deconstrucción que debemos realizar aún, y son muchas las transformaciones en los vínculos. Creo que lo importante está en ofrecer siempre el espacio para sanar. Como este posteo. Abrazo fuerte.

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  4. no pensé que lo mismo se replicara tan igual que me pasó a mí. yo todavía no sano esa herida por miedo a qué me dirá si me disculpo, y he evitado esa conversación durante casi 5 años. temo que hablar con la verdad me revelará otra etapa de mi vida en la que no pensaba en mis acciones, no sentía empatía por nada porque estaba muy encerrada en autocompadecerme y evitar problemas. perder una amistad entre mujeres es horrible porque no hay unión parecida

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  5. Genial artículo, a mi me ha pasado con dos chicas: una chica con la que hice migas en el trabajo pero me dio baje con un chavo que me gustaba (no amaba al tipo ni nada, pero pense que seria igual riesgo con algun chavo que realmente me importara) y con otra que era mi amiga por varios años (la conocí en la escuela) y eramos muy unidas, nos platicamos todo, cosas personales, despues ella se hizo novia de otro cuate y llevaba al chavo a todos lados, ya no podiamos salir solas y si le contaba mis cosas se las contaba a su novio (ahora esposo) y en la siguiente salida él sacaba el tema a colación en mi cara y eso me molestó, ademas que sólo hablaba de temas de casada, de hijos, etc. Y yo soltera hasta el sol de hoy y sin intenciones de tener hijos pues ya no habia nada en común con ella y solo me distancié y ya tengo varios años sin saber de ella.

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  6. Hola Camila, recién leo tu texto y me encanto, justo estoy atravesando por una etapa compleja a nivel anímico, creo que con la situación actual es normal que muchos nos hayamos detenido a analizar este tipo de cosas que en otro momento pasarían desapercibidas, no soy nadie para intentar cambiar ideologías, pero como una retroalimentación que “puede quedar en el olvido” creo que es muy importante dejar de lado etiquetas que están de moda como el “patriarcado” , al cerrar tu texto con: “Empecemos a normalizar la terminación de las relaciones de una forma más sana, más empática, más feminista.” Sentí una especie de … mmm, no se ni cómo llamarlo, escucho tanto hoy en día la palabra “Patriarcado” que me hace pensar qué hay quienes la citan solo para sonar cool, no digo que sea tu caso… por el contrario, tienes un gran punto y esto sucede también en hombres, no todo aquel que tenga un “pene” (perdón por la palabra) tiene este tipo de ideologías… me queda claro porque estudié en su momento leyes y se que la sociedad patriarcal viene desde la antigua Roma, pero la evolución debería guiarnos hacia un punto donde nos veamos como iguales, cómo humanos, todos cometemos errores seamos feministas, machistas o como lo quieras denominar… pero si algo se, es que no podremos estar libres de estas prácticas hasta que comencemos erradicando estas etiquetas de nuestro vocabulario.
    Parece que no tengo nada mejor que hacer, pero quería externar mi punto, es una linda reflexión hasta que consideras que lo FEMINISTA es lo más sano, hay hombres que amamos la vida en general, de mujeres, niños, ancianos, animales, plantas y todo lo que pueda sentir, por igual.
    Todo lo que nombramos existe y si seguimos decretando que vivimos en “patriarcado” o lo que sea , así será, solo es eso, me hiciste reflexionar y a la vez dudar, esta increíble, no es un debate, aplaudo tu texto, solo comencemos haciendo un cambio desde cómo comunicamos las ideas…

    Si dices que todo va a estar bien… primero algo tiene que estar mal …
    Así que TODO ESTÁ BIEN!

    Y si, es un duelo muy difícil al que no estamos acostumbrados, deberíamos tener una mejor comunicación, comunicación efectiva

    Gracias por tu tiempo 🙂

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  7. Muy interesante tu artículo, por los posibles diálogos, vías de reflexión que abre. En mi caso yo estoy en el lado opuesto de tu circunstancia, yo soy la amiga que se alejó y cortó la amistad. No es tan sencillo. Si hablamos de responsabilidad sobre los sentimientos y emociones ajenos, eso debe ser de ambas partes. Cada vez que alguien me dice que la amiga que dejé “no sabe en qué falló”, confirmo que lo mejor que hice fue alejarme de ella. Cómo es posible que alguien con quien tuviste una comunicación profunda, abierta, por años, no sepa con qué te hiere? Y más cuando le has repetido tantas veces cuánto te disgusta el asunto y le has advertido lo que no toleras? Eso es o una gran mentira, negación, u prueba de falta de cuidado y atención a la otra y en todo caso irresponsabilidad. No digo que sea tu caso, hablo del mío. Es bueno pensar las dos caras del asunto. Estar más presente y consciente de cómo actuamos con la otra, escucharle aún cuando parezca que lo que dice “no tiene nada que ver contigo” y respetar los límites. Entender cuando ella te está dando una oportunidad para mostrar que te importa cómo se siente y que no eres lo único que importa en la relación de amistad. La amistad entre mujeres es compleja y hace falta empatía y honestidad con una misma para reconocer donde fallamos. Eso no es muy común. Cuando nos preguntamos en qué fallamos significa que no prestamos mucha atención. Cuando alguien rompe conmigo sé por qué fue, pues sé lo que hago que puede hacer a esa persona sentirse mal, ya que me he dado tiempo de saber cómo es. Así yo decido si vale la pena disculparme y cuidar mi actuación en lo adelante o dejarla ir en paz. En mi caso, di tantas oportunidades, perdoné y justifiqué tanto que me agoté. Me parece desconsiderado que encima ella quiera, después que finalmente me liberé de ese ciclo tóxico en que se convirtió la amistad, y ya seguí adelante con mi vida, que me devuelva al drama a darle otra oportunidad de deshacerse de responsabilidad y sentirse mejor consigo misma, aún cuando eso me haría sufrir a mí. Eso demuestra que sigue no importando cómo yo me sienta, pues lo mejor que puede hacer es dejarme seguir mi camino que me hace más feliz. Hay mucho sobre este tema. Y es complicado. Gracias por tocarlo. Seguiré tu blog.

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  8. Wow y yo que pensé que era la única, incluso me he cuestionado si hay algo malo en mí para que sucediera, porque me pasó también que fuera de un momento a otro, hasta ahora extraño los momentos juntas y las pláticas, siempre necesitas una amiga con quién platicar. Pero cómo comentas es parte de la vida, sin embargo si es necesario que todos cerremos.

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