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La feminista y el ‘Guasón’: lo que nos dice esta película sobre la masculinidad tóxica

Crédito a Warner Bros. por la imagen.

El fin de semana pasado hice algo que no había hecho en mucho tiempo (o que quizás nunca había hecho): me metí a una sala de cine en horas de la mañana. Yo prefiero el cine para acabar y no para empezar el día, pero rompí esta regla implícita para verme el ‘Guasón’. Me la vi pero no lo hice por un amor profundo a las películas de superhéroes—o en este caso, de supervillanos. Lo hice porque tenía una curiosidad levemente feminista de verla, porque antes de que la película se estrenara en Colombia ya se hablaba en los medios de lo polémica que era y de la manera en la que, para muchos, glorificaba y justificaba la violencia. Y la violencia y la perpetuación de esta sí que pueden entenderse como un asunto feminista.

Me he visto el ‘Guasón’ y lo primero que quisiera compartirles, dándomelas de crítica de cine, es que la película es realmente excelente (aquí un verdadero conocedor del tema hubiera podido encontrar una manera más especial de decir “realmente excelente”). Es una película que, como la trilogía de ‘Batman: el caballero de la noche’ de Christopher Nolan, transciende al superhéroe o al supervillano y nos pinta un retrato más completo de la sociedad. Ahora, lo segundo que quisiera decirles, y es a lo que voy a dedicar esta columna, es que la película sí es una apología a la violencia y más específicamente, a la violencia del hombre blanco. Y quisiera pensar que, gracias al feminismo, sí tengo un poco más de cancha para hablar de este punto.

Sabemos que esta no es la intención de la película porque así lo han afirmado tanto Warner Bros. como Todd Phillips (el director) y Joaquin Phoenix (el actor que interpreta a Arthur Fleck, el hombre que se convierte en el Guasón). Pero algo quizás desafortunado es que no podemos controlar la manera en la que los demás interpretarán nuestras acciones. Como afirma Vox, los artistas no pueden determinar el significado final de su obra de arte; una vez esta está “allá afuera” en el mundo, cobra una vida y una identidad propia. Yo creo que esto es algo que la periodista Claudia Palacios descubrió recientemente, cuando publicó una columna sobre las migrantes venezolanas titulada ‘Paren de parir’ e hizo un enorme esfuerzo por explicarnos a todos que la pieza no era ni xenófoba ni machista y que todos la habíamos malinterpretado. A fin de cuentas, lo que vamos a recordar es la columna y la interpretación que le dimos, no la explicación que le siguió (que en mi opinión no hizo más que enfatizar esa xenofobia y ese machismo).

Volviendo a la película, Phoenix reconoce este asunto de la interpretación como una fortaleza de ‘Guasón’: “Lo que me gusta de esta película es que provoca reacciones distintas y todas son válidas.” Yo en cambio no creo que todas las reacciones que la película pueda provocar son igual de válidas. Como feminista, me preocupa enormemente que alguna persona en alguna parte del mundo encuentre en esta película una fuente de inspiración o una justificación para cometer actos violentos.

No estoy diciendo que el cine necesariamente deba darnos clases de ética. Mi preocupación no es con el cine o con el arte en general, es con esta película en particular y con el momento en particular en el que se lanza. Por ejemplo, pensemos qué son los Estados Unidos hoy en día, un país que parece estar retrocediendo en el tiempo y que, a mi modo de ver, es cada vez menos aspiracional. Me pregunto qué tan normalizada tiene que estar la violencia contra la mujer en este país para que el presidente tenga más de 22 denuncias por acoso sexual—y que esto no afecte sus posibilidades de ser presidente (y, posiblemente, de ser reelegido). Y me pregunto también cómo un congresista puede defender una ley antiaborto diciendo que la raza humana existe gracias a la violación.

Y ni hablar de las armas. Ha habido más de 2.000 tiroteos masivos en este país durante la última década y pareciera que, entre más masacres, más se aferran los señores de la Asociación Nacional del Rifle (NRA en inglés) a sus armas y a sus ridículos argumentos. No es la primera vez que toco este tema aquí, pero entiendan que como antropóloga estoy fascinada con algunos de estos argumentos: ¿pueden creer que han dicho que las cucharas pueden ser tan letales como las armas de fuego y que por eso no vale la pena prohibir las armas? ¿O que querer tener muchas armas es una intención tan inocente como querer tener muchos pares de zapatos? Aquí cabe agregar que los señores de la NRA tienen algo en común con el presidente Trump y con Steve King, el congresista que habló tan elocuentemente sobre la violación: suelen ser hombres blancos y conservadores que añoran un tiempo pasado en el que dominaban la sociedad. Sus comportamientos (tales como el apego a las armas) o la manera en la que se refieren a las mujeres o a los inmigrantes, son esfuerzos por recuperar esa posición de poder que han perdido en un mundo que es cada vez más diverso.

Insisto, por más preocupante que sea la situación actual, sé que no puedo exigirle al cine que nos salve y que sea el vocero oficial de las minorías. Pero sí puedo exigirle que de ninguna manera reitere o refuerce la posición tóxica de estos señores y este es precisamente mi problema con ‘Guasón’: que puedo ver cómo uno de estos amargados hombres blancos podría llegar a simpatizar con el desafortunado Arthur Fleck. A entender su desenfrenada violencia como la única manera de desahogarse en una sociedad en la que ya no es dominante. En otras palabras, Arthur Fleck tiene todas las de ser un tirador, uno de esos responsables por los tiroteos masivos que en años recientes han sucedido en discotecas, instituciones educativas y sitios de culto. Hay un paralelo muy macabro entre la película y estos tiroteos, y es el hecho de que, en ambos casos, la violencia se convierte en una puesta en escena. Disparar es casi un show, debe hacerse en público y debe haber una audiencia (como el espeluznante caso del tirador que transmitió, en vivo, los tiroteos a dos mezquitas en Nueva Zelanda).

Esta reflexión no es solo mía, pues varias cadenas de teatros de cine ya han tomado precauciones para evitar una tragedia, tales como prohibir el uso de disfraces para ingresar a la película. Además, según el periódico militar Star & Stripes, el FBI estuvo siguiendo una conversación en la dark web sobre un posible tiroteo en un teatro en el estado Oklahoma el 4 de octubre, el día del estreno de la película. Aun más interesante es el hecho de que Warner Bros. recibió una carta de varias familias cuyos familiares fueron asesinados en el tiroteo de Aurora, Colorado en 2012. Este tiroteo sucedió en un teatro de cine, en el estreno de ‘El caballero de la noche asciende’ y la carta dice lo siguiente: “Queremos dejar en claro que apoyamos su derecho a la libertad de expresión. Pero, como cualquiera que haya visto una película sobre cómics puede decir, un gran poder viene acompañado de una gran responsabilidad. Es por esto que estamos pidiendo a Warner Bros. que usen su poder, influencia y su plataforma para trabajar junto a nosotros en hacer que las armas de fuego sean más difíciles de conseguir.”

Mi intención no es boicotear ‘Guasón’ (recordemos que empecé esta columna hablando de lo excelente que es). Es provocar una reflexión acerca de las maneras en las que esta película podría llegar a interpretarse. Y para terminar sí quisiera dejar algo muy pero muy claro: la violencia nunca es la respuesta. Qué peligroso es pensar que Arthur Fleck no tenía más alternativa que enloquecer y matar. Si pensamos que todo aquel que haya sido maltratado por la sociedad tiene una excusa válida para volverse un asesino, entonces todas las mujeres y todas las minorías que han sido oprimidas a lo largo de la historia deberíamos serlo. Pero no, hemos preferido dejar la violencia atrás y buscar otro tipo de agencia para transformar aquella sociedad que nos maltrata.

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Juliana es una antropóloga que cada día redefine el alcance y las posibilidades de su disciplina. Hace un tiempo decidió que ser antropóloga y trabajar en consultoría no era venderle el alma al diablo, y que podía estar más interesada en el cosmos de Sagan y en la ciencia ficción que en cualquier cosmovisión indígena. En esta ocasión, ha decidido que la curiosamente nombrada “ciencia del hombre” le permite contribuir a la causa feminista como bloguera—y como una de Siete Polas. Juliana no pretende ni resolver las contradicciones del feminismo ni demostrar su vasto conocimiento sobre este tema, pues es un conocimiento incompleto y no vasto, que sigue y seguirá en construcción. No obstante, sí pretende que cada palabra que escriba sea un reclamo por todas esas experiencias indeseables y ridículas que desafortunadamente siguen siendo una realidad para ella y para muchas mujeres en Colombia y en el mundo. Siempre evitando llamar la atención, su propósito aquí es llamarla toda, y demostrar su inconformismo sin recurrir a las peleas, las diatribas o la estigmatización.

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