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No es lo mismo una mujer empoderada que una mujer feminista

No es lo mismo una mujer empoderada que una mujer feminista. Cuando hablamos de empoderamiento femenino no necesariamente estamos hablando de empoderamiento feminista y esta es la discusión que quiero poner sobre la mesa. En mis publicaciones pasadas he sido más permisiva: he sugerido que el feminismo es un movimiento imperfecto y diverso que no nos condiciona. Hoy en cambio digo que el movimiento sí condiciona. Lo hace porque un empoderamiento feminista necesariamente debe mejorar y no empeorar la situación de las mujeres y debe mitigar y no potenciar los roles tradicionales de género. Esto no es negociable y lo debemos tener muy presente, porque sí creo que hay casos de mujeres empoderadas que, más que estar alejadas del feminismo, van en dirección opuesta.  

Empecemos con un ejemplo que me parece bastante interesante, que son las voceras de la Asociación Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), la organización estadounidense que defiende el derecho a poseer armas. Estas señoras están totalmente convencidas de que las mujeres podemos alcanzar el empoderamiento a través de la posesión de armas. Dana Loesch, una mujer que para muchos es  “la nueva y temida cara” de la NRA, afirmó hace un año que la NRA empodera a las mujeres porque las permite defenderse a sí mismas y a sus familias en situaciones de peligro. Que otras iniciativas, tales como la Women’s March, no hacen más que esparcir un empoderamiento falso porque le están diciendo a las mujeres que son “demasiado estúpidas” para portar armas.

La lógica de Loesch tiene algo en común con la propuesta de la cadena perpetua para violadores de niños que está siendo discutida en nuestro Congreso y con la implementación de vagones exclusivos para mujeres en el transporte público, como sucede en Ciudad de México: ni armar a las mujeres ni encerrar a los violadores ni separar a hombres y mujeres está solucionado el problema de raíz, que es la necesidad de cambiar el comportamiento tóxico  de hombres violentos y machistas y no suponer que este comportamiento es inalterable. Pero esa es otra discusión, aquí lo que me interesa dejarles es que Loesch y compañía son ejemplos de mujeres líderes, fuertes, conocedoras y sobre todo respetadas en su campo. Lástima que su campo sean las armas, lástima que las armas sean protagonistas en la violencia doméstica y que expongan a las mujeres a más y no menos peligro. Por eso nos debería importar menos el hecho de que haya paridad de género en la NRA que el hecho de que hay mujeres convencidas de que nuestro empoderamiento está en un arma.

Otro ejemplo que quisiera mencionar es nada más y nada menos que la actriz y modelo colombiana Amparo Grisales. Su profesión no representa una amenaza directa para la situación de las mujeres, pero sí tiene algo en común con las señoras del NRA: es una mujer exitosa que ha perseguido sus sueños, que se ha apropiado de su propia historia y que seguramente es admirada por muchas. El problema aquí es que en ocasiones ha hecho todo esto a punta de comentarios machistas y de críticas al feminismo. Nunca olvidaré el festival Ideas al barrio del año pasado en el que Alejandra Borrero (actriz y promotora de la campaña Ni con el pétalo de una rosa) y Amparo Grisales participaron en una discusión sobre el movimiento #MeToo. “Yo ahora estoy defendiendo el #DerechoAlPiropo,” afirmó Grisales en un momento. “El piropo es algo lindo que te dicen. Los piropos los hemos perdido porque los hombres están intimidados, los hemos ridiculizado, los estamos amedrentando. Ahora todo es acoso.” La actriz también afirmó que ella no se incluía en el movimiento porque nunca había sido violada. Todo esto demuestra una perfecta falta no de empoderamiento (si hay algo que debemos reconocerle a Grisales es que se expresa con seguridad y sin cohibirse) sino de empatía. Y la verdad es que no tiene mucho sentido invitar a una persona machista a un debate sobre feminismo o sobre #MeToo. Cuando dijimos que el feminismo era un movimiento diverso, no nos referíamos a que íbamos a entretener y visibilizar posiciones machistas para garantizar diversidad de opinión. El machismo y el feminismo no tienen la misma validez: no vale lo mismo un movimiento que predica la inferioridad de las mujeres y que promueve la violencia de género que un movimiento que aboga por la equidad, el respeto, la libertad y los derechos de las mujeres.  

Se me ocurren otros casos de mujeres empoderadas y totalmente distantes del feminismo, pero ahora quisiera tomarme un momento para revisar la definición de “empoderamiento”. Cabe aclarar que existe más de una definición y que me fui con la que es más cercana a mi y a mis estudios, una definición propuesta en el marco de los estudios sobre desarrollo de la década de los 70s: el incremento de las propias capacidades de los sectores marginados. Estos sectores pueden ser las comunidades que fueron y siguen siendo intervenidas por los programas de desarrollo, un proceso muy violento que ya hemos discutido aquí en el blog. No obstante, estos sectores también pueden ser las mismas mujeres, ya que históricamente hemos sido marginadas física y simbólicamente. Por lo tanto cualquier mujer que desarrolle capacidades para cambiar su propia situación de marginalización es una mujer empoderada y los casos que he mencionado son prueba de esto: son mujeres con total agencia, que han luchado contra la marginación en sus campos y que se han convertido en las protagonistas de su propia historia.

Y así como hay mujeres empoderadas que son enemigas del feminismo, hay mujeres empoderadas que, aunque no son enemigas, sí son oportunistas. Se trata de funcionarias políticas o de empresarias que se apropian de un discurso feminista que no termina siendo más que un discurso. No diría que nuestra Vicepresidenta es enemiga del feminismo, pero sí considero que deja mucho que desear cuando dice que será “incluyente” pero también que las parejas del mismo sexo no deberían adoptar porque los niños necesitan un papá y una mamá y punto. Para más detalles sobre esta aproximación oportunista al feminismo los invito a leer nuestro artículo sobre el feministwashing, lo que quisiera resaltar aquí es que no basta con poner mujeres en posiciones de liderazgo: debemos procurar que sean mujeres interesadas en mejorar y no empeorar la situación de las mujeres y de otros grupos marginados. Y que sean mujeres que no hagan promesas en vano en este sentido.

Mi reflexión sobre empoderamiento tiene varias implicaciones: la primera es que más vale un hombre verdaderamente feminista que una mujer feminista a medias o machista. Logra mucho más un hombre que encamine acciones para alcanzar la equidad de género que una mujer empoderada y líder en su campo que carezca de una conciencia de género. No podemos hablar de una batalla entre los sexos en un mundo en el que hay mujeres machistas y hombres feministas (o aliados, la etiqueta no es importante aquí). Prefiero y me quedo con cualquier hombre que se oponga al porte de armas antes de entender el empoderamiento de las voceras de la NRA como un aporte a la situación de las mujeres. Me quedo con cualquier hombre que esté dispuesto a tener una discusión más productiva sobre #MeToo que Amparo Grisales y su machismo. Otra implicación es que más vale ser feminista que empoderada. Sí creo que es posible ser feminista y no ser empoderada. Puedo verlo en niñas y adolescentes que aun no se sienten preparadas para alzar su voz en nombre del feminismo pero que ya están totalmente consientes de las injusticias y los machismos que viven a diario. Puedo verlo en mi hace un años, fui feminista mucho antes de que lo anduviera diciendo. Una última implicación es que es más feminista ser una mujer empática que una mujer empoderada. Es la empatía lo que nos permitiría usar nuestro empoderamiento para mejorar no solo nuestra situación, sino la de todas las mujeres.

No le estoy pidiendo a todas las mujeres empoderadas que deben usar su empoderamiento para promover el feminismo. Pero sí les pido (y no creo que sea una petición descabellada) que su empoderamiento no se desprenda de la vulneración de otras mujeres. Que al forjar su camino, no les pongan trabas a las demás y que sean empáticas para entender la situación que atraviesan otras mujeres.

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Juliana es una antropóloga que cada día redefine el alcance y las posibilidades de su disciplina. Hace un tiempo decidió que ser antropóloga y trabajar en consultoría no era venderle el alma al diablo, y que podía estar más interesada en el cosmos de Sagan y en la ciencia ficción que en cualquier cosmovisión indígena. En esta ocasión, ha decidido que la curiosamente nombrada “ciencia del hombre” le permite contribuir a la causa feminista como bloguera—y como una de Siete Polas. Juliana no pretende ni resolver las contradicciones del feminismo ni demostrar su vasto conocimiento sobre este tema, pues es un conocimiento incompleto y no vasto, que sigue y seguirá en construcción. No obstante, sí pretende que cada palabra que escriba sea un reclamo por todas esas experiencias indeseables y ridículas que desafortunadamente siguen siendo una realidad para ella y para muchas mujeres en Colombia y en el mundo. Siempre evitando llamar la atención, su propósito aquí es llamarla toda, y demostrar su inconformismo sin recurrir a las peleas, las diatribas o la estigmatización.

1 comentario

  1. Adriana Bonfante says

    Gracias por el artículo. Yo misma he tenido muchos problemas con el “empoderamiento” y todo lo que su concepto implica, además del manoseo que se le ha dado por programas sociales de gobierno o de cooperación internacional. Una de las sospechas que me asalta en relación al empoderamiento tiene que ver con los espacios que habitamos las mujeres. Desde mi experiencia profesional pude evidenciar como mujeres que en el ámbito público eran reconocidas como lideresas y referentes para otras mujeres, pero en el ámbito privado y de la vida familiar vivían situaciones de violencia. Eso para mi fue un encontronazo con la realidad y me puso literalmente a tambalear. Ahora me voy más por el tema de las agencias y que estas no sean consideradas como un absoluto, sino como un camino de aprendizaje y lucha constante.

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