Carta a mi acosador

¿Quién dirige el mundo, si las mujeres ni si quiera pueden salir a correr?
Ilustración de @viivs_

Sí, esta es una carta dirigida a usted. Usted que se para en cualquier esquina de la calle a ver pasar a las mujeres, el mismo que va caminando y no puede evitar mirar hacia atrás después de que ha pasado una mujer. Usted que no puede evitar mirarnos con morbo cuando le llamamos la atención, usted que cosifica el cuerpo de la mujer y cree que solo servimos para satisfacer sus placeres sexuales, usted que no es capaz de respetarnos y no puede evitar decirle a muchas mujeres un “piropo” apenas las ve, usted que no puede controlar sus instintos más básicos, ¿o más bajos? Sí, le dirijo esta carta a usted, el que hace que no me sienta tranquila saliendo a la calle, el que hace que el espacio público no sea un espacio seguro para mí, usted que se convirtió en nuestra pesadilla de todos los días, en cada rincón de la ciudad, del transporte público, hasta de nuestros trabajos y conjuntos, a toda hora.

Le cuento que me estoy preparando para una carrera y eso hace que en mi entrenamiento tenga que salir casi todos los días de la semana a hacer ejercicio, bien sea a correr o a montar bicicleta, y por supuesto que lo hago con la ropa con la que cualquier mujer haría ejercicio. Como habrá visto cada vez que me observa, alguna es licrada y por consiguiente es pegada al cuerpo. Otras veces pueden ser pantalonetas, o camisetas sueltas. ¿Le parece correcto que tenga que pensar más de dos veces antes de salir de mi casa a ver si me pongo una chaqueta más suelta y larga a ver si con suerte usted no me mira o me dice algo? ¿Alguna vez ha sentido lo que es decidir qué ponerse pensando en los acosadores que hay en la calle por todas partes? ¿Ha pensado alguna vez que puede salir a la calle a correr y no volver a su casa porque lo van a violar y a matar como efectivamente les ha pasado a varias mujeres alrededor del mundo? Me imagino que no porque si lo hubiese contemplado estoy segura que no haría lo que hace. ¿Es consiente que de tener que pensar en evitar su acoso, posiblemente tenga que pasar a pensar también en salvar mi propia vida?

Y créame que, de verdad, he intentado hacer el ejercicio y ponerme en sus zapatos para responder a las preguntas: ¿Qué cree un hombre que pasará cuando pone esa mirada de perversión como si uno fuera un ajiaco santafereño o una bandeja paisa recién hechos? ¿Qué cree un hombre que pasará cuando le dicen los típicos “piropos” colombianos en la calle a una mujer? O sea, ¿de verdad esperan que uno se voltee, les sonría, los salude, les de su número y quiera verlos después? Por favor. ¿Qué ven de atractivo cuando uno está cansado, agitado, sudado, con cara de sufrimiento y solo pensando en terminar el entrenamiento?, pese a lo anterior ¿qué le hace pensar que aún estando arreglada y atractiva necesito de sus palabras para recordarlo y sentirme así?

Por más de que lo intente, créame que no encontré la respuesta a esas preguntas. No sé qué podría esperar usted que pase cuando nos acosan en la calle. Lo que sí sé es que usted es el resultado de una estructura patriarcal que ha llevado a que la sociedad normalice a la mujer como un objeto. También sé que le han metido en la cabeza conceptos de una masculinidad absolutamente tóxica, donde la idea del gran machito responde a cuántas mujeres puede conseguir y donde usted cree que tiene el derecho a poseernos y hacer lo que quiera con nosotras y nuestros cuerpos.

Ese acoso callejero que ustedes ven tan inocente porque es un simple “piropo” o una “miradita”, en realidad está enmarcardo dentro de la violencia machista. Esa que usted perpetúa, esa de la que muchos otros hombres son cómplices, esa de la que muchas veces se sienten orgullosos, esa que los hace sentir más poderosos, más “machos”. Pero es esa misma violencia la que nos mata, la que acaba con nuestros sueños, la que nos hace tener miedo a toda hora, la que nos hace creer que su acoso debería gustarnos, la que nos hace creer que valemos menos que ustedes y que siempre deberíamos estar acompañadas de un hombre que nos “proteja”. Y si su respuesta ante esto va a ser que a los hombres también los violentan y que las feministas estamos exagerando, déjeme recordarle que de acuerdo al Instituto de Medicina Legal en los últimos años se han presentado alrededor de 6.000 homicidios, 253.678 casos de violencia interpersonal, 110.098 exámenes médicos para confirmar violación y 331.486 casos de violencia intrafamiliar contra la mujer.

Desestimado acosador, quiero decirle que las mujeres nos sentimos vulnerables el 100% del tiempo en la gran mayoría de espacios por culpa de sus acciones machistas. Quiero recordarle que no queremos sus miradas en nuestra cola o en nuestros senos, no queremos sus mal llamados “piropos”, no queremos que un desconocido opine sobre cómo nos vemos o cómo nos vestimos, no queremos que nos cojan la cola o nos agarren de la cintura como si fuéramos un objeto cualquiera. No queremos que nos restrieguen su paquete. No queremos seguir conviviendo con personas como ustedes. Es simple señor: no queremos más acosadores en nuestra vida.

Pensé que no valdría la pena dedicar el espacio de una de mis columnas a escribirle a usted pero después decidí que lo iba a hacer, porque sentía que lo que he vivido nos ha pasado a todas, porque quería desahogarme pero también porque quería hacerle una invitación: cuestiónese y cambie. Hoy le digo, señor acosador, que esperaría no tener que seguir haciéndolo, pidiéndoselo, recordándoselo. Reflexione sobre lo violentas que son sus actuaciones, piense en el gran trauma que ha generado en nosotras, piense en la forma en la que sus acciones están contribuyendo a la cultura de la violación. Realmente espero que pueda cambiar y encontrar otro tipo de masculinidad. Hable con las mujeres que tiene cerca, muy seguramente ellas le darán más argumentos para hacerlo.

Nota: Si usted leyó esta carta y tiene algún hombre cercano que es acosador, lo invito a que no se quede callado. Rechacemos permanentemente y en voz alta estos actos. Reflexionemos juntos frente a lo que esto significa dentro de nuestra sociedad.

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