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Confesiones de una feminista cristiana: religión y política

Desde hace un par de meses he sentido la necesidad de volver a escribir sobre religión y feminismo. No solo por un intento de reconciliar mis pensamientos e ideales sino también porque hay muy poco material escrito sobre la intersección de estos dos. Aún menos en español.

Hoy empiezo a escribir una serie sobre religión y feminismo, en el cual trataré temas interesantes, algunos polémicos y algunos cotidianos, buscando encontrar puntos donde estos dos se puedan conciliar, y claramente mencionar otros puntos en los que no. A todos nos dijeron que ni de religión ni de política se habla en la mesa. Pues en la mesa de SietePolas son estos los temas que más nos llaman la atención: los que molestan a unos cuantos.

Me preguntarán ¿Por qué nos debe importar como feministas la unión de estos temas? Porque la religión y la política, o el Estado, tienen un punto en común: la moralidad y la ética de la sociedad. Ambos tratan de imponer una serie de normas de convivencia y comportamiento para el desarrollo de la sociedad. Ambas tratan de definir lo que está bien y lo que está mal. Por muchos años las mujeres hemos oído bastante lo que debemos y no hacer.

Pues bien, así usted sea católico o no, nos encontramos enmarcados en una sociedad que tiene gran influencia y raíces en la religión católica. Los ideales católicos han formado la imagen que tenemos de la familia, del matrimonio y de la educación, por mencionar algunas áreas. Pero esto no es algo que solo haya sucedido en Colombia o Latinoamérica.

Sin importar la religión que profese, es un hecho que la religión ha tenido gran influencia sobre los establecimientos políticos y las leyes a lo largo de la historia universal. La Iglesia Católica Romana hizo parte de las instituciones gubernamentales durante todo el Medioevo y el Renacimiento; los Estados o Reinos financiaban a la Iglesia e incluían los preceptos canónicos como leyes para sus pueblos. Por ejemplo, eran las Iglesias las encargadas de recoger los impuestos. 

En el Protestantismo encontramos una serie de Iglesias en cabezas de monarcas, como lo es la Iglesia Anglicana, que nace de la separación del Rey Enrique VIII con Roma para poder divorciarse de Catalina de Aragón y poder seguir en su posición como rey; esta separación dio lugar a la religión oficial de la corona inglesa, donde el clero está a su disposición.

sharia-law-quranEn el Islam, desde el mismo Corán sale la ley Sharia, o Ley Islámica, la cual cubre temas como los sistemas económicos, leyes de matrimonio y divorcio, y otros asuntos de la vida diaria; aún en los países donde hay una distinción entre la religión y el Estado, como es el caso de Turquía, la ley Sharia y el Corán influencian muchas de las leyes actuales.

 

Por último, el Judaísmo puede ser el ejemplo más claro de un Estado influenciado por su religión: no solo el Estado de Israel se creó luego de las presiones sionistas que ejercieron algunos miembros burgueses por recuperar Jerusalén, sino que muchas de sus leyes y políticas son en su esencia religiosas: tomen como ejemplo el hecho que el divorcio es otorgado por cortes eclesiásticas del Estado, donde es el hombre y no la mujer quien decide divorciarse bajo una orden religiosa, o por otro lado el servicio militar obligatorio debido a la guerra religiosa con Palestina. 

 

La religión siempre ha estado conectada a la política para delimitar la moral de la sociedad, entendiendo esta como el conjunto de normas y principios que se basan en la cultura y las costumbres de determinado grupo social. Siendo así, se configura como las verdades universales de comportamiento que facilitan la convivencia en la sociedad: no matarás (derecho a la vida), no robarás (derecho a la propiedad), honra a tus papás (familia), etc. En este sentido más básico, cualquier religión es la base de la sociedad.

No obstante, la mayoría de las religiones monoteístas se han institucionalizado y esto ha permitido que intereses de unos pocos se impongan a la mayoría como moral. Partiendo en la Iglesia Católica podemos ver la Inquisición, las Cruzadas, y los Indultos, que partieron de un dogma religioso para imponer las creencias en todo una sociedad, y en su trasfondo tenían un interés económico y político. De este tipo de acciones es que parte la mala fama de las religiones.

Los sistemas laicos empezaron a aparecer con las ideas del estado democrático. Había una necesidad de separar las creencias de lo humano, para poder contemplar una igualdad de todos los ciudadanos y sus libertades. En Colombia a partir de la Constitución Política de 1991 el Estado se considera laico, donde jurisprudencialmente no debe haber una injerencia particular de una religión sobre el establecimiento de derechos para los ciudadanos. Muchas de las interpretaciones constitucionales se han venido modificando, por ejemplo la noción de ‘Moral Cristiana’ establecida por la Ley 153 de 1887 fue modificada por la Sentencia C-224 de 1994, para desentenderse de la concepción religiosa y entenderse como la ‘moral general’ o ‘moral de la sociedad’. Los derechos de las minorías se empiezan a reconocer bajo el Art. 13 de la Constitución, y múltiples sentencias han buscado eliminar las barreras materiales a la aplicación de estos derechos. Con la institución de un Estado laico, muchas decisiones dejaron de ser religiosas o políticas para convertirse en decisiones personales.

Sin embargo, aún hoy en día vemos cómo políticos y grupos de derecha siguen haciendo injerencia por la inclusión de dogmas religiosos en las leyes. Algunos de los temas a los cuales se ha hecho lobby mas recientemente han sido el uso de drogas, los derechos de las comunidades LGTBI+ y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Este lobby se ve en las intervenciones de los senadores, en las intervenciones de las instituciones con el Estado, en la falta de presupuesto. Como menciona Sandra Mazo, Directora de la organización Católicas por el derecho a decidir, “En la configuración de partidos políticos, por lo general los partidos conservadores juegan el papel del brazo derecho de la iglesia católica […] Si hemos visto un actor político con un trabajo de injerencia en las políticas públicas en contra de los derechos de las mujeres, ese ha sido la iglesia”.

Si bien las creencias religiosas crean la base para determinar cómo una persona cree que se debe configurar la sociedad, el Estado y la Religión juegan dos papeles diferentes. El fin de Estado es dotar de derechos y obligaciones a sus ciudadanos, cuidar la soberanía nacional y velar por la prosperidad económica, política, administrativa y cultural de la Nación (Art. 2, CP 91). La Religión, por su lado, tiene la finalidad de reconectar a las personas con Dios, de acuerdo a unos estándares de comportamiento y creencias que llevan a su adoración. Aún cuando la mayoría de las religiones tiene en sus preceptos la evangelización, la relación con Dios es un proceso personal que se da a través de la comunión en lo íntimo, y hay estructuras que favorecen los espacios de comunión (iglesias, mezquitas, templos, etc.).

Algunos de los temas donde la discusión se torna más polémica es sobre la composición de la familia, el derecho al aborto y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Actualmente, veo corriendo en mis redes sociales corriendo dos campañas simultáneas: 40 días por la vida y #TodasLasFamiliasSonFamilia, ambas con un propósito definido por grupos opuestos. A pesar de tratarse de temas diferentes, aborto y familia respectivamente, ambas me hacen cuestionar la participación política de la religión.

Indiscutiblemente mi vida se lleva con dos sombreros, que a veces me logro poner al tiempo y otras veces no. Con mi sombrero feminista creo firmemente en la separación del Estado y la Religión, donde el Estado debe ser el garante de derechos para TODOS sus ciudadanos. Con mi sombrero cristiano también creo que la vida empieza en la concepción y entiendo por qué se defienden los derechos de los no nacidos ¿Por cuál de los dos me voy?

He entendido que la religión y la política no se van a separar. La religión hace parte de nuestra sociedad y como tal estará representada en el gobierno y en las leyes. Cada grupo social merece una representación, una voz y un voto. Un candidato debe poder tener la libertad de manifestar sus convicciones religiosas y políticas a los votantes, pero también debe ser consciente que hay un punto donde el énfasis religioso se vuelve inapropiado e inclusive perturbador en el gobierno. En una democracia como la nuestra, cada persona debe ser juzgada basándose en sus acciones y habilidades, más allá de sus creencias. Los grupos religiosos tampoco se deberían aprovechar de su poder para fines propios, pues estarían ratificando la corrupción de la institución.

No estoy diciendo que la religión es la que debe imponer los derechos y moralidad de la sociedad. Al contrario, mis creencias son algo personal y si estas me indican que las debo compartir con otros no puedo esperar que lo institucional haga mi “deber” personal. Pero tampoco puedo negar que estas existen. El Estado definitivamente se debe concentrar en asegurar la prosperidad de sus ciudadanos y por tanto, los derechos de las personas en cuanto van evolucionando las sociedades y sus necesidades cambian.

Afortunadamente vivimos en un Estado de derecho donde se encuentra la libertad de culto y el desarrollo de la personalidad al mismo nivel. A todos se nos garantiza la libertad de conciencia, de cultos y de expresión. En ese sentido, el matrimonio civil y el aborto son decisiones personales que se deben basar en creencias propias. El aborto debe ser un derecho para las mujeres así como debe existir el matrimonio civil para la comunidad LGTBI+. El Estado no tiene bases para prohibirlos o convertirlos en delito. La existencia de derechos para una población no coarta los derechos de los otros.

La religión y la política se han influenciado durante siglos, creando moral y leyes que dictaminan cómo funciona la sociedad. La religión como institución se ha dado para el privilegio de ciertos grupos sociales sobre otros. Por tanto, la religión no se debe imponer como moral general a la sociedad. No obstante, sí debe estar representada en la participación política al hacer parte de la sociedad misma. 

 

“Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios”. Mt. 22:21

 

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Soy una mujer en construcción. Estoy en constante búsqueda de lo que significa lo justo y lo bueno. Tengo mis principios bien claros, aunque equivocadamente algunos piensen que son contrarios al feminismo: familiar, tranquila, dulce, creyente ferviente en Dios (que no es lo mismo que ser religiosa). Al mismo tiempo empoderada, dueña de mi vida, fuerte y decidida. Vulnerable, sensible y lejos de ser perfecta. Creo que estos últimos son los más importantes, porque me han hecho lo que soy: una mujer con dualidades que se esfuerza por hacer siempre lo mejor. Por encima de todo soy una mujer feliz. Soy administradora de profesión, que con todo el éxito profesional decidí emprender un camino de autoconocimiento que me hizo cuestionar qué es el éxito y qué significa ser una mujer en la sociedad y en el mundo corporativo. Soy feminista porque creo que ser mujer es realmente empoderador, porque estoy convencida de que las mujeres tenemos la oportunidad y la responsabilidad de transformar la sociedad.

4 Comments

  1. Jesica says

    Gracias por este escrito y por tomarte el trabajo de fundamentar tu posicionamiento. Según mi criterio es difícil encontrar fundamentos claros que acompañen una determinada postura o ideología y no sean simples opiniones personales. Agradecida por eso y animada a seguir reflexionando con fundamentos sobre estas cuestiones.

    Jesica
    Buenos Aires, Argentina

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  2. olgabohorquezd says

    Me Encantó! Sería importante enfatizar también qué además la religión ha sido usada históricamente como medio de control político y social. Materializar las creencias sobre la moral en decisiones políticas es parte de mantener el statu quo que ejerce cierto grupo dominante. En el caso colombiano la derecha cristiana que ha gobernando el país. Que gran tema Dani.

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  3. Paula Juliana says

    Gracias Daniela! Es verdad que no existe mucho material sobre el feminismo y la religión y para mi, es un esfuerzo diario el deconstruirme y reconstruirme no sólo en el camino del feminismo sino sino además como católica y da mucho ánimo ver que otras están en el mismo camino.

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