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No todo lo que brilla es feminismo

DovePareciera que todo lo que se llame feminismo está hecho de oro. Cada vez que una influenciadora o una marca sube un mensaje, foto o video con algún tono de equidad de género, éste se llena automáticamente de likes, comentarios y re-publicaciones. Nos estamos haciendo la ilusión de que nuestro discurso está llegando a todo el mundo y calando aceptación, lo cual eventualmente nos debería llevar a buenos resultados.

La semana pasada hablamos sobre el feminismo pop. Sintura nos propuso que el feminismo pop no existe como categoría cerrada, y de hecho, no está en contradicción con un feminismo tradicional y académico: “Esas prácticas “en tendencia” (hablar de reggaeton y feminismo, hablar de moda y maquillaje, tomarse fotos sexys para hablar de amor propio, dominar las calles de Cartagena en espectaculares y aborteros vestidos verdes) nunca se quedan solo en la superficie”.

GirlBossSin embargo, algunos pudieron entender que estamos aceptando que todo lo que predique ser feminista debería ser considerado como tal. Pero no todo lo que se hace llamar feminismo realmente lo es. Si bien consideramos que el feminismo pop es válido y crea activismo, sí hay personas que han tomado el discurso – o fragmentos de este – para llamarse feministas, apelando a una base de consumidores con un nuevo mensaje de oro para llenarse los bolsillos. No todos los que se hacen llamar feministas realmente lo son.

Lo que ha permitido el feminismo pop es meterse en todos los rincones del planeta, planteando conversaciones y autorreflexiones sobre el patriarcado, los privilegios, las desigualdades de género, y qué acciones se pueden tomar, sobre todo nivel personal e individual, para remediar estas problemáticas. Con esto creemos que el feminismo es un proceso de reflexión continuo y de crecimiento personal. En este proceso de deconstrucción, es normal vivir y expresar inconsistencias entre las palabras – el discurso feminista – y las acciones y decisiones. Muy diferente actúan las empresas que apropian el discurso feminista con el único fin de lucrarse, pues no caben dentro de esta contradicción.

Al mismo tiempo que hablamos de la reivindicación del feminismo pop, conocimos sobre el ‘Telar de las Mujeres’ ó ‘Telares de la Abundancia’ – un proyecto de economía alternativa que ayuda a que mujeres cumplan sus sueños. Invita a crear un grupo o “mandala” que se encarga de premiar a una mujer con los recursos económicos y emocionales para cumplir sus sueños. Lo que a simple vista parece un proyecto de sororidad es realmente una pirámide. El Telar se presenta como una oportunidad de superar las barreras económicas y relacionales impuestas por un sistema machista que ignora el valor de los actos de confianza y cuidado femeninos. Esto ha hecho que este sistema equivocadamente se asocie con planteamientos de economía feminista.

Los telares no son el único ejemplo de  una empresa u organización que toma un concepto del feminismo, lo estampa en su construcción de marca o en sus productos y lo vende como estar comprometida con la equidad de género. Lo vemos también en las empresas de ropa que venden camisetas con frases feministas, pero no tienen buenas políticas laborales para sus trabajadoras o una verdadera comprensión sobre la diversidad corporal. Lo vemos en empresas que se jactan de tener políticas con enfoque de género, pero tienen manuales de cómo deberían vestirse sus empleadas para no ser una distracción.

Las empresas no se pueden llamar feministas. No pueden llamarse feministas porque el feminismo necesita de continuos procesos de introspección para cuestionar las prácticas diarias y tomar acción frente a asuntos particulares. Estos procesos de conciencia son solo atribuibles a los sujetos de moral. Un sujeto de moral es quien puede actuar, tomar decisiones y tomar responsabilidad de estas. Las empresas por sí mismas no lo pueden hacer, necesitan de personas que las operen para poder desarrollarse. Por tanto, no son sujetos de moral y no actúan conforme a ella.

Las empresas no son feministas

Muchos dirán que las empresas sí deben actuar conforme a estándares éticos o morales. La profesora Lynn S. Paine de la escuela de negocios de Harvard argumenta que las empresas no pueden ser amorales o separarse de la sociedad. 

Pero reconoce que la ética en las empresas es reconocida para cumplir con las leyes de prácticas éticas y evitar pérdidas millonarias de dinero que sus sanciones puedan ocasionar. Inclusive, en ocasiones los comportamientos poco éticos pueden tener recompensas financieras. El principio básico de cualquier empresa es generar más ganancias con menos recursos (lo cual genera incentivos perversos), y en esto las mujeres perdemos. Las noción de oferta y demanda y la sociedad de consumo siempre pondrán una carga indebida en las mujeres. Por ejemplo, hoy en día el 80% de la mano de obra en la industria textil está conformada por mujeres entre los 18 y 35 años, que en un sistema machista se considera poco tecnificada y poco valiosa, por lo que generalmente estas mujeres reciben sueldos precarios. De las condiciones laborales en la industria textil surgen varias dudas éticas – como si realmente están mejorando la calidad de vida de las personas – pero son prácticas que se han perpetuado pues son rentables para las empresas.

Las empresas, además, están constituidas por estructuras patriarcales que no son fáciles de destruir o cambiar. Estas estructuras desfavorecen a las mujeres. Solo por poner un ejemplo, las empresas tienen estructuras rígidas, usualmente jerárquicas, donde se favorecen los comportamientos asociados con la masculinidad hegemónica, lo cual impide una cultura empresarial verdaderamente equitativa.

Inclusive, hay corrientes del feminismo que consideran que este y el capitalismo no son compatibles. En Estados Unidos en los años 60’s, los grupos sociales empezaron a levantar sus voces en contra del capitalismo pues naturaliza el materialismo, el consumismo, la ética del logro, la burocracia, la cultura corporativa, el control social, la represión sexual, el sexismo, y la heteronormatividad. La segunda ola del feminismo no se quedó atrás. Siendo así, esta ola creía que se debía reformular completamente los sistemas económicos y sociales si realmente se quería llegar a una igualdad. Si el feminismo y el capitalismo son o no compatibles lo dejaremos para próximas columnas.

¿Y qué hay de las marcas?

arquetipos-personalidad-de-marca

Tomado de: 38consumer.com

Por otro lado, hay quienes argumentan que las marcas son las que pueden ser feministas. Desde hace un par de décadas a las marcas se les atribuye una personalidad o un arqeutipo: un conjunto de características humanas. La personalidad de la marca es algo con lo que los consumidores se pueden relacionar y ayuda a perfilar el mercado. Una marca aumenta su valor siempre que esta personalidad – y su apoyo – pueda mantenerse en el tiempo.

Dove es un claro ejemplo de cómo una marca se posiciona con un mensaje de ‘body positivity’ o de una imagen propia positiva con #MiBellezaMiDecisión. Pantene quiere desmitificar las asociaciones que se les hace a las mujeres y los hombres en el trabajo, con su campaña #WhipIt. La marca de toallas higiénicas Always nos hizo cuestionarnos qué significa la expresión #ComoNiña. Gillette sacó un comercial este año hablando sobre las masculinidades tóxicas, haciendo un llamado a su reconocimiento y convertirse en #ElMejorHombreQuePodríaSer.

Cono Niña

Pero nuevamente las marcas tampoco son feministas porque tampoco son sujetos de moral. No pueden tomar decisiones propias y siempre hay personas detrás. Pero las marcas sí fueron creadas para monetizar y diferenciar los productos de la competencia.

La apropiación del discurso feminista por parte de las empresas y marcas es muy peligrosa, puesto que sí deja un montón de vacíos e inconsistencias en el discurso sin que se generen las discusiones pertinentes a su alrededor. Por ejemplo, retomando el caso de los telares, sus participantes apelan a la sororidad entre las mujeres. Una sororidad de apoyo incondicional entre mujeres que los hombres, supuestamente, no van a entender. Pero esta no es la sororidad de la que habla el feminismo. La sororidad feminista no significa que todas las mujeres nos deban caer bien ni significa un compromiso de apoyo indiscriminado entre mujeres. Como explica Amelia Valcárcel, filósofa y feminista española, se trata de no juzgarnos entre nosotras, de alianzas políticas, de reformular una cultura común desde la paridad – no hay mujeres buenas ni malas -, y de mejorar lo colectivo desde lo individual. Si en los telares solo una es la que se está llevando su “regalito”, no hay paridad en las relaciones y no se está mejorando el bien común de todas las mujeres – no hay sororidad cuando una mujer gana a costa de los sueños de otras 14 mujeres. Estas empresas se están lucrando en nombre del feminismo y a punta de un engaño que tergiversa el discurso feminista. Ésto, eventualmente, lo tendremos que pagar las feministas.

¿Y ahora qué vamos a hacer?

No considero a las empresas como las malas del paseo. Después de todo, estudié administración de empresas y me dedico a hacer marketing digital. Si bien creo que las empresas y marcas no son feministas, estas sí pueden tener liderazgos y políticas o prácticas feministas que son vitales en el desarrollo del feminismo. Esto es a lo que debemos apuntar, trabajar y reconocer.

Debemos reconocer que las marcas y las empresas tienen poder para transmitir un mensaje feminista/equidad de género – aún cuando su fin sea lucrarse de éste – que puede ser más potente que nuestras voces individuales. No por esto debemos dejar de consumidores críticos y mirar con lupa los mensajes que están transmitiendo antes de decidir apoyarlos. Como colectivos, hacer análisis y críticas para dejar en evidencia lo que NO es feminista.

¿Qué es ser un consumidor crítico? No comernos el cuento entero pensando que las marcas y las empresas quieren lo mejor para nosotros. Es cuestionar los mensajes y productos, considerar el proceso que sucedió para el que producto o servicio llegara a mis manos. Algunas preguntas que nos podemos hacer:

Para las marcas: ¿el producto o servicio que me venden es real? ¿El precio es justo? ¿Es una campaña individual o se está desarrollando como parte de su personalidad? ¿Qué mensajes transmiten los productos de otras marcas de la misma compañía? ¿Me están vendiendo un producto o un ideal? ¿El producto me permite llegar al ideal que me están vendiendo? ¿Cómo se fabricó mi producto?

Las empresas nunca serán feministas. Zara no es más feminista por vender camisetas con mensajes de empoderamiento femenino. Argos no es más feminista por la inclusión de mujeres en roles tradicionalmente masculinos. Mucho menos los ‘Telares’ que bajo el discurso de la sororidad feminista están captando recursos económicos sin poder tener retorno. Nadie puede tomar las estructuras corporativas, adornarlas con flores y reclamar que ahora la empresa es feminista. Sin embargo, las empresas pueden tomar sus prácticas de equidad de género para trabajar internamente en eliminar las estructuras patriarcales que componen las empresas. Rescato que algunos emprendimientos/compañías pequeñas gozan de ciertos privilegios que facilitan la individualidad.

Para las empresas: ¿reconocen que hay problemas de inequidad de género dentro de la organización? ¿Tienen implementadas alguna política para trabajar equidad de género? ¿Las políticas apelan realmente a la inequidad de género o perpetúan los roles de género? ¿Hay mujeres en los equipos de liderazgo?

 

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Soy una mujer en construcción. Estoy en constante búsqueda de lo que significa lo justo y lo bueno. Tengo mis principios bien claros, aunque equivocadamente algunos piensen que son contrarios al feminismo: familiar, tranquila, dulce, creyente ferviente en Dios (que no es lo mismo que ser religiosa). Al mismo tiempo empoderada, dueña de mi vida, fuerte y decidida. Vulnerable, sensible y lejos de ser perfecta. Creo que estos últimos son los más importantes, porque me han hecho lo que soy: una mujer con dualidades que se esfuerza por hacer siempre lo mejor. Por encima de todo soy una mujer feliz. Soy administradora de profesión, que con todo el éxito profesional decidí emprender un camino de autoconocimiento que me hizo cuestionar qué es el éxito y qué significa ser una mujer en la sociedad y en el mundo corporativo. Soy feminista porque creo que ser mujer es realmente empoderador, porque estoy convencida de que las mujeres tenemos la oportunidad y la responsabilidad de transformar la sociedad.

2 Comments

  1. carlos says

    Las compañías en su afán de lucro, se han apropiado, utilizado y explotado, todo lo que en su momento genere rentabilidad o que llame la atención de sus clientes, no solo es el caso del feminismo, ni tampoco es algo nuevo, ya lo han hecho con el ecologismo, el nacionalismo e incluso, con modelos políticos que están diametralmente opuestos a la idea capitalista o comercial, el mejor ejemplo de esto es la imagen del Che Guevara.

    Lo importante es desarrollar la capacidad de filtro, lo suficientemente agudo para determinar cuando las empresas solo explotan una idea para el lucro y cuando realmente quieren aportar algo al cambio.

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    • Daniela says

      ¡Así es Carlos! Es importante construir y revisar esos filtros de manera periódica, siempre hay espacio para el cambio y la mejor. Gracias por tomarte el tiempo en leernos y dejarnos tus comentarios.

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