Claroscura

Por: Laura Gutiérez-Gómez

Me perdonarán las melómanas, pero yo de música sé poco. Más que una reseña musical, con este escrito quiero celebrar y analizar los temas feministas que se abordan en el nuevo trabajo de Aterciopelados. Los invito a escuchar todo el álbum, que está espectacular, y a que se gocen ese balance de luces y sombras que Claroscura —como la vida misma— nos ofrece.

Empecemos con el tema ‘Cuerpo’, el segundo track. Esta canción tiene una luz que surge, como dice el himno nacional, ‘en surcos de dolores’. ¿Para qué me sirve mi cuerpo? es la primera frase, y de ahí en adelante se dispone a resaltar algunos de los usos dañinos que le damos las mujeres a nuestros cuerpos, siempre poniéndolos en contraste con usos alternativos que nos conectan con los placeres más humanos y naturales de la existencia. Esas contraposiciones son fáciles de digerir:

“¿Para qué me sirve mi cuerpo? ¿Para salir en bikini y que todos me admiren? ¿O pa’ sentir la brisa sin ninguna prisa?”.

¡Para sentir la brisa! grito yo, empoderada. Pero, entonces, ¿por qué esta canción duele? Porque también me identifico con todos los usos violentos que le damos a nuestros cuerpos. Porque yo me he negado el placer simple de sentir la brisa sin ninguna prisa, por andar “compar[ándome] con la diva del momento”; porque ando preocupada por “policharme para los otros”; porque me cuesta sacarme de la cabeza que mi valor como persona no depende de cómo luzca mi cuerpo. Y yo canto ‘Cuerpo’ feliz, con ganas, como invocando un poder que me permita deshacerme de años de educación tóxica acerca de mi cuerpo. Pero también la canto triste, porque me doy cuenta de que un mensaje tan sencillo y obvio —quiere tu cuerpo—es muy difícil de aplicar en nuestras vidas. Y Andrea lo sabe, por eso el track 10 se llama ‘Piernas’ y una vez más, como profesora dedicada que repite la lección, nos hace cantar “aunque tenga celulitis, yo amo mis piernas, —con ellas me muevo, bailo y voy de paseo”. Durante toda la canción sigue contando, parte por parte, por qué ama su barriga, sus tetas, su culo (todas partes del cuerpo femenino que la sociedad con ahínco se dedica a sexualizar). Con todo el amor del mundo, nos canta la lección más básica de humanidad: “yo me amo de cuerpo entero”.

Son sencillas las lecciones de ‘Cuerpo’ y ‘Piernas’, pero el mensaje no nos cala. En 1998 los Aterciopelados ya cantaban que “el cuerpo es solo un estuche”, pero acá estamos, 20 años después, y aún no logramos reconciliarnos como sociedad con el cuerpo de la mujer. Que por qué están gordas; que por qué están flacas; que por qué son tan perras; que por qué no lo sueltan; que por qué se ponen esa ropa si no quieren que las violen; que por qué se maquillan tanto; que por qué no se maquillan; que por qué no tienen hijos; que por qué tienen hijos sin casarse. No hay cómo terminar esta lista pero, para darles el resumen: todo lo que tenga que ver con el cuerpo de la mujer es terreno fértil para la crítica destructiva. Y así si es muy jodido. Querer el cuerpo propio, el más básico de todos los mensajes, se convierte entonces en una aspiración inalcanzable porque desde chiquitas nos han enseñado que nuestros cuerpos son defectuosos e imperfectos. Es así como, tristemente, el mensaje que cantaban en 1998 sigue vigente porque nuestros cuerpos aún se comodifican, se cosifican, se critican, se vigilan.

Ahora pasemos a otras canciones, ‘Tumbao’ (track 5), ‘Vieja’ (11) y ‘Show’ (12). Estas canciones tienen un mensaje valioso, porque retratan expresiones de feminidad no tradicionales. Es fácil decir ‘querámonos como somos’, en términos generales, pero lo que es difícil es amarnos cuando nos damos cuenta de que no somos la ‘mujer perfecta’. ‘Tumbao’ empieza diciendo “aunque no sea la que más bonito canta, no me voy a callar”, y eso, mis amigas, es algo que me encantaría aplicar en mi vida. ¿Cuántas de nosotras nos hemos callado porque no nos sentimos lo suficientemente lindas, inteligentes, talentosas? ‘Tumbao’ nos da buenas pistas: “ni que todo tuviera que ser fuera de serie, impecables, maquillados, todos guapos y afinados”. Se celebra lo auténtico, lo que está sin polichar, y nos deja con la tranquilidad de saber que no tenemos que ser perfectas. En un mundo que nos exige cuerpos, almas y actitudes impecables, ‘Tumbao’ es pura resistencia.

En el track 11, los Aterciopelados nos lanzan un tema durísimo, ‘Vieja’. Esta canción irradia una mezcla de rabia y desasosiego pero, sobre todo, se siente una profunda honestidad. Envejecer con tranquilidad es algo que no se nos permite a las mujeres. Tanto botox, tanta cirugía, tanto ocultar la edad no nos deja hacer las paces con el envejecimiento de nuestro cuerpo. Y no es que a uno tenga que gustarle hacerse viejo, más faltaba, pero sí deberíamos poder hacer un duelo personal, encaminado a aceptar nuestro cuerpo, incluso en su vejez. Y eso hace Andrea: con rabia y tristeza comienza un duelo en el que recuerda todo lo hermoso que le ha dado su cuerpo y reconoce los cambios que le empiezan a llegar. Qué valentía la de ella. Y qué sociedad tan atrevida, que no nos deja ni siquiera envejecer en paz.

La canción ‘Show’ es importante porque habla de un tema que para las mujeres tiene una connotación tremendamente negativa: la borrachera. Nos han enseñado que una mujer borracha es  una desgracia, una vergüenza. Y, claro, a pocos les va bien cuando se pasan de tragos, pero en esta canción cuando ella se emborracha lo que pasa es que se vuelve un show y al otro día se despierta enguayabada. Y ya. No pasa nada más¡Así debería ser! Las mujeres deberíamos poder emborracharnos sin que eso implique el riesgo de que nos violen, nos peguen, nos maten. Nuestra vulnerabilidad no es una invitación para que nos violenten.

Por último, quiero hablar de ‘Ay Ombe’ (con Jorge Celedón). Esta es mi canción favorita de todo el álbum y habla de la violencia que tantas mujeres viven en sus propias casas, a manos de  de quienes dicen amarlas. La mujer de la canción no solo decide no quedarse con ese hombre violento, sino que además le dice “en la fiscalía te voy a denunciar, por animal, por atarbán”. Y ese es otro mensaje supremamente poderoso, porque a nosotras nos han enseñado que debemos ser misericordiosas y tener paciencia con los machos que nos maltratan, porque un hombre arrepentido merece que lo perdonen. Y no. Ya llegó la hora de que se normalice un discurso en el que las mujeres nos queremos a nosotras mismas y nos respetamos lo suficiente como para decir ¡No más! “Aquí me abro del parche—bien frito que está este man!”. ‘Ay Ombe’ es un himno a la dignidad de la mujer y una discusión necesaria de la violencia intrafamiliar.

En conclusión, el Claroscura de Andrea y Héctor está lleno de mensajes feministas que nos invitan a amarnos, incluso si la sociedad se empeña en humillar nuestros cuerpos e identidades. Y qué bueno es cuando los artistas contribuyen con su trabajo a la diseminación de estos mensajes en la cultura popular. En una sociedad tan reacia a reconocer la necesidad de las luchas feministas, Claroscura (como dice el track 8, ‘Despierta Mujer’) nos recuerda que a las mujeres nos llegó la hora: “hora de crecer y de florecer, tu templo y tu piel vas a atesorar”.

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